Originalmente desarrollada para uso médico, la ketamina se utilizaba para anestesiar soldados en combate debido a su rápida acción y bajo riesgo de efectos secundarios. Sin embargo, las últimas décadas han visto su transición a otros ámbitos. Según el autor Carlo Mazza Galanti, en su libro "K-Hole: Cómo la ketamina inventó el futuro", esta sustancia ha reinventado su lugar en la cultura mainstream, y ahora se la vincula con el auge de la industria tecnológica.
En Silicon Valley, la ketamina se ha convertido en una herramienta para la innovación. Los llamados "tech bros" la utilizan con la esperanza de obtener ventajas cognitivas, aunque los debates sobre los riesgos asociados continúan en auge. Las sesiones controladas de ketamina, algunas veces en microdosis, pretenden no solo reducir el estrés sino también abrir nuevas vías de pensamiento, un ideal perseguido por muchas compañías en la economía digital.
Según expertos, la fascinación moderna con la ketamina es indicativa de una sociedad en búsqueda constante de formas de superar los límites mentales e impulsar la productividad. La comparación con otras sustancias de tiempos pasados que definieron estilos de vida refleja cómo las drogas pueden ser síntoma y catalizador de contextos culturales amplios y complejos. A medida que su popularidad crece, también lo hacen los llamamientos a un mayor estudio de sus efectos y regulaciones más estrictas.







