Miércoles 7 Octubre 2026
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Palestina: Resistencia a antibióticos y agua destruida agravan la tragedia infantil en Gaza

Casi 80 000 muestras bacterianas analizadas en 11 hospitales entre 2015 y 2025 y los testimonios de médicos en primera línea apuntan a un mismo diagnóstico: Gaza sufre una ola de infecciones resistentes a los antibióticos, en un territorio devastado por la guerra, sin agua ni saneamiento adecuados y con campamentos de desplazados infestados de ratas y comadrejas.

Niña gravemente herida y su padre en un hospital de Gaza, símbolo de la crisis sanitaria.
Mahmoud al-Balawi besa a su hija de 6 años en una sala de aislamiento del hospital Nasser, en Gaza. La niña presenta múltiples heridas infectadas y bacterias resistentes a los antibióticos, un caso que ilustra el colapso sanitario en el territorio tras la guerra y la devastación de los servicios básicos. (Foto: BBC/Yousef al-Mashhawari).
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Un hospital sitiado por bacterias que ya no responden

En el hospital Nasser de Jan Yunis, una niña de 6 años identificada como Raseel permanece en una sala de aislamiento con la pierna fracturada, heridas infectadas y un fragmento de metralla en el cerebro tras un ataque aéreo del 30 de julio de 2025 contra el campamento de desplazados de al-Mawasi, según testigos. Su padre, Mahmoud al-Balawi, apenas puede consolarla, mientras el médico de Médicos Sin Fronteras, Awni al-Jaafarawi, explica que las lesiones están colonizadas por bacterias multirresistentes y que han debido reabrir y limpiar las heridas más de 20 veces. El especialista advierte que “la niña tendrá que permanecer más tiempo en el hospital y, por lo tanto, contraerá más infecciones”, lo que complica un injerto de piel y su recuperación. Afirma además que observa “altas tasas” de infecciones resistentes en los hospitales de Gaza y que muchos pacientes deben ser aislados para evitar que estos gérmenes colapsen las instalaciones a largo plazo.

Un estudio de 10 años y un territorio sin agua ni saneamiento

Las observaciones de Médicos Sin Fronteras se alinean con un nuevo estudio, aún preliminar y sin revisión por pares, elaborado por investigadores de Gaza con apoyo de la Iniciativa Fleming del Imperial College de Londres y la Universidad Americana de Beirut. El trabajo, compartido con el Servicio Mundial de la BBC, analiza una década de datos y concluye que existe una resistencia bacteriana generalizada a antibióticos clave en el enclave. La doctora Aula Abbara, de la Iniciativa Fleming del Imperial College de Londres, subraya que “durante los conflictos, a menudo se destruyen el agua y el saneamiento”, un factor crítico para contener la transmisión de bacterias resistentes. Según Naciones Unidas, Israel ha destruido o dañado casi el 90 % de la infraestructura de agua y saneamiento en Gaza, incluidas plantas desalinizadoras y sistemas de alcantarillado. Más del 80 % de las familias viven en inseguridad hídrica y hasta el 70 % no alcanza los 6 litros mínimos de agua por persona y día que recomienda la ONU para beber y cocinar. El Coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios de Israel sostiene, sin embargo, que el volumen de agua que entra en Gaza “supera el umbral humanitario” fijado por Naciones Unidas.

Campamentos infestados de ratas y amputaciones evitables

En los campamentos de al-Mawasi y otros puntos del sur de Gaza, el colapso en la recogida de residuos ha dejado montañas de basura, charcos de aguas negras y desechos humanos junto a tiendas densamente pobladas. Una encuesta de abril de 2025 del grupo Site Management Cluster, citada por agencias de la ONU, señala que roedores o plagas son visibles con frecuencia en el 81 % de los asentamientos, afectando a unas 1,45 millones de personas. Los médicos han documentado mordeduras de ratas y comadrejas mientras la gente duerme, con infecciones severas y lesiones profundas. La historia de Basel al-Dahnoun, quien terminó con la pierna derecha amputada por debajo de la rodilla tras el ataque de unas comadrejas y la falta de material para tratarle, ilustra cómo las infecciones avanzan hasta el hueso en un sistema sanitario exhausto. El doctor Awni al-Jaafarawi advierte que “en los próximos años veremos cómo aumenta diariamente el número de casos de amputación, incluso si cesa la guerra”, por la combinación de bacterias resistentes, heridas de guerra y condiciones insalubres.

Muertes tras el alto el fuego y niños atrapados sin salida médica

El Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, asegura que 1 421 palestinos han muerto desde el alto el fuego acordado en octubre de 2025 entre Israel y Hamás, mientras que más de 74 000 palestinos habrían fallecido desde el inicio de la guerra, desencadenada tras el ataque del 7 de octubre de 2023 en el que murieron alrededor de 1 200 personas en Israel y 251 fueron tomadas como rehenes. Las Fuerzas de Defensa de Israel discrepan de estas cifras y señalan que “lamentan cualquier daño causado a civiles y actúan para minimizarlo en la mayor medida posible”. Sobre el terreno, organizaciones humanitarias describen una grave escasez de medicamentos y equipos, pese a que el Coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios de Israel afirma que permite la entrada de fármacos, incluidos antibióticos, “sin restricciones”. Según el Ministerio de Salud, unos 5 600 niños esperan evacuación para recibir tratamiento fuera de Gaza, un proceso que exige derivación oficial, aceptación de un país receptor y autorización de seguridad israelí.

Un futuro marcado por traumas físicos y mentales

Para la infancia gazatí, el daño no se limita a las cicatrices visibles. Expertos de Naciones Unidas estiman que prácticamente todos los niños de Gaza necesitan apoyo psicosocial y de salud mental urgente tras casi dos años de bombardeos, desplazamientos múltiples y duelo continuado. Raseel, que ya no puede caminar y sufre convulsiones, sobrevivió al ataque en el que murieron su hermana mayor y un primo de 20 años; en el hospital, bautizó a una muñeca con el nombre de su hermana como gesto de memoria. Tras semanas de espera, ella y su padre lograron autorización de las autoridades israelíes para salir hacia Egipto, con apoyo de la Organización Mundial de la Salud, en busca de tratamiento especializado en El Cairo. Mientras casos como el suyo obtienen un salvoconducto, miles de menores continúan atrapados entre bacterias que los antibióticos ya no controlan, una infraestructura destruida y campamentos convertidos en reservorios de infección, configurando un horizonte de amputaciones, enfermedades crónicas y traumas que marcarán a la población palestina durante generaciones.