En su charla, Bearer destacó cómo áreas tradicionalmente separadas, como la música y la neurociencia, pueden beneficiarse mutuamente al abrir caminos de colaboración. Su enfoque innovador ha permitido identificar conexiones profundas entre estos campos, mostrando que el arte y la ciencia no deben existir en aislamiento. La UNAM, anfitriona del evento, se convirtió en el escenario ideal para este tipo de diálogos.
Bearer, quien ha dedicado gran parte de su carrera a explorar las interacciones entre música y procesos cerebrales, resaltó ejemplos concretos en los que ha aplicado su investigación. Ella defiende que la comprensión de la música desde un enfoque científico no solo enriquece el conocimiento académico, sino que también proporciona nuevas herramientas para la investigación en neurociencia. La combinación de estas disciplinas puede traer consigo avances significativos en el tratamiento de enfermedades neurológicas y en el desarrollo de nuevas terapias.
A pesar de los desafíos que plantea integrar disciplinas tan diversas, Bearer se mantiene optimista y aboga por un sistema educativo que promueva esta fusión. Según ella, fomentar el diálogo entre las artes y las ciencias no solo impulsa la creatividad, sino que también prepara a las nuevas generaciones para un futuro en el que el conocimiento integral será clave para resolver problemas complejos. La intervención de Bearer en el festival subraya la necesidad de espacios donde estas conversaciones puedan florecer y transformar la forma en que entendemos el mundo. Con información de fuentes internacionales.







