Un país que protesta sin castigar a la presidenta
De acuerdo con los registros oficiales de la capital, el volumen de manifestaciones ha crecido respecto al año pasado, en especial por las marchas de trabajadores y jubilados del Instituto Mexicano del Seguro Social y las protestas por la crisis del agua en Guadalajara. Sin embargo, las expertas consultadas distinguen entre descontento sectorial y desgaste del liderazgo nacional. Para la politóloga Luz María Cruz, las movilizaciones ciudadanas no responden necesariamente a una ruptura con el gobierno federal, sino a reclamos específicos: salarios, servicios, seguridad y derechos. La estructura federal de México, añaden, hace que muchas demandas se dirijan a gobiernos estatales o municipales, sin que la figura presidencial sea vista como principal responsable inmediata.
Salud y agua: deudas históricas, culpables múltiples
En el sector Salud, los paros y concentraciones frente a hospitales están ligados a pugnas sindicales y exigencias de mejoras salariales. Según la analista y politóloga Viri Ríos, basada en una encuesta del propio Instituto Mexicano del Seguro Social, "la satisfacción con los servicios de seguridad social es muy elevada, más del 81% entre los usuarios, y la percepción del sistema de salud es también buena en general, pues solo el 23% lo percibe como 'malo'". Esta combinación de malestar laboral con una experiencia de atención relativamente aceptable hace que buena parte de la opinión pública interprete las protestas como un conflicto gremial más que como un fracaso directo de la presidenta. Al mismo tiempo, tras la centralización emprendida por Andrés Manuel López Obrador, persisten demoras, problemas de acceso y un nivel de financiamiento por debajo de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud, lo que configura una deuda de larga data que trasciende al actual sexenio.
Guadalajara, el agua y la disputa de responsabilidades
En Guadalajara, la movilización ciudadana contra la mala calidad del agua se dirige sobre todo al gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, del partido Movimiento Ciudadano, y a empresas señaladas por descargar desechos contaminantes. La especialista en acción social Alina Peña subraya que muchas marchas actuales denuncian una "precarización de la vida por el enriquecimiento de unos pocos" y que, a su juicio, "no es la política lo que está en discusión, es lo político". La presidenta Claudia Sheinbaum ha aprovechado este escenario para criticar la represión estatal, exigir explicaciones al gobierno jalisciense y anunciar financiamiento federal para infraestructura y potabilización. Su postura como garante del derecho a manifestarse —ella misma insiste en que su gobierno "garantiza el derecho a la protesta"— le permite capitalizar el enojo social sin cargar con todo su costo político.
Morena como sistema y las fisuras de la autocrítica
El Movimiento de Regeneración Nacional, fundado por Andrés Manuel López Obrador como respuesta a la corrupción y la desigualdad, pasó en apenas ocho años de ser oposición contestataria a convertirse en partido hegemónico, con amplio control de cargos de elección popular y de ramas judiciales y administrativas. Aun así, México continúa siendo un país desigual, inseguro e informal, lo que alimenta protestas de madres buscadoras, colectivos feministas y gremios afectados por la violencia. El gobierno afirma haber reducido los feminicidios un 36% y reporta una baja general en delitos, pero organizaciones y verificaciones independientes cuestionan la metodología o consideran las mejoras menores. Para Luz María Cruz, "la popularidad, que responde a una sociología del carisma y el liderazgo, no se traduce en representación o en acuerdos o en eficacia"; son esferas distintas que explican cómo Sheinbaum preserva respaldo mientras persisten carencias estructurales. A su vez, la falta de autocrítica en Movimiento de Regeneración Nacional, que sigue apelando con frecuencia a la herencia recibida, podría convertirse en un flanco débil si los resultados materiales no mejoran.
Carisma, símbolos y la gestión de los conflictos
Además de heredar parte del capital político de Andrés Manuel López Obrador —asistencia social ampliada, aumentos al salario mínimo y pensiones universales—, Claudia Sheinbaum ha construido una imagen de liderazgo pragmático frente a la presión de Donald Trump, combinando nacionalismo y cooperación en la agenda bilateral, lo que, según encuestas citadas por medios locales, genera la percepción de que el Estado defiende los intereses nacionales. En el plano interno, la presidenta se ha distanciado de figuras cuestionadas de Movimiento de Regeneración Nacional y ha respaldado ciertas investigaciones por corrupción, intentando blindarse de los escándalos del partido. Para Alina Peña, Morena ha tejido una narrativa simbólica intensa alrededor de la idea de pueblo que refuerza la sensación de unidad y pertenencia. Esa dimensión identitaria convive con una ciudadanía cada vez más dispuesta a marchar por agua, seguridad o género, incluso si vota por el oficialismo. El verdadero examen político llegará con las próximas elecciones legislativas y de gobernadores: allí se medirá si el ciclo de protestas se queda en presión sectorial o se transforma en castigo electoral al partido que hoy controla el sistema.