Martes 3 Noviembre 2026
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“Dónde hay mujer, no muere mujer”

Eran las 5 de la mañana y Gloria María de 17 años abrió la puerta de su casa y una jovencita vecina le pidió agua. Se la dio y le dijo: ¿Qué te pasa te veo con dolor? La joven respondió entre lágrimas, sollozos y frío: “Tengo dolores de parto desde ayer, pero mi papá dijo que me mandaran como chancho a parir al monte porque nadie me mandó a esto”. 

Gloria Maria Hernandez Espinoza  o doña Julia con casi 80 años ayudó a dar a luz a incontables mujeres, traía el don de ayudar a dar vida heredado de su madre.
Nicaragua

Desde dentro entre el fogón de la cocina Gloria María escuchó la voz de su madre: “Chavala, no esté de metiche preguntando y traiga esa muchacha para el cuarto”. Estaba apenada porque se sintió asariada. Tomó de la mano a la muchacha y la condujo al cuarto, la acomodo en su tijera (una cama hecha de una especie de tela con patas cruzadas que forman una cruz y se dobla para guardarse), la acomodó y le puso unas almohadas, Gloria sacó de un saco unos telares viejos pero limpios y los colocó dónde su madre le había indicado.

“Ay hija… Esta niña ya está muerta, se te ahogó por eso ya no tenés ni contracciones”, dijo con rapidez la madre de Gloria después que tocó a la embarazada, la mujer se atacó a llorar a lo que la señora le replicó. “Hija tienes otros hijos por los cuales vivir ahora vamos a salvarte a vos”.

“Gloria, vamos a salvar a esta chavala, ya tiene frío hay que apurarse a sacar esta criatura”, dijo la partera.

Un Bello Oficio Humano

 Ésta, como muchas otras, es una historia de resistencia, amor y enseñanza ancestral para traer vidas a este mundo. Las parteras son personas que tienen por oficio asistir a la mujer en el parto; antiguamente, este oficio era ejercido solo por mujeres basándose en la experiencia tradicional pasada de generación en generación nuestra protagonista lo aprendió de su madre desde los 17 años y más de 60 años después la enseñanza sigue intacta.

20231202_100641.jpgGloria rememora cómo su madre le explicó cada paso, y en un par de horas el primer bebe que ella vio nacer estaba fuera del vientre de su madre, “moradita, moradita, mi mamita me dijo si esta muchacha ha venido anoche sale bien la cipota, pero ese padre cruel la dejó morir.

 Este episodio duro, difícil y triste marcó la línea para que el trabajo de Gloria María empezará a atender a mujeres en cinta, el don viene de Dios asegura la casi octogenaria mujer que en marzo llega a los 80 años.

Cuando llegamos a la casa de Gloria María la encontramos en su jardín y nos dijo “casi no me encuentran iba para la huerta a ver los frijoles”. 

Nos costó dar con la casa le respondimos porque buscábamos a Julia la partera a lo que la anciana sonriendo respondió: “mi papá en sus ganas de contrariar a mi mamá me puso Gloria María cuando me inscribió, pero para mi mamá yo era Julia, y así me conocen todos en el barrio y alrededores.

Julia, como es conocida, abrió las puertas de su casa y de su corazón para contarnos cómo centenares de niñas y niños llegaron al mundo ayudados por sus manos y saberes. 

Auxiliada de conocimientos de plantas, una Gillette, una candela, trapos blancos esterilizados con agua hirviendo, una pinza, aceites, plantas y el don divino jugaron una carrera contra el tiempo y lograron la victoria ante el milagro de la vida. 

Al conocimiento ancestral de Julia se suman el de miles de mujeres en el país que bajo condiciones inhóspitas en los pueblos más alejados como ayudadas de una mano divina logran traer al mundo a pequeños seres vulnerables como las alas de una mariposa y son esas manos las que logran que la tradición y el conocimiento siga intacto trasladándose de generación en generación. 

Julia nos cuenta orgullosa uno de los momentos más difíciles vividos durante este oficio: “La historia más dura que me tocó vivir es con una mujer que se escapó del hospital, a las 3 de la mañana salió en “fuida” hay vino el hombre a buscarme, después de la zanganada y metedera de mano que le dieron a la pobre yo logré sacarle a la niña moradita, le di respiración de boca  a boca, le saque de la garganta lo que se había tragado, y le hice la inteligencia hasta que volvió, al siguiente día aparecieron los del hospital a meterle la mano a la mujer, me dio colera y yo sé que fui malcriada y le dije que es la tocadera si hice el trabajo que ustedes no pudieron, después me disculpe pero es que ya la criatura estaba nacida y bien si esa mujer a esperado ser atendida en ese hospital se muere”.

