Domingo 8 Noviembre 2026
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Costa Rica: Colegio de Ciencias Económicas alerta estancamiento y riesgo de contracción en el sector agropecuario

Un crecimiento promedio de solo 1,01 % entre enero de 2024 y agosto de 2026, frente al 4,39 % de la producción nacional, confirma que el sector agropecuario costarricense avanza muy por detrás del resto de la economía, según un análisis del Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica divulgado este 7 de noviembre en San José. El estudio advierte además alza de costos, pérdida de empleo rural y una contracción proyectada de 0,7 % para 2027.

Productores agropecuarios costarricenses trabajan en condiciones de bajo crecimiento y mayores costos.
El análisis del Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica revela que el sector agropecuario mantiene un crecimiento muy por debajo del promedio nacional y enfrenta mayores costos y riesgos climáticos, lo que impacta a miles de familias rurales en cantones como Matina. (Foto: El Mundo.CR)
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El agro crece menos, produce menos empleo y asume más costos

De acuerdo con el Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica, todos los subsectores analizados muestran un desempeño inferior al promedio nacional. El agro orientado al mercado interno apenas avanzó 0,47 %, el segmento exportador 1,20 % y el pecuario 2,39 % en el mismo periodo, lo que refleja una pérdida de dinamismo en una actividad clave para el empleo y el desarrollo rural. Paralelamente, los costos de producción agropecuaria aumentaron 5,34 % en los últimos 24 meses a agosto de 2026, impulsados por un incremento de 16,73 % en fertilizantes químicos, según datos del Sistema de Información del Sector Agropecuario Costarricense. Esa combinación de bajo crecimiento y costos al alza se da, además, en un escenario de baja inflación e incluso reducción de precios en varios alimentos, lo que limita la capacidad de los productores para trasladar el encarecimiento de los insumos y comprime sus márgenes de rentabilidad.

Golpe al empleo rural y vulnerabilidad ante el clima y los mercados

El deterioro del sector ya se siente en el mercado laboral. Entre enero de 2024 y agosto de 2026 se perdieron 13 444 empleos agropecuarios, mientras el empleo nacional aumentó en 25 346 puestos, lo que evidencia una evolución claramente menos favorable para el agro. El Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica destaca el impacto en comunidades donde la actividad primaria sigue siendo el principal sostén de los hogares: en Matina, en la provincia de Limón, 64 de cada 100 personas trabajan en el sector agropecuario. Para el economista Luis Vargas Montoya, “no podemos perder de vista que el agro sigue siendo la principal fuente de sustento de cientos de miles de hogares de muchas comunidades rurales” y que persiste el reto de diseñar políticas productivas y de empleo dirigidas específicamente a esta actividad estratégica para el empleo, la producción y la seguridad alimentaria.

Riesgos para 2027: El Niño, fertilizantes y seguridad alimentaria

Las proyecciones que recoge el análisis apuntan a un escenario todavía más complejo. El Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica advierte sobre la posible afectación de fenómenos climáticos como El Niño, capaces de reducir rendimientos, provocar pérdidas de cosechas y encarecer las operaciones. A ello se suma la incertidumbre sobre los precios internacionales de productos agropecuarios y de fertilizantes, variables que los productores nacionales difícilmente pueden influir. De acuerdo con el Banco Central de Costa Rica, la actividad agropecuaria podría contraerse un 0,7 % en 2027, reflejando la creciente vulnerabilidad productiva y comercial del sector. Para Vargas Montoya, “fortalecer la productividad, promover la innovación tecnológica, mejorar la gestión del riesgo climático y desarrollar mecanismos que reduzcan la vulnerabilidad ante la volatilidad externa será fundamental para evitar un mayor deterioro del sector en los próximos años y sus consecuencias sobre el bienestar de miles de personas”. El estudio subraya que reforzar la competitividad y la resiliencia del agro no solo es una cuestión económica, sino una condición básica para garantizar el abastecimiento de alimentos y el bienestar de las comunidades rurales de Costa Rica.