Una obra nueva con una falla básica de diseño
Las imágenes divulgadas muestran cómo el agua se cuela por el perímetro abierto de la estructura y se acumula sobre el piso de la zona de espera. Aunque el espacio tiene cubierta superior, la protección resulta insuficiente frente a la lluvia que ingresa lateralmente y termina mojando el área destinada al encuentro entre quienes aterrizan en el país y quienes acuden a recibirlos. En un aeropuerto ubicado en un país con clima tropical y precipitaciones frecuentes e intensas, la incapacidad de resguardar a los usuarios frente al agua evidencia una deficiencia funcional difícil de justificar.
Primer contacto con el país bajo agua y riesgo de resbalones
El área de llegadas del Aeropuerto Juan Santamaría es uno de los primeros puntos de contacto de muchas personas con Costa Rica. En ese entorno ocurren reencuentros familiares, inician servicios de transporte y se concreta el primer acercamiento de turistas con agencias y operadores. Que el espacio se encharque cuando llueve no solo provoca incomodidad, sino que aumenta el riesgo de resbalones y caídas, especialmente para personas mayores, viajeros con movilidad reducida y quienes manipulan equipaje. Lejos de ofrecer una bienvenida ordenada y segura, la nueva infraestructura proyecta una imagen descuidada, que contrasta con el papel del Aeropuerto Juan Santamaría como principal puerta de entrada internacional del país.
Diseño arquitectónico en deuda con la realidad climática
Costa Rica tiene un clima tropical en el que la lluvia no es un evento excepcional, sino una condición recurrente durante buena parte del año. Por ello, prever el ingreso de agua lateral debería ser un criterio elemental en cualquier proyecto arquitectónico de uso público. En este caso, disponer únicamente de un techo, sin barreras o soluciones efectivas contra el viento y la lluvia que entra por los costados, se traduce en un espacio que no cumple su propósito básico: brindar resguardo mientras se espera la salida de los pasajeros. La situación lleva a preguntarse si, durante el diseño y la ejecución de la obra, se consideraron con rigor las lluvias tropicales propias de la región o si se priorizó la apariencia moderna por encima de la funcionalidad cotidiana.
Responsabilidades pendientes y necesidad de correcciones
Ante una infraestructura recién inaugurada que ya evidencia problemas, corresponde que las instancias responsables del Aeropuerto Juan Santamaría aclaren si el plano original contemplaba medidas adicionales para impedir el ingreso de agua y, de ser así, por qué no resultaron efectivas. También resulta clave conocer qué criterios técnicos de protección climática se utilizaron y si se evalúan ajustes estructurales, como ampliaciones de aleros, barreras físicas o rediseños de flujo peatonal. No se trata de cerrar completamente el área ni de ignorar la necesidad de ventilación en un clima tropical, sino de lograr un equilibrio entre espacio abierto y resguardo mínimo. La infraestructura aeroportuaria debería facilitar la experiencia de llegada, no exponer a quienes esperan bajo techo a la misma lluvia que cae en el exterior; el siguiente paso lógico es transparentar qué falló y qué correcciones se implementarán para que esta área cumpla con el estándar que el principal aeropuerto de Costa Rica exige.







