Desde horas tempranas, promesantes ataviados con trajes típicos, montados a caballo o cargando la imagen sobre sus hombros, acompañaron con entusiasmo el inicio de la procesión. La peregrinación avanza entre danzas, explosiones de pólvora y fervientes expresiones de fe, recorriendo varios kilómetros hasta llegar a la Iglesia de Santo Domingo en Managua.
Las calles lucen abarrotadas de fieles y curiosos, mientras las autoridades municipales y policiales han desplegado un plan especial para garantizar la seguridad del evento. Como ya es tradición, numerosos devotos cumplen promesas y penitencias: algunos caminan descalzos, otros bailan durante todo el recorrido, en agradecimiento por los favores recibidos.
La festividad se extenderá durante varios días con una amplia agenda de actividades religiosas, culturales y populares, reafirmando el profundo arraigo y vigencia de esta celebración, que es parte fundamental del patrimonio espiritual y cultural de Nicaragua.








