Martes 3 Noviembre 2026
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Nicaragua: El Niño desploma 58% la producción de miel y golpea a mil familias apicultoras

668.3 toneladas de miel es todo lo que el Ministerio de Agricultura (MAG) espera que produzca Nicaragua en 2026, una caída de 58.1% frente al ciclo 2024–2025. El desplome de más de la mitad en el acopio y en las exportaciones impacta directamente a unas 1000 familias apicultoras, concentradas en Managua, León, Chinandega, Matagalpa, Madriz y Boaco, que ya resienten en sus ingresos los efectos combinados del fenómeno "El Niño" y del cambio climático.

Un apicultor nicaragüense trabaja con sus colmenas en medio de una fuerte caída de la producción de miel.
Un apicultor nicaragüense manipula una colmena en mayo de 2026, en plena crisis de la apicultura nacional. Los efectos combinados del fenómeno "El Niño" y del cambio climático han desplomado la producción de miel y las exportaciones más de la mitad, golpeando a unas 1000 familias productoras en Managua, León, Chinandega, Matagalpa, Madriz y Boaco.
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Producción nacional: de un crecimiento moderado al colapso

Los datos oficiales del Plan Nacional de Producción, Consumo y Comercio muestran que la apicultura nicaragüense pasó, en apenas un ciclo, de avanzar a retroceder en picada. Entre 2023–2024 y 2024–2025, la producción de miel subió de 1450.4 a 1593.1 toneladas, un aumento de 9.8%. Ese desempeño se truncó abruptamente con la proyección para 2026: solo 668.3 toneladas. El retroceso implica perder más de la mitad del volumen obtenido en el ciclo anterior y borrar cualquier ganancia reciente del sector. Aunque la miel es descrita como un producto marginal en la economía y el comercio exterior de Nicaragua, mantiene un peso decisivo en la subsistencia de alrededor de mil familias distribuidas en seis departamentos. Para ellas, la estadística no es un mero indicador macroeconómico: se traduce en menos ingresos, menos capacidad para sostener sus fincas mixtas —que combinan abejas, café y ganado— y mayor exposición a la volatilidad climática.

Exportaciones recortadas a la mitad pese a precios estables

El derrumbe productivo se refleja de inmediato en el comercio exterior. Según el mismo Plan Nacional de Producción, Consumo y Comercio, en 2025 Nicaragua colocó 859.7 toneladas de miel en los mercados internacionales, obteniendo 2.8 millones de dólares. Para 2026, las proyecciones oficiales hablan de exportar apenas 400.8 toneladas métricas por un valor total de 1.3 millones de dólares. La contracción es de 53.4% tanto en volumen como en valor. Lo llamativo es que el precio de la tonelada casi no cambia: 3300.9 dólares en 2025 y 3300 dólares en 2026. Es decir, el problema no está en una caída de cotizaciones, sino en la falta de producto disponible. La miel nicaragüense sigue pudiendo venderse a precios similares, pero hay muy poca para ofrecer. Esta combinación —precios estables y volúmenes desplomados— deja a los apicultores sin margen de maniobra: no pueden compensar la pérdida de toneladas con mejores precios, ni aprovechar la estabilidad del mercado porque sus colmenas producen muy por debajo de lo esperado.

La crisis en la finca: el caso de "Pancho" y el impacto en los ingresos

La dimensión humana del problema se observa en historias como la de "Pancho", apicultor de un municipio del norte de Nicaragua que también cultiva la tierra y cría ganado. En el ciclo 2024–2025 logró producir unos 2000 litros de miel que vendió a cooperativas locales y comerciantes que llegaban a su finca. Esa actividad le generó alrededor de 400 000 córdobas de ingreso bruto, un complemento clave para su economía familiar. Con la llegada de "El Niño", Pancho intentó defender su producción moviendo sus colmenas dentro del territorio en busca de climas más frescos y extendiendo la cosecha, que normalmente va de diciembre a mayo, hasta junio. A pesar del esfuerzo, el resultado fue dramático: solo obtuvo 300 litros de miel. El desplome de su volumen —más de un 80% en términos aproximados— ilustra cómo el fenómeno climático no solo afecta la estadística nacional, sino la mesa y la capacidad de inversión de cada productor. Otros apicultores, como Uriel Jarquín, de Muy Muy, Matagalpa, reportan reducciones de "un poco más del 50%" y describen los rendimientos como "sumamente bajos".

Floración alterada, abejas estresadas y migración de colmenas

Detrás de la caída de toneladas exportadas hay procesos ambientales muy concretos. Los productores consultados atribuyen el desplome al cambio climático y sus expresiones extremas. Uriel Jarquín explicó a Canal 12 que al inicio de la temporada de floración enfrentaron un exceso de lluvias, mientras que al cierre sufrieron una sequía severa. Este vaivén desordena el calendario natural de las plantas: la floración se adelanta, se retrasa o se interrumpe de forma repentina. Cuando eso ocurre, las abejas dejan de producir miel y pasan a consumir las reservas almacenadas en la colmena, reduciendo la cantidad disponible tanto para el mercado interno como para la exportación. Para tratar de adaptarse, apicultores como Pancho siguen las recomendaciones del Instituto de Protección y Sanidad Animal (IPSA): trasladar las colmenas a zonas montañosas en verano y bajarlas a áreas más cálidas cuando llega el tiempo frío, e incluso alimentar a las abejas con mezclas de miel y azúcar cuando la floración no alcanza. Sin embargo, Pancho ha observado un aumento en la migración de sus abejas, aparentemente en busca de mejores condiciones climáticas, lo que añade incertidumbre a una actividad ya golpeada.

Efecto dominó sobre café, ganado y seguridad alimentaria

La apicultura no opera aislada. El propio artículo oficial alerta que en 2026 se augura una menor cosecha de café, maní, arroz, caña de azúcar, frijoles y maíz, además de la miel. Para productores diversificados como Pancho, que combinan colmenas con cafetales y ganado, el riesgo es múltiple. La misma falta de agua que seca las flores afecta la disponibilidad de pasto para las reses y la productividad de los cultivos. Si la migración de abejas se intensifica y la producción de miel sigue cayendo más allá de los parámetros naturales que estos insectos toleran, los agricultores se verán forzados a depender aún más de sus cafetales y de su hato, justo cuando esos rubros también están bajo presión climática. En términos de país, la pérdida de 924.8 toneladas de miel entre las 1593.1 toneladas del ciclo 2024–2025 y las 668.3 proyectadas para 2026 significa menos divisas —1.5 millones de dólares menos respecto a los 2.8 millones obtenidos en 2025— y una alerta temprana sobre la vulnerabilidad de las economías rurales ante fenómenos como "El Niño". Sin políticas de adaptación más amplias que el apoyo técnico puntual del Instituto de Protección y Sanidad Animal (IPSA), miles de familias rurales quedarían expuestas a una espiral de menores ingresos, degradación ambiental y reducción de su capacidad de producir alimentos.