Golpe militar en la costa y alerta energética global
La nueva ofensiva de los hutíes ha desbordado a la Resistencia Nacional, coalición antihutí que hasta hace poco controlaba esa franja costera. Según las estimaciones citadas en la información de origen, la milicia ha consolidado dominios continuos sobre amplias zonas del litoral yemení del mar Rojo, acercándose a los accesos del estrecho de Bab al Mandeb. Ese paso es un cuello de botella para el transporte de hidrocarburos que salen del Golfo Pérsico, de modo que cualquier riesgo bélico en la zona se traduce en posibles tensiones de suministro y de precios del petróleo. La situación se agrava porque los hutíes ya han demostrado su capacidad de afectar el comercio marítimo: a finales de 2023 atacaron con drones y misiles a decenas de barcos cargueros que se dirigían al Canal de Suez, lo que obligó a muchas navieras a bordear África e incrementó el precio de los fletes en un 170 %.
La disputa sobre un dron cerca de La Meca y la reacción del mundo islámico
En paralelo al avance terrestre, la tensión política escaló este martes después de que una coalición liderada por Arabia Saudita asegurara haber interceptado y destruido un dron hutí al sur de La Meca. El portavoz saudita Turki al Maliki describió el presunto ataque contra la ciudad más sagrada del islam como un “acto vergonzoso”, mientras que la Organización para la Cooperación Islámica, que agrupa a 57 países, lo condenó como una “transgresión inaceptable e intolerable”. Los hutíes negaron haber lanzado un ataque contra La Meca y acusaron a Riad de difundir “invenciones y mentiras”, en un cruce de versiones que revela hasta qué punto el conflicto de Yemen se ha convertido también en una batalla por la legitimidad religiosa y política en el mundo árabe y musulmán.
De movimiento zaidí local a pieza central del “eje de resistencia”
La milicia hutí, conocida oficialmente como Ansar Allah (Partidarios de Dios), nació en la década de 1990 dentro de la minoría chiita zaidí, que representa aproximadamente un tercio de los 33 millones de habitantes de Yemen. Inicialmente centrada en denunciar la corrupción del entonces presidente Alí Abdalá Salé y la marginación de los zaidíes frente a la mayoría suní apoyada por Arabia Saudita, el grupo dio un salto armado a comienzos de este siglo. En 2004 tomó el nombre de uno de sus líderes, el clérigo Hussein Badreddin al Houthi, muerto ese mismo año a manos de fuerzas gubernamentales. Tras sumarse en 2011 a las protestas de la Primavera Árabe que forzaron la salida de Salé en favor de Abdrabbuh Mansour Hadi, los hutíes terminaron aliándose tácticamente con su antiguo enemigo. En 2015 capturaron Saná, obligaron a Hadi a huir al extranjero y desencadenaron la intervención militar de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin para intentar restaurar al gobierno reconocido internacionalmente. Pese a una guerra que se estima ha dejado unos 150 000 muertos, la milicia, hoy dirigida por Abdul Malik al Houthi, ha mantenido el control de buena parte del norte y noroeste de Yemen.
Peso militar, apoyo externo y acusaciones contra Irán
El Consejo de Seguridad de la ONU calculaba en 2010 que los hutíes contaban con entre 100 000 y 120 000 seguidores, entre combatientes y simpatizantes. Desde entonces, el grupo ha pasado de ser una insurgencia local a operar como una organización armada con drones y misiles de largo alcance. Según el Centro de Lucha contra el Terrorismo de Estados Unidos, la milicia ha copiado el modelo de Hezbolá en Líbano y recibe de ese grupo entrenamiento militar desde 2014. Servicios de inteligencia occidentales afirman que Irán financia y arma a Ansar Allah, algo que Teherán niega. Estados Unidos y Arabia Saudita han acusado a Irán de facilitar misiles balísticos que fueron disparados en 2017 contra Riad y de suministrar los misiles de crucero y drones usados contra instalaciones petroleras sauditas en 2019, lo que implicaría violar el embargo de armas impuesto por Naciones Unidas sobre Yemen. La respuesta de Washington y Londres llegó a finales de 2023, cuando Estados Unidos y Reino Unido bombardearon posiciones hutíes para proteger una ruta por la que pasa el 12 % del comercio mundial de mercancías.
Un poder de facto frente a un gobierno en el exilio
Mientras la autoridad internacionalmente reconocida en Yemen recae en el Consejo de Liderazgo Presidencial, al que Abd-Rabbu Mansur Hadi transfirió sus poderes en abril de 2022 y que tiene su sede en Riad, la realidad sobre el terreno es otra. La mayoría de la población yemení vive en zonas controladas por los hutíes, donde la milicia recauda impuestos, administra servicios públicos y ha llegado incluso a emitir su propia moneda, en un sistema acusado por organizaciones internacionales de abusos y de restringir libertades. Tras una tregua alcanzada a finales de 2022 con la coalición liderada por Arabia Saudita, el grupo ha reforzado su discurso de pertenencia al llamado “eje de resistencia” encabezado por Irán, junto con Hamás y Hezbolá, y mantiene el lema adoptado tras la invasión de Irak de 2003: “Dios es grande. Muerte a EE.UU. Muerte a Israel. Maldición a los judíos y victoria para el Islam”. Con su nuevo control de hasta 130 km de costa cerca de Bab al Mandeb, la milicia no solo consolida su poder interno, sino que aumenta su capacidad de condicionar el flujo de petróleo y mercancías entre Asia, Europa y América en los próximos meses.



