Martes 15 Septiembre 2026
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La lujuria en las mujeres

Temas nunca abordados…

La lujuria...uno de los siete pecados capitales.
Religion

La pornografía es consumida por los hombres pero producida por las mujeres. La frase me resultaba escandalosa, perturbadora, mi respuesta inmediata fue rechazarla; pero el autor había logrado su cometido: capturó mi atención. Su nombre: Joshua Harris. El nombre del libro: “Ni aún se nombre: guarda tu corazón de la inmoralidad sexual”. Como a todo joven soltero el tema llamaba mi atención. Me atrevería a decir que la lujuria es la batalla que libramos a diario todos los hombres, si conoce alguno que no pelee con eso hay que condecorarlo. El resto de los mortales, cuando deseamos agradar a Dios, peleamos cada segundo en la fuerza que Dios nos da contra los deseos pecaminosos. Por eso oramos, leemos la Palabra, somos prudentes y estratégicos, pedimos ayuda, nos informamos lo mejor que podamos al respecto ¡Queremos honrar a Dios! Porque es una batalla real. Porque es una guerra dura. Porque es un combate a muerte…

Así pues, abundan los recursos para hombres en ese tema. En cierto modo se ha creado la imagen de nosotros como una especie de “monstruos insensibles y perversos”, y en muchos caso así lo es; el detalle es que, si lo notas, muy pocas veces se menciona este tema hacia las mujeres y, si mi matemática no falla, para caer en fornicación o adulterio se requieren dos personas, y ninguno de los dos hace lo que hace porque le estén apuntando con un revólver. Si una muchacha queda embarazada tiene el 50% de la responsabilidad y aunque intenten ponerse en papel de víctimas ellas estaban plenamente conscientes de lo que hacían. No es por accidente que están en dicha situación ni diremos que mientras el hombre cae solo por razones “estrictamente físicas”, la mujer lo hace por razones “estrictamente sentimentales”. Oh no, no es así. Pero es la manera en que al final, se cuenta la historia.

No hay muchos recursos porque no hay mucha honestidad ni tampoco valentía. Honestidad para quienes han fallado o están fallando, o para quienes tienen preguntas incómodas que nacen de la natural curiosidad que todos tenemos en dichos temas pero que callamos por temor al qué dirán; hace falta valentía en los líderes para hacer esas preguntas y contestarles de acuerdo a los principios bíblicos, con el fin de brindar luz, conocimiento y advertencias a tiempo; para evitar catástrofes y males mayores.

Volviendo a la frase, Harris defiende su argumento, y entonces adquiere sentido:

Primero, hemos de entender que somos diferentes. Dios nos diseñó así. El deseo del hombre es más físico que emocional, en la mujer es inverso, primordialmente involucra sentimientos y lo físico viene como consecuencia de ello. Esto no pone al hombre como un salvaje ni a la mujer como un témpano de hielo con sentimientos, simplemente en ambos este es el patrón normal a seguir. Otro aspecto a tener en cuenta es que el hombre está programado para ser estimulado visualmente, se deja llevar por lo que mira. En sentido inverso, la mujer es más atraída por lo que oye y siente. El hombre es un buscador nato, la mujer está diseñada para ser buscada. Esos son los roles normales. Ahora, cuando eso es manejado dentro de la pureza y la dirección de Dios, a fin de guardarse ambos hasta el matrimonio, todo bien. El deseo sexual está ahí, es un deseo dado por Dios, no es pecaminoso en sí mismo. Es la lujuria la que es pecado. Está claro que nos ataca a los hombres; lo que se olvida mencionar es que también ataca a las mujeres.

En el caso de las mujeres hay dos formas en las que ataca la lujuria, la menos común: de forma explícita y la más proliferada, de manera implícita. Déjame exponer estos argumentos. La mujer es presa de la lujuria de manera explícita cuando de forma directa incita e invita a un hombre a tener relaciones ilícitas con ella. Génesis 39 nos narra la historia de José y la esposa de Potifar. No hay un solo indicio que José halla incitado de alguna manera a dicha mujer, José era íntegro en todo cuanto hacía, su sabiduría, juventud y belleza nata le jugaron en contra porque la mujer de Potifar clavó sus ojos (y su lujuria) sobre él. ¿Hay mujeres así en el mundo? Probablemente más de las que imaginamos. Muchas de las personas que asisten a la congregación tienen pasados así de oscuros y Cristo las ha rescatado, la iglesia está llena de ex pecadores de los más sucios y vergonzosos. A estas personas se les debe confrontar directamente con su pecado, recordarles su valor como mujeres en Jesucristo y quitar, a base de verdades bíblicas sólidas, la idea que su cuerpo es un objeto con el que pueden comerciar y jugar.

Proverbios 5 y 6.20-35 son dos pasajes enteros en los que Salomón aconseja a los jóvenes a huir de las mujeres lujuriosas, las que ofrecen placer inmediata pero a cambio, destruyen tu futuro y te abren la puerta al mismo infierno. Ahora, la lujuria explícita en las mujeres pervierte el diseño divino para ellas. Aún cuando muchas veces no hay dinero de por medio es una forma de prostitución. Es pecado en todos los sentidos y las secuelas emocionales (además de los enormes riesgos físicos) son duraderas… Ahora, este es el detalle: a cualquiera de nosotros nos sería impensable que un ser amado fuese exhibido en la pantalla de una computadora como un objeto de lujuria pornográfico o que las personas del barrio tuviesen historias oscuras que contar respecto al pasado de alguna mujer cercana a nosotros y a quien amemos. No me gustaría que nadie mirase con ojos lujuriosos a mi mamá. A vos tampoco. Nos es impensable. Bien, estas muchachas que se ofrecen para cometer fornicación y adulterio, son igualmente mujeres. Tienen dignidad. El pecado las degrada… Y no obstante. Se sigue consumiendo pornografía y siguen cometiéndose todo tipo de actos inmorales en lo secreto. Así es la doble moral. Pero Dios ve. Y deberíamos temer eso.

