Martes 3 Noviembre 2026
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Hamacas que cuentan historias: el arte y emprendimiento de un jinotepino

La elaboración de hamacas es mucho más que un oficio: es una expresión viva del patrimonio cultural nicaragüense. Cada nudo, cada hilo y cada diseño artesanal combina creatividad, paciencia y el esfuerzo de manos que mantienen con orgullo una tradición que trasciende generaciones.

“La manila que usamos proviene de Masaya. Se elabora a base de algodón en talleres locales, así que nuestros productos son hechos completamente con materia prima y manos nicaragüenses”, enfatiza.
“La manila que usamos proviene de Masaya. Se elabora a base de algodón en talleres locales, así que nuestros productos son hechos completamente con materia prima y manos nicaragüenses”, enfatiza.
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Mauricio José Rodríguez, de 41 años y originario de Jinotepe, es uno de esos artesanos que ha apostado por este arte ancestral. Su taller se ubica 100 metros al sur del Parque de Ferias de Monimbó, en Masaya, donde desde hace cuatro años transforma la manila en piezas únicas llenas de identidad.

“Primero buscaba un terreno donde poner un negocio. Cuando lo conseguí, vi que tenía potencial por su ubicación. Al inicio vendía ropa y calzado artesanal, pero luego decidí enfocarme en las hamacas, porque nuestra base es el tejido de manila”, relata don Mauricio.

Aunque no heredó el oficio, lo aprendió con dedicación, apoyándose en la experiencia de otros artesanos locales. Hoy, su emprendimiento ofrece desde hamacas sencillas de 600 córdobas, hasta modelos elaborados con macramé, que pueden alcanzar los 4,000 córdobas, además de bancos bordados y sillas forradas en manila con estructura de madera, valoradas desde 150 dólares.

Cada pieza requiere de tres a cuatro días de trabajo, dependiendo del tamaño y el estilo. La materia prima, asegura don Mauricio, es 100% artesanal y nacional.

“La manila que usamos proviene de Masaya. Se elabora a base de algodón en talleres locales, así que nuestros productos son hechos completamente con materia prima y manos nicaragüenses”, enfatiza.

Además de ofrecer artículos de calidad, su taller genera empleo. Actualmente, trabajan con él tres personas, contribuyendo al sustento de sus familias y a la economía local.

Más allá del negocio, don Mauricio defiende con orgullo el valor del trabajo artesanal:

“No vendemos solo un artículo, también compartimos parte de nuestra cultura. A veces no se reconoce el esfuerzo que implica crear un producto hecho a mano. Por eso nos gusta contar la historia detrás de cada pieza”.

Las hamacas de don Mauricio no solo decoran hogares, sino que también tejen identidad, memoria y futuro. Son un recordatorio de que en cada hilo hay una historia, una tradición y un pueblo que resiste y crea con sus propias manos.