La Historia de Julia

Para esta partera o comadrona —como se les llama en las comarcas— la vida no ha sido fácil. Ella trajo al mundo 5 hijos propios y centenares de ajenos, incansablemente contaba en un cuaderno los niños nacidos pero un día se volvieron tantos que paró de contar como en el número 300.

Es importante destacar el papel que han jugado las parteras en nuestra sociedad. En el 2019 visitó Nicaragua el  Profesor Asistente, Epidemiólogo, Director de Investigación Elard Koch,  para realizar un simposio con la ministra de Salud de aquel entonces Sonia Castro  donde se destacó que gracias a la aplicación de un modelo de salud familiar comunitario, donde  involucran a  cientos de casas de salud materna, miles de parteras certificadas y varios centros hospitalarios, Nicaragua redujo la mortalidad materna y cuadruplicó el presupuesto destinado al sector salud que atiende a casi la totalidad de los habitantes del país a pesar de contar con retos de una alta densidad poblacional en zonas rurales, con difícil acceso al sistema hospitalario.

“Nicaragua ha tenido un progreso notable en el registro de estadísticas vitales y muertes maternas, lo cual permite la realización de investigaciones que impulsen políticas públicas basadas en evidencia”, concluyó Koch.

En Carazo se han desarrollado algunas iniciativas para reconocer el trabajo de estas comadronas, Gloria María la partera de esta historia cuelga en la pared de su sala un certificado que le otorgó el Ministerio de Salud por su ardua labor. La casa materna de Jinotepe cabecera municipal del departamento lleva el nombre de una partera reconocida también en una de las acciones que reconocen el trabajo de décadas de estas mujeres que han ayudado a otras a traer sus hijos al mundo. 

La historia de esta mujer se cuenta entre el milagro de la vida y la gestión divina en la que cada ser que lloró y gritó al llegar mundo es como una canción en su memoria que resuena una y otra vez a través de los días, Hoy Gloria María o Julia como su madre la llamaba sigue compartiendo de sus saberes, bañando niños para curarlos del calor de vista y sobándoles la cabeza o pancita para sanarles un empacho, pero de estos pesares te contaremos en nuestra siguiente historia dónde la protagonista al igual que Gloria María heredó de sus ancestros el saber, el don de sanar con sus manos y conocimientos a quienes recurren desesperados por males que les aquejan…

Gabi la curandera del pueblo 

De acuerdo con medios afines de gobierno más de 20 mil parteras brindan atención a las mujeres embarazadas en Nicaragua, desde el año 2007 el Ministerio de Salud (Minsa), les ha capacitado y entregado carnet para un mejor control de esta labor vital sobre todo en las comunidades rurales.

Según estadísticas del Minsa, el trabajo de las parteras aporta significativamente para que las muertes maternas se reducen un 68%, casi todas las mujeres acompañan a las embarazadas en las 181 casas maternas existentes a nivel nacional.

Para continuar disminuyendo las muertes maternas, el Minsa de Nicaragua apunta a la reducción de las infecciones, mejorar la nutrición de las embarazadas y evitar los nacimientos prematuros.

Lo anterior, fue destacado en el quinto encuentro nacional de parteras, en este evento especialistas del Minsa actualizan los conocimientos relacionados al cuido y atención de las mujeres embarazadas.

A este tipo de actividades no tenemos ingreso, pero la información se recopila de las publicaciones de medios oficiales del gobierno.  

Cuando leemos de una curandera nos imaginamos a una anciana con bastón y muchas canas, pero en esta historia te contaremos de una curandera joven con el cabello negro y caminando erguida a tomar plantas, semillas y aguas para curar a cada uno de sus pacientes.

María Gabriela  Hernández Potosme, aprovecha los conocimientos de curandero que heredó de su padre Don Concho (el señor concepción Potosme que por muchos años  se desempeñó como el curandero del pueblo y que fue visitado por miles de personas de diferentes partes del país), es ahora Gabi la heredera del conocimiento ancestral siendo de gran ayuda para muchas personas que la visitan de varios departamentos de Nicaragua e incluso del extranjero, ejerciendo la práctica de la medicina ancestral desde hace más de 14 años.

