Fotografías filtradas y una destrucción que el Pentágono cuantifica pero no detalla
La cadena CBS News, socia de BBC News en Estados Unidos, difundió fotografías proporcionadas por personal militar en activo que muestran un radar partido, remolques aplastados, un automóvil destruido y edificios severamente dañados en Camp Buehring y Camp Arifjan, en Kuwait, así como un Boeing E-3 Sentry destruido en la base aérea Príncipe Sultán, a unos 100 kilómetros al sureste de Riad, en Arabia Saudita. Las imágenes no están fechadas y no han sido verificadas de forma independiente por BBC News, pero coinciden con los daños descritos por el organismo de control del Pentágono, que atribuye a los ataques de Irán la devastación de cientos de infraestructuras estadounidenses en la región durante el conflicto iniciado el 28 de febrero. Un funcionario estadounidense citado por Reuters ya había confirmado en marzo que 12 miembros del personal de Estados Unidos resultaron heridos, dos de ellos de gravedad, en un ataque iraní contra la base aérea Príncipe Sultán. El informe del Pentágono también detalla que cinco aeronaves de reabastecimiento en vuelo fueron dañadas o destruidas en tierra en Arabia Saudita por municiones iraníes, en una lista que retrata el impacto acumulado en la flota estadounidense.
Coste económico y desgaste estratégico para Estados Unidos
Más allá de las imágenes, el documento del organismo de control del Pentágono cifra en US$33.400 millones el gasto de Estados Unidos en la guerra con Irán hasta el 29 de junio y reconoce que decenas de aeronaves estadounidenses resultaron destruidas o dañadas en los meses posteriores al inicio del conflicto. Un análisis independiente de la Oficina de Presupuesto del Congreso valora el Boeing E-3 Sentry perdido en unos US$500 millones y calcula que el coste total del equipamiento destruido en combate —incluidos aviones, drones y un sistema de defensa de área de gran altitud (THAAD)— asciende a US$1.900 millones. La Oficina de Presupuesto del Congreso advierte, sin embargo, que su estimación está sujeta a “incertidumbre”, porque el Departamento de Defensa de Estados Unidos no respondió a sus solicitudes de información, obligando a los analistas a recurrir a bases de datos gubernamentales e informes públicos. Tampoco está claro, según el propio informe del Pentágono, el alcance de las reparaciones previstas ni el calendario de reconstrucción de las bases afectadas, lo que deja abiertas dudas sobre la capacidad de Estados Unidos para reponer con rapidez el material perdido.
Críticas por vulnerabilidades y el papel de adversarios de Estados Unidos
Las fotografías publicadas por CBS News llegaron acompañadas de testimonios anónimos desde el terreno. Un miembro del ejército, cuya identidad no fue revelada, afirmó que “se trata de daños importantes en nuestras bases que no se han comunicado al público estadounidense” y añadió que los militares están “ahí parados, con los ojos cerrados, recibiendo golpes en la cara”. La Casa Blanca remitió las consultas al Mando Central de EE.UU. (Centcom), que no respondió de inmediato. Desde el plano analítico, Brian Katulis, investigador principal del Middle East Institute y exfuncionario de seguridad nacional que trabajó en administraciones demócratas y republicanas, sostuvo que los daños prueban que “Estados Unidos no había preparado adecuadamente sus defensas” frente a los ataques iraníes. A su juicio, “existen pruebas sólidas de que adversarios de EE.UU., como China y Rusia, podrían haber ayudado a Irán a seleccionar los objetivos”. Katulis fue más allá al acusar a la administración de Donald Trump de haber “dilapidado valiosos recursos militares sin obtener resultados significativos a cambio”. Según el analista, Washington se vio obligado a desviar recursos militares de Asia hacia Medio Oriente, dejando “al país y a sus socios asiáticos más expuestos y vulnerables frente a China”, mientras “el agotamiento de las municiones estadounidenses hace que Rusia esté más dispuesta a sondear las vulnerabilidades de los aliados de la OTAN y a continuar su guerra agresiva contra Ucrania”.
Presión política interna sobre Donald Trump y Pete Hegseth
El balance de daños y el coste económico elevan la presión sobre la Casa Blanca. Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques conjuntos contra Irán el 28 de febrero, Teherán ha respondido con repetidos ataques contra bases de Estados Unidos y países aliados en el Golfo, así como contra Israel. En paralelo al deterioro en el terreno, la Cámara de Representantes de Estados Unidos votó por tercera vez a favor de una medida que obligaría al presidente Donald Trump a poner fin a la acción militar estadounidense contra Irán si no cuenta con la autorización del Congreso, con el apoyo de varios republicanos y de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre. El futuro de la medida es incierto, ya que el Senado de Estados Unidos no ha aclarado si la abordará. La guerra también ha colocado en el centro del debate al secretario de Defensa, Pete Hegseth. El congresista republicano Thomas Massie anunció una iniciativa para someterlo a juicio político, citando precisamente el coste de la campaña militar y el estado de las bases dañadas. Frente a esas presiones, la administración Trump cerró filas: el fiscal general de Estados Unidos, Todd Blanche, defendió al secretario de Defensa al afirmar que Hegseth está haciendo “un trabajo fenomenal”. El desenlace de esa pugna política interna, sumado a las dudas sobre la rapidez con la que el ejército estadounidense podrá reconstruir sus capacidades en Medio Oriente, marcará los próximos pasos de Washington en un conflicto que ya ha consumido recursos por decenas de miles de millones de dólares y ha expuesto vulnerabilidades estratégicas que sus adversarios observan con atención.



