Viernes 9 Octubre 2026
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Internacional: Una simulación cosmológica sitúa al sistema solar en una de las zonas más seguras para la vida

Entre 100 000 millones y un billón de masas solares: esa es la escala de galaxias que, según una simulación cosmológica avanzada publicada en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, ofrece las mejores condiciones de habitabilidad a largo plazo. El trabajo, liderado por Luke Barnes, Geraint Lewis y Miroslav Filipovic a partir de la simulación EAGLE, concluye que nuestro Sol, situado a 8,2 kiloparsecs del centro de la Vía Láctea, reside en una de las franjas más seguras para la vida conocida.

Región de formación estelar en la nebulosa de Carina captada por el telescopio espacial James Webb
Los llamados Acantilados Cósmicos de la nebulosa de Carina ilustran la violencia de las regiones donde nacen estrellas, un entorno muy distinto al vecindario relativamente pacífico del Sol que describe la nueva simulación cosmológica publicada en *Monthly Notices of the Royal Astronomical Society*. (Foto: NASA, ESA, CSA y STScI)
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Un universo en supercomputadora para medir qué tan afortunado es el Sol

Para evaluar los barrios cósmicos más favorables, el equipo construyó un modelo propio sobre la simulación EAGLE, capaz de seguir la evolución de galaxias durante miles de millones de años. Combinó tasas de formación estelar, metalicidad y probabilidad de albergar planetas potencialmente habitables con cinco procesos de destrucción: dos tipos de supernovas, estallidos de rayos gamma, encuentros cercanos entre estrellas y cuásares. Así distinguieron no solo qué galaxias pueden generar mundos rocosos templados, sino cuáles logran conservar esas condiciones durante intervalos largos en la historia del universo.

Galaxias maduras, menos violencia y una amplia franja habitable

El resultado apunta a las galaxias maduras con masas totales de entre 100 000 millones y un billón de masas solares, una categoría en la que encaja la Vía Láctea. Estos sistemas ya han producido abundantes elementos pesados necesarios para formar planetas rocosos, pero han dejado atrás la fase más frenética de formación estelar, dominada por explosiones y radiación extrema. El modelo identifica una franja amplia de condiciones favorables situada aproximadamente entre 1 y 10 kiloparsecs del centro galáctico (un kiloparsec equivale a 3 260 años luz). El Sol, a 8,2 kiloparsecs, se ubica de lleno en esa zona, lo que refuerza la idea de que ocupa un entorno relativamente tranquilo, lejos tanto del núcleo hiperactivo como de los bordes extremadamente pobres en metales.

Cambios de riesgo a lo largo del tiempo cósmico

El estudio subraya que la habitabilidad no es estática: depende de la época del universo analizada. En el universo temprano, las supernovas de colapso de núcleo eran la principal amenaza para los planetas, debido a la gran cantidad de estrellas masivas que nacían y morían en lapsos breves. En los últimos 5 000 o 6 000 millones de años, el peligro dominante pasó a ser el encuentro cercano entre estrellas, un fenómeno aún muy raro pero potencialmente devastador para la estabilidad orbital de sistemas planetarios. De acuerdo con las estimaciones del modelo, en una galaxia como la Vía Láctea menos de una estrella de cada mil habría sufrido un evento extremo de este tipo —ya sea explosión letal o perturbación estelar grave— en un intervalo comparable con los últimos mil millones de años de la historia del sistema solar.

Un vecindario prometedor, pero sin garantía de vida

Para los astrónomos, los entornos demasiado jóvenes o densos siguen siendo los peores barrios cósmicos para la vida: concentran explosiones estelares, agujeros negros activos y radiación capaz de esterilizar mundos enteros. Frente a ellos, la Vía Láctea actual aparece como una galaxia que ha abandonado su fase más peligrosa y ha entrado en un periodo relativamente estable. Sin embargo, el propio modelo reconoce sus límites: solo estima dónde podrían existir planetas potencialmente aptos para la vida y cuánto tiempo conservarían sus condiciones frente a catástrofes cósmicas; no aborda la probabilidad real de que surjan organismos ni su posible complejidad. Esa incógnita, que los autores mantienen como desconocida, guiará las próximas búsquedas de exoplanetas y estudios de habitabilidad galáctica que intentarán combinar simulaciones como EAGLE con observaciones directas de futuros telescopios.