Lo que dice la ley

Para nuestro país la Medicina ancestral siempre ha jugado un papel importante y es que en 2011 se publicó en la Gaceta diario oficial, la Ley de Medicina Tradicional Ancestral, aunque los avances en el reconocimiento han sido pocos, se cuenta con un marco legal que ampara y protege la práctica.

  En dicha ley se aprueba y cita Promover la revitalización de los conocimientos y prácticas de los sistemas de salud tradicional ancestral, de manera fluida y directa entre las personas indígenas y afro-descendientes que ofrecen algún servicio para prevenir enfermedades, curar o mantener la salud individual, colectiva o comunitaria, como parte de la espiritualidad de sus pueblos, sin ningún tipo de intermediación que desnaturalice el servicio o atención con fines lucrativos.

De acuerdo con la publicación oficial esta ley tiene por objeto, reconocer el derecho, respetar, proteger y promover las prácticas y expresiones de la medicina tradicional ancestral de los pueblos indígenas y afro-descendientes en todas sus especialidades y el ejercicio individual y colectivo de los mismos, en función de la salud propia e intercultural y establecer las garantías adecuadas que corresponden al Estado para su efectiva aplicación y desarrollo. Esta ley es de orden público, interés social y complementaria de la Ley No. 423, Ley General de Salud, publicada en La Gaceta, Diario Oficial No. 91 del 17 de mayo del 2002.

Para Gabriela saber de medicina ancestral es parte de su vida de desde infante, su padre le inculcaba sus conocimientos y la motivaba a seguir su legado ahora es de gran aporte para la sociedad, principalmente a niños, permitiendo de esta manera reivindicar las prácticas ancestrales mediante la medicina, promoviendo las raíces de nuestros ancestros.

Gaby atiende en su mayoría niños que llegan con malestares como calor de vista, empacho y diarrea, los palpa con sus manos para detectar qué es lo que les está provocando las dolencias.Gaby atiende en su mayoría niños que llegan con malestares como calor de vista, empacho y diarrea, los palpa con sus manos para detectar qué es lo que les está provocando las dolencias.

La medicina ancestral hoy de uso recurrente y frecuente de los habitantes del área urbana se viene convirtiendo en una alternativa más ante diversas dolencias, malestares, enfermedades que aquejan el cuerpo humano.

Gabriela nos comentó que para el tiempo de la pandemia mundial del COVID-19, la medicina ancestral fue considerada una alternativa seria, por todas sus propiedades regenerativas y curativas, además de fácil acceso y ser más económicos. 

Las enfermedades más frecuentes en niños son calor de vista, diarreas, infecciones etc., estas son tratadas por medios de baños con aguas reservadas de algunas plantas y cáscaras de árboles.

Las plantas más utilizadas son el llantén, uña de gato, ruda, albahaca y alcanfor, estas se utilizan la parte del cogollo, con licor y se deja macerar por tres días, después está lista para ser utilizada en baños.

La medicina ancestral a menudo está arraigada en las tradiciones culturales y es un componente importante del patrimonio de una comunidad. Practicar y preservar estas formas de medicina ayuda a mantener viva la identidad cultural.

El don de las “manos mágicas” 

La medicina ancestral, la labor de las parteras y la labor de sobadores son parte de nuestra identidad y conocimiento rico de los antepasados. 

Gaby atiende en su mayoría niños que llegan con malestares como calor de vista, empacho y diarrea, los palpa con sus manos para detectar qué es lo que les está provocando las dolencias.Manos con magia, así definen las personas que recurren a esta práctica ancestral en la que un hueso, músculo o tendón vuelve a su posición original y sana de cualquier dolor. 

La sobadura, una práctica de “manos mágicas” que se implementa en Nicaragua con el objetivo de buscar aliviar las molestias producidas por lesiones o fracturas en el cuerpo, es muy usada en las comunidades rurales donde más se practica puesto que es una forma más rápida de sanar las articulaciones y huesos, mucho más económico que las implementadas en un hospital. 

Además, es una alternativa ante la lejanía en la que muchas personas viven y la dificultad para salir de sus comunidades a atenderse en centros médicos. 

“A mí me sobó 5 veces, pero en la primera sentía que me iba a morir, ese dolor es lo más espantoso, yo me safe la clavícula y cuando me acomodaba era como un dolor de parto, aquello era de desmayarse, pero cuando él terminó de sobarme mi cuerpo estaba sin dolor y recuperé el movimiento”. Así lo expresa una de las clientas quien el día de esta entrevista llegó a la última sobada del señor Arteaga quién con sabiduría curó la clavícula de Francisca Oporta.

