Este martes por la mañana, sus restos fueron sepultados en el cementerio de Juigalpa, tras una misa de cuerpo presente en la parroquia San Martín de Porres, donde familiares, amigos y conocidos se reunieron para darle el último adiós. Báez deja en la orfandad a dos hijos: un niño de nueve años y una niña de cuatro, quienes ahora enfrentan una dolorosa pérdida.
Yubielka había emigrado a Costa Rica en busca de mejores oportunidades, donde trabajaba en un spa local. A pesar de los esfuerzos de las autoridades costarricenses, hasta el momento no se ha detenido a ningún sospechoso relacionado con su asesinato, lo que ha generado incertidumbre y preocupación entre sus allegados.
El crimen de Báez pone de relieve la vulnerabilidad de muchas nicaragüenses que buscan un mejor futuro en el extranjero, enfrentándose a riesgos y situaciones difíciles. Las autoridades continúan investigando el caso, mientras sus seres queridos claman por justicia y el esclarecimiento de los hechos.
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