Un pueblo pequeño con una estructura de gigante
El corazón del proyecto se encuentra en una ciudad deportiva que moviliza cada día a casi 100 chicos procedentes de Castellón, del resto de España y de medio mundo, y a unos 450 empleados de todos los departamentos, según la estructura interna del club. Allí, el director deportivo Miguel Ángel Tena y el consejero delegado Fernando Roig Negueroles supervisan los entrenamientos de cerca, con la frecuente presencia del presidente y propietario, Fernando Roig, reforzando una gestión de proximidad que busca vínculos de confianza entre cantera y élite. Tena resume la filosofía heredada de José Manuel Llaneza: el Villarreal CF es “inconcebible sin una estructura de cantera porque somos un pueblo de 50.000 habitantes”. Esa limitación geográfica obliga a un modelo distinto al de Atlético, Barça o Real Madrid: en lugar de recurrir cada verano a grandes fichajes, el club forma a cientos de futbolistas con la previsión de que solo alrededor del 1 % alcance el primer equipo, mientras trabaja para que el 99 % restante pueda nutrir el fútbol profesional y generar plusvalías futuras.
Cantera como motor económico y reinversión estructural
Los números avalan esta estrategia. De acuerdo con los datos recopilados por Transfermarkt, en las últimas seis temporadas el Villarreal CF ha acumulado un balance favorable de 83 millones de euros entre ingresos y gastos en traspasos. La venta de canteranos como Jackson, Chukwueze, Pau Torres, Baena, Yéremy Pino o Filip Jorgensen ha producido plusvalías cercanas al 100 % respecto a su coste formativo. Una parte sustancial de esos ingresos, cifrada en 80 millones de euros, se ha canalizado a terminar el estadio de La Cerámica y a ampliar las instalaciones de la ciudad deportiva, reforzando así el círculo virtuoso de formación y competitividad. Fernando Roig ha fijado una línea roja clara: “yo no quiero ganar dinero con el fútbol, lo que quiero es que no me cueste dinero”. La prioridad declarada no es maximizar beneficio privado, sino sostener un ecosistema deportivo autosuficiente que soporte la ausencia eventual de la Champions League sin comprometer la viabilidad del club.
Pau Navarro y la nueva generación que asume riesgos
En el terreno de juego, el rostro más visible de esta política es Pau Navarro, central de 21 años que encarna el salto de la academia al primer equipo. El propio Navarro, autocrítico, recuerda su último duelo con Vinicius con una mezcla de ironía y rigor profesional: asegura que lo secó durante casi todo el partido “hasta que se me fue una vez por afuera, metió el pase desde la línea de fondo y nos metieron gol”. Esa manera de revisarse a sí mismo ilustra el tipo de jugador que el club pretende producir: formado en la autocrítica, acostumbrado a la exigencia y a la exposición competitiva. A su lado, futbolistas como Joselillo Gaitán, Carlos Maciá, Nizar el-Jimili o los senegaleses Alassane Diatta y Cheikh Tidiane forman parte de una hornada a la que el nuevo entrenador ha decidido dar protagonismo real. La convivencia de estos canteranos con referentes consolidados como Gerard Moreno subraya una apuesta declarada por combinar experiencia y juventud para sostener el rendimiento en LaLiga EA Sports y en la Champions League.
La revolución táctica de Iñigo Pérez: presión alta como seña de identidad
La llegada de Iñigo Pérez el pasado verano marca una ruptura con una década de estructuras defensivas más clásicas, asociadas a ciclos de entrenadores como Unai Emery o Marcelino. Los dirigentes buscaron al técnico navarro para dar un giro contracultural: adoptar un juego dinámico, agresivo y de presión en campo rival, similar al que mostró el Rayo la temporada anterior, incluso a costa de exponerse a riesgos evidentes. Tena admite que el club “antes no se atrevía” a ir con bloques altos, acostumbrado a alinearse en un bloque medio-bajo. Ahora, el propósito es estar más cerca de la portería rival y generar muchas más ocasiones, aun asumiendo que, mientras el sistema se ajusta, el equipo pueda encajar goles con facilidad. Las primeras jornadas ligueras lo confirmaron, pero las estadísticas recientes, según Opta, señalan que el Villarreal CF se ha situado en el top cuatro europeo que más somete al rival, solo por detrás de Bayern, Barça y PSG, y es el segundo equipo de LaLiga que menos pases permite al contrario: 9,8 por secuencia rival frente a 8,4 del Barça. Esa presión alta es la columna vertebral del nuevo modelo deportivo que se intenta consolidar.
Un Bernabéu para medir la valentía y el futuro del proyecto
El próximo examen será mayúsculo: la visita al Bernabéu, retransmitida por Movistar este sábado a las 21.00. Iñigo Pérez lo define como “el escenario perfecto para poder exponernos sabiendo que la dificultad es máxima”. El entrenador insiste en que el primer paso es aceptar que el rival atacará y conocer las claves para soportar ese empuje, pero también en perder el miedo a la pérdida de balón y a las transiciones que suelen castigar a los equipos valientes. A su juicio “la mayoría de los equipos que no han ido a presionar al Bernabéu, al Camp Nou y al Metropolitano, han acabado sufriendo escenarios desfavorables”, y concluye con una confesión que resume su ideario: “no me gusta que me den pases”. Si su propuesta agresiva se consolida y la cantera sigue generando talento exportable, el Villarreal CF aspira a sostener sus dos presencias seguidas en la Champions League y a prolongar una revolución silenciosa que, desde un municipio de 50 000 habitantes, cuestiona la lógica de gasto de los grandes transatlánticos del fútbol español.