Y es que el dolor que se percibe por los masajes y sobadas que brindan estos hombres es fuerte sin embargo quienes reciben la terapia cuentan con la certeza que en un par de días sus articulaciones están igual que antes de la fractura o lesión.

Según el señor Arteaga no existe un producto o remedio más certero para sanar una fractura o lesión que los naturales, plantas como sábila, leche de mangle, suelda con suelda, hierba del toro entre muchas otras que son usadas para tratar las diferentes lesiones son las que complementan la cura.

Don Francisco Arteaga aprendió el oficio de sus antepasados, en este caso antepasados no familiares, según sus palabras a un señor que se dedicaba a la labor el empezó preguntando cómo sabe que está quebrado el hueso, ¿cómo se sabe cuándo está zafado un hueso? y el anciano le respondía poniendo su mano sobre las personas que llegaban a consulta explicando lo que se siente y ve. 

Por su parte Arteaga se arriesgó a atender primeramente un animal, un caballo de la hacienda dónde laboraba estaba por ser sacrificado por que no podía levantarse con sus manos delanteras así que don Francisco miró en el animal la oportunidad de poner a prueba sus conocimientos y con la ayuda de mecates y una tabla engazó aquel animal que no duró en estar en cuatro patas cuando la soba culminó. 

“Dios me iluminó, ese no fui yo, amarre aquel animal y con todas mis fuerzas lo apreté, lo sobé y lo engacé, ese fue mi primer logro, ya después empecé con las personas y no ha habido uno que no acomode” rememora el sextagenario mientras levanta las manos en señal de que su sabiduría no viene de lo humano sino de lo espiritual.

Toda una cultura propia

Llegar a la casa de Ramón es conectarse con la madre tierra, entre plantas, barro, fogón de leña, un rancho hecho de zacate y sillas elaboradas de tronco de árbol inicia la entrevista, Ramón Potosme el hijo del curandero del pueblo que en paz descanse, toma su taza de barro y sorbe el atol de maíz cosechado por sus manos mientras se emociona al contar cada elemento vivo que destaque la importancia de las prácticas ancestrales y la conexión con nuestros ancestros. 

ramon-potosme.jpgRamon Potosme, nacido de padres indígenas// imagen extraida de redes sociales

Potosme entristece su rostro cuando dice: “vemos poco o casi nada del rescate de esta cultura rica y propia de nuestro ser”.  El indígena Chorotega nacido de padres indígenas orgulloso y apoderado de sus raíces enfatiza que las prácticas ancestrales son el sustento de nosotros como sociedad.

Los saberes ancestrales son una forma de vivir, costumbres y tradiciones que nos dejaron nuestros ancestros. Podemos despertar una conciencia para llevar al ser humano a revivir esta práctica, hasta vivir en paz con la naturaleza y es que incluso hasta la estructura de una vivienda de aquella época es armoniosa, placentera y económica, es así la manera de vivir de este indígena Chorotega de quien les hablaremos y que aporta de gran manera para el rescate de las prácticas ancestrales, mediante su vivir, acciones y la forma de generar ingresos económicos reivindicando estas prácticas.  

“El rosario y La Paz son dos pueblos que vienen de pueblos ancestrales como Catarina y Niquinohomo podés ver que antes tenían muchas viviendas de zacate, ese era una casa, no un rancho para estar fresqueando, ahí tenías tu cocina, tu aposento, ahí guardabas el maíz, con el tiempo se fue relegando eso y el concepto de una casa así era pobreza y necesidad “enfatiza.

“Cambiamos nuestro bienestar por un concepto que no es nuestro, porque las casa cuadras y chaparritas no son conceptos para el trópico, son conceptos de viviendas europeas, casas cerradas para lugares fríos, nosotros somo el trópico aquí hace un calor encachimbado”

Debajo de aquel rancho que es su vivienda, hay una hamaca, en medio una mesa con florero de maracas, una tinaja llena de agua, tipo cuatro o cinco de la tarde regresa de la milpa donde descansa para recuperar energías para continuar la faena del día siguiente 

Para Ramón es de suma importancia que estos saberes y que su cultura no desaparezca y que al menos un cierto porcentaje de la población en Carazo, Masaya y Granada reproduzcan ese conocimiento con las generaciones venideras, actualmente se ha encargado de recopilar información junto a otros muchachos de otros pueblos acerca de los descendientes Manque o Chorotegas, pero explica que hay poca información al respecto.

La preservación y el estudio de estas culturas contribuyen al enriquecimiento de la diversidad cultural y al respeto de los derechos de los pueblos indígenas.