De La Manzanilla al Himalaya: un mapa íntimo entre dos civilizaciones
En La soledad de Sonia y Sunny, Kiran Desai convierte las playas de La Manzanilla y otros paisajes de Oaxaca, San Miguel de Allende y Colima en escenarios clave para explorar la soledad contemporánea. La autora reconoce que en México encontró un eco de su infancia en India: la presencia viva de civilizaciones antiguas, la simultaneidad de tiempos históricos y la continuidad de prácticas como las peregrinaciones, las ofrendas y la comida preparada casi igual que hace siglos. A su juicio, las similitudes entre religiones prehispánicas y tradiciones indias, así como las huellas persistentes del colonialismo externo e interno entre clases, hacen que las conexiones entre los dos países sean, en sus palabras, “más profundas y fascinantes que la coincidencia de la comida picante”. Desde la orilla del Pacífico mexicano, asegura, entendió que “la soledad es tan caprichosa, elemental y cambiante como el agua”, y esa metáfora sostiene la estructura emocional de su novela.
Contra la etiqueta del realismo mágico y el exotismo de los países pobres
La autora reconoce la influencia de Juan Rulfo y Gabriel García Márquez, pero cuestiona el uso del término realismo mágico para encasillar la literatura de América Latina, África y Asia. Recuerda que la etiqueta fue acuñada por el académico alemán Franz Roh y sostiene que “es un término que se aplica solo a nosotros, los que venimos de países pobres”, mientras obras de tradición anglosajona o europea que lidian con fantasmas y acontecimientos extraordinarios rara vez se clasifican igual. Para Desai, esa mirada “mágica” sobre países marcados por el autoritarismo, la desigualdad o la corrupción trivializa sus problemas estructurales y favorece lecturas complacientes desde Occidente. En su nueva novela decidió escribir abiertamente sobre “el mundo invisible” y sobre una corriente política “oscura, corrupta y colonialista” que, afirma, atraviesa la historia india como una serpiente. Frente a quienes critican este enfoque en India, insiste en que “a todos los seres humanos les ocurren cosas extraordinarias, no solo a quienes viven en países pobres”, y que las experiencias que parecen mágicas son parte de cualquier biografía, sin necesidad de convertirlas en exotismo literario.
Migración, barrios diversos y nacionalismos que consumen como imperio
Radicada desde hace más de tres décadas en Estados Unidos, Desai vive en Jackson Heights, un sector de Nueva York con fuerte presencia de migrantes venezolanos, colombianos, afganos, egipcios, bengalíes y tibetanos. Desde ahí observa el auge de discursos contra la migración tanto en Estados Unidos como en India, donde se acusa a los recién llegados de quitar empleos y saturar servicios públicos. Señala que ahora incluso hay un “enorme sentimiento anti-indio” en ciertos círculos estadounidenses por la competencia en sectores como la medicina y la informática, mientras en India crece el rechazo interno hacia migrantes que durante décadas han sido una fuente de desarrollo. Para la autora, los principales ejecutores del colonialismo contemporáneo son muchas veces las élites de los países colonizados, que consumen símbolos estadounidenses —como McDonald’s, moda y cine de Hollywood— y al mismo tiempo respaldan proyectos nacionalistas como el del primer ministro Narendra Modi. Ese fenómeno, considera, convierte a algunos de los nuevos nacionalistas en promotores de un estilo de vida corporativo que contradice los intereses de sus propias naciones.
Errores de mirada y el desafío de narrar un mundo fragmentado
Consciente de su posición como viajera y migrante, Desai admite que ha cometido errores al escribir sobre otras comunidades, como los indio-nepalíes o africanos en Nueva York, y que hoy no redactaría ciertos pasajes del mismo modo. Ese reconocimiento, explica, le sirve para cuestionar la mirada del “extranjero del mundo desarrollado” cuando se aproxima a realidades como la mexicana. El reto central, asegura, es cómo lograr que una novela abarque la movilidad real de las poblaciones en un mundo globalizado, cuando la vida cotidiana solo permite ver fragmentos parciales de las personas. La escritora recuerda que en las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos su barrio votó mayoritariamente por el Partido Demócrata, pero registró un giro inusual hacia Donald Trump, reflejo de que muchos migrantes pueden ser “increíblemente conservadores” y votar “en contra de sus intereses”. En ese paisaje político y emocional, la soledad de sus personajes Sonia y Sunny funciona como espejo de millones de biografías diaspóricas, y marca la línea sobre la que Kiran Desai seguirá interrogando, desde la literatura, las tensiones entre pertenencia, identidad y poder en el siglo XXI.