Ahora, creo que la lujuria explícita es solo la consecuencia última de la lujuria implícita. Una es pública, la otra disimula más, pero ambas son igualmente destructivas. No todas las muchachas van y se ofrecen a alguien, pero sí es más común que con su forma de vestir pretendan atraer miradas. Al final es lo mismo. Ambas acciones son mecanismos de manipulación. Así, tiene lógica que Harris afirme La pornografía es consumida por los hombres pero producida por las mujeres. ¡Correcto! Una muchacha que “accidentalmente” enseñe alguna parte de su cuerpo que no debe en una selfie es igual de culpable que quien va a la cama a hacer lo indebido ¡Ambas quieren la atención de los hombres! Dios nos juzga a los hombres por codiciar a una mujer. Dios juzga a la mujer por ser piedra de tropiezo. Así de simple. Ambas partes tienen culpa en este juego peligroso.

El móvil de la lujuria de un muchacho es, normalmente, el deseo de sentir deleite sensual, inmediato, físico. Lo que le ofrece la lujuria es placer, sentirse bien. La lujuria en los hombres produce que saque del objeto de su lujuria su alma, mente y persona y se centre solo en su cuerpo; buscando un placer egoísta. Para eso, la sociedad, la televisión y la pornografía refuerzan la idea que la mujer es solo un juguete sexual que se toma, se usa y se tira; hasta la próxima vez que se sienta el mismo deseo… Por el contrario, en la mujer este tipo de deseo no llega con la misma facilidad, lo que si posee de manera natural es un deseo nato de intimidad. Es decir, más allá de lo físico, muchas mujeres se ven motivadas por el deseo de tener intimidad con ese hombre; más allá de lo físico. Un sentido de pertenencia (“soy su mujer”), de valor (“le parezco atractiva”), control (“en mí encontrará lo que nadie más puede darle”) y orgullo (“lo tengo a mis pies”). Si para lograr eso debe mostrar un poco aquí o un poco allá, lo hará. Si debe dejar que su mano llegue aquí o allá, lo hará. Si debe llegar a consumar el acto, lo hará… Ambos culpables. Dos caras de una misma moneda.

Cuando te vistes y te comportas de una manera diseñada en un principio para despertar el deseo sexual en los hombres, aunque te ofendas y lo niegues, estás produciendo pornografía en tu vida. Esa bien podría ser (casi con toda seguridad), la chispa que inicie un incendio que después no podrás apagar. Donde hubo fuego no solo quedan cenizas, sino quemaduras de tercer y cuarto grados, a veces la muerte misma. Pregúntale a los cientos de jovencitas que dañaron su futuro, perdieron oportunidades, sufren por estar a la par de un monstruo o estar solas; se infectaron con VIH y perdieron el respeto de todos. Si a eso le agregas que aún con todo y las heridas que el pecado les ha dejado no se arrepienten ni vienen a Cristo, debemos agregar como consecuencia final que la lujuria, además de desbaratarte esta vida, te abre paso hacia el infierno. Cuando Dios exige santidad siempre es para nuestro bien. La verdadera felicidad proviene de obedecer los mandatos de Dios. Y él ha dicho Consérvate puro (1ra Timoteo 5.22).

No soy tan cuadrado como para ponerle a alguien la medida “cristiana” de su falda o esas cosas, creo que alguien lleno del Espíritu Santo sabe cómo vestirse para la gloria de Dios, no hace falta decírselo. En especial las damas, ellas saben cómo se visten y qué resaltan, y si se equivocan, tienen todo un equipo de expertas y críticas de moda y belleza (sus amigas y a quienes le caen mal). No estoy de acuerdo con las iglesias legalistas en las que dentro de poco van a prohibirles a las mujeres hasta que se bañen siquiera. No entro en debates interminables sobre si una mujer debe o no usar pantalones (me parecen discusiones innecesarias). Solo digo: una mujer es lo suficientemente inteligente para saber qué atrae o qué no atrae la atención de los hombres sobre ellas. Vístete para glorificar a Dios. Un hombre de Dios nunca pondrá su vista sobre una mujer sensual y tú oras por un hombre de Dios para que sea tu esposo… En el otro extremo, no hay nada pecaminoso en arreglarse bien, con modestia. La elegancia no tiene que ser lujuriosa. No es lo mismo vestirse atractiva que vestirse para atraer. Mantén ese balance. Me atrevo a decir que es hasta pecado que una mujer no se arregle y mucho más si es solo por seguir reglas que rayan en lo ridículo dentro de círculos que presumen “santidad” pero que son legalistas.

La pureza es una expresión de adoración a Dios mucho más profunda que una canción o que asistir a una iglesia. Si deseamos glorificar a Dios, procuremos hacerlo en todo. Dios ¡Haznos como tú!

Por: Enmanuel Rodriguez.