Miércoles 30 Septiembre 2026
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Brasil: Lula convierte el pulso con Trump, Milei y el clan Bolsonaro en munición para su reelección

Un tarifazo del 50 % a las exportaciones brasileñas, nuevos aranceles del 25 % y del 12,5 %, la cancelación de la visa de su embajadora en Washington y una condena de 27 años de cárcel contra Jair Bolsonaro se han convertido en munición política para Luiz Inácio Lula da Silva. A menos de dos meses de las presidenciales de octubre, el presidente de 80 años intenta transformar esta cascada de choques con Donald Trump, Javier Milei y el clan Bolsonaro en un argumento central de su campaña por la reelección en Brasil.

Lula en un mitin en São Paulo convierte las tensiones con Trump y Milei en bandera de soberanía nacional
Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, durante un mitin del Partido de los Trabajadores de Brasil en São Paulo el 2 de agosto, en plena escalada de tensiones diplomáticas con la administración Trump y con el presidente argentino Javier Milei, que han pasado al centro de la campaña electoral brasileña. (Foto: Sebastiao Moreira / EFE)
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De la ofensiva arancelaria a la bandera de la soberanía

El frente más delicado se abre en Washington. La administración de Donald Trump canceló la visa de la embajadora brasileña alegando demoras de Brasil en aceptar al candidato propuesto para la legación estadounidense. Lula respondió calificando el gesto de “irresponsable” e “impensable” entre países con más de 200 años de relaciones diplomáticas, mientras la Cancillería brasileña lo consideró gravísimo y lo vinculó “al interés fuera de lugar en interferir en las próximas elecciones presidenciales”. En paralelo, el republicano había impuesto aranceles del 25 % a la mayor parte de los productos brasileños por supuesta competencia desleal —incluyendo el éxito del sistema de pagos electrónico Pix y los intentos de regular a las big techs— y otro recargo del 12,5 % con el argumento de trabajo forzoso, una acusación que el Gobierno rechaza. Hace un año, Trump ya había castigado a Brasil con un tarifazo del 50 %, el más alto del mundo, en represalia por la “caza de brujas” contra Jair Bolsonaro, lo que Lula explota ahora para presentarse como defensor de la industria nacional frente a castigos dictados desde la Casa Blanca.

El papel del clan Bolsonaro y la batalla por el relato interno

Para el presidente, cada sanción externa tiene responsable interno con nombre y apellido: Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente e impulsor de la candidatura ultraderechista en las elecciones de octubre. Según el Gobierno, los hijos de Jair Bolsonaro presionan desde hace más de un año a Trump para endurecer las medidas contra Brasil, con el objetivo de frenar el proceso judicial contra su padre por intento de golpe de Estado. Otro de ellos, Eduardo Bolsonaro, vive en Estados Unidos dedicado a esa labor de lobby. Pese a las sanciones, la Suprema Corte de Brasil siguió adelante y condenó al expresidente a 27 años de prisión. Lula utiliza este vínculo directo entre el trumpismo y el bolsonarismo para presentar a sus rivales como “traidores de la patria” que anteponen su supervivencia judicial a la economía del país, un mensaje que busca calar tanto en la base progresista como entre sectores empresariales golpeados por la guerra comercial.

Milei entra en campaña y agrava la fractura regional

Los dolores de cabeza diplomáticos del Gobierno no se limitan a Estados Unidos. El presidente argentino Javier Milei viajó recientemente a São Paulo para arropar el lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro y, desde ese escenario, insultó a Lula, desatando una nueva crisis entre Brasilia y Buenos Aires. La respuesta del Ejecutivo brasileño fue retirar a su embajador en Argentina en rechazo a los agravios, mientras insiste en mantener abiertos los canales institucionales por la fuerte interdependencia entre ambas economías. El apoyo explícito de Milei al heredero político de Jair Bolsonaro alimenta la narrativa del Partido de los Trabajadores de Brasil de que la ultraderecha continental actúa coordinada para condicionar la disputa presidencial. En ese marco, Lula repite la frase “Nosotros queremos ser tratados con respeto” como consigna de campaña frente a los ataques de vecinos ideológicamente alineados con Trump.

Preocupación por la desinformación y el peso de Estados Unidos

La negativa del Gobierno brasileño a otorgar visado a dos emisarios del Departamento de Estado de Estados Unidos ilustra hasta qué punto Brasilia sospecha de una estrategia de desinformación impulsada desde el exterior. El argumento oficial fue que esos funcionarios pretendían intoxicar el debate interno y participar en la propagación de dudas sobre la fiabilidad del sistema electoral, un terreno ya abonado por la ultraderecha brasileña. El Ejecutivo teme una oleada de noticias falsas amplificada por la inteligencia artificial y por plataformas controladas desde Silicon Valley, cuyos magnates aparecen cada vez más alineados con el trumpismo. Sin embargo, el investigador Leonardo Paz Neves, del Núcleo de Inteligencia Internacional de la Fundación Getúlio Vargas de Río de Janeiro, considera que el tamaño de Brasil, su peso geopolítico y la menor dependencia de sus exportaciones hacia Estados Unidos permiten al país “sacar algo de pecho” cuando Washington endurece el pulso, siempre que el Gobierno logre atribuir a Flávio Bolsonaro la responsabilidad de los daños causados por las sanciones.

Roces con Paraguay y giro discursivo hacia lo militar

En paralelo, el Palacio del Planalto gestiona una crisis de menor intensidad con Paraguay. El gobierno de Santiago Peña protestó por unas declaraciones de Lula sobre la guerra de la Triple Alianza, librada entre 1864 y 1870 y que unió a Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay. En un discurso improvisado, el presidente brasileño resumió que “un bello día, Paraguay decidió invadir Brasil” y que el conflicto duró cinco años, una versión que en Asunción se percibe como una simplificación ofensiva de una herida histórica que diezmó a los hombres adultos paraguayos. Tras una conversación telefónica entre ambos mandatarios, todo indica que la tensión no irá a más, pero el episodio coincide con un giro retórico de Lula: ha intensificado las referencias bélicas y exige que las Fuerzas Armadas estén listas para “que nadie meta la nariz” en el país, al tiempo que reclama a la izquierda aceptar la necesidad de invertir en defensa para proteger la extensa frontera brasileña.

Un nacionalismo medido ante un escenario electoral abierto

Las encuestas sitúan hoy a Lula con una ligera ventaja frente a Flávio Bolsonaro, pero los sondeos describen un escenario abierto y un desenlace previsiblemente ajustado. El presidente apuesta por un nacionalismo de corte defensivo, presentado como exigencia de respeto a la soberanía frente a la presión de la Casa Blanca, los insultos de Milei y las gestiones del clan Bolsonaro en el extranjero. El reto será mantener ese discurso como defensa del interés nacional sin alimentar una escalada diplomática que pueda deteriorar la posición regional de Brasil. Si consigue consolidar ante el electorado la idea de que las sanciones de hasta el 50 % y los conflictos con Argentina y Paraguay son el precio por no subordinarse a agendas ajenas, la confrontación externa podría convertirse en el principal activo de su campaña rumbo a octubre.