Los estudios realizados por los arqueólogos Paul Cruz y Christopher Gago dentro del programa "Primeras incursiones humanas en el Caribe Nicaragüense" indican que la osamenta de Angi es la más antigua descubierta hasta ahora en Centroamérica, Suramérica y el Caribe Occidental. Curiosamente, su ADN no coincide con los linajes conocidos en regiones cercanas como el Istmo colombiano, panameño o venezolano, lo que sugiere la existencia de una población distinta asentada en la zona.
El equipo de investigación también analizó restos de otros individuos hallados en sitios arqueológicos como Ciudad Sandino y Los Martínez, que datan de entre 920 y 1810 años antes del presente (BP), confirmando conexiones genéticas con poblaciones antiguas de Panamá y Venezuela. Además, en el sitio de Güiligüeisca, en Somoto, se realizaron dataciones de fragmentos óseos y de carbón, situando el yacimiento entre 2020 y 2180 años BP.
El hallazgo de Angi y los estudios genéticos refuerzan la hipótesis de que Nicaragua fue un corredor clave en las migraciones prehistóricas, con grupos humanos desplazándose desde el sur hacia el norte. Además, la exitosa recuperación de ADN en condiciones tropicales, donde la preservación suele ser difícil, abre nuevas oportunidades para futuras investigaciones sobre la historia de los pueblos originarios de América Central.
Los arqueólogos continúan con el análisis de los restos y planean mejorar la calidad de los datos genéticos obtenidos. Este descubrimiento subraya la importancia de proteger el patrimonio arqueológico de Nicaragua y aportar más conocimiento sobre los primeros habitantes del continente americano.








