Miércoles 30 Septiembre 2026
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Irak: la retirada total de tropas de EE.UU tras 20 años abre un nuevo pulso con Irán y las milicias

Más de 170 000 soldados estadounidenses llegaron a estar desplegados en Irak en 2007 y, según el Comando Central de Estados Unidos, se habían reducido a unos 2 400 en diciembre de 2023. Esa presencia, iniciada con la invasión de 2003 que derrocó a Saddam Hussein, tiene previsto concluir el 30 de septiembre de 2026 con la retirada de las fuerzas restantes, acordada entre Washington y Bagdad.

Montaje con Saddam Hussein, cuatro presidentes de EE.UU y tropas estadounidenses sobre la bandera de Irak
Montaje en el que aparecen Saddam Hussein y los presidentes estadounidenses George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden sobre una escena de tropas de Estados Unidos en Irak, simbolizando las dos décadas de presencia militar que concluyen con la retirada prevista para el 30 de septiembre de 2026. (Foto: Getty Images)
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Un final anunciado por el acuerdo de 2024 y por la presión interna iraquí

De acuerdo con el investigador sénior no residente Safwan Al-Amin, de la Iniciativa para Irak en el Atlantic Council de Washington, la retirada se enmarca en el acuerdo de 2024 entre Washington y Bagdad para poner fin a la Operación Resolución Inherente, la misión de la coalición contra Estado Islámico. En el terreno político, el exembajador Douglas Silliman, hoy al frente del Instituto de los Estados Árabes del Golfo en Washington, recuerda que varios gobiernos iraquíes han afrontado durante años exigencias para expulsar a las tropas extranjeras, en especial de facciones proiraníes y sectores de la comunidad chiita que perciben la presencia militar de Estados Unidos como una violación de la soberanía de Irak.

De la invasión de 2003 al regreso contra Estado Islámico

La intervención arrancó formalmente el 19 de marzo de 2003, cuando George W. Bush anunció en televisión la Operación Libertad Iraquí. Las tropas estadounidenses se retiraron por primera vez en 2011, bajo la presidencia de Barack Obama, pero regresaron en 2014 a petición de Bagdad después de que Estado Islámico tomara amplias zonas del territorio iraquí. Desde entonces, su papel fue mutando: pasaron de operaciones de combate directo a tareas de entrenamiento, asesoramiento e intercambio de inteligencia con el ejército iraquí, el Servicio Antiterrorista y los Peshmerga del Kurdistán, dejando actualmente solo un pequeño contingente en esa región mientras se ejecuta la retirada.

Seguridad frente a Irán y vulnerabilidad del contingente

Para el investigador asociado sénior H.A. Hellyer, del centro de estudios británico RUSI, el calendario de salida no responde tanto a la amenaza de Estado Islámico como a la evaluación del riesgo para el personal estadounidense ante las tensiones con Irán. Hellyer y Safwan Al-Amin coinciden en que, con un número reducido de efectivos y una capacidad limitada para proyectar poder, el despliegue pasó a ser visto en Washington como una vulnerabilidad más que una ventaja, en especial tras los ataques contra instalaciones estadounidenses en el norte del país. Esta lectura de seguridad llevó a descartar incluso la opción barajada de conservar un pequeño destacamento más allá del fin formal de la Operación Resolución Inherente.

Un legado de cambio de régimen, corrupción y expansión iraní

El balance de dos décadas de intervención es profundamente ambivalente. Safwan Al-Amin sostiene que la invasión no logró sus objetivos: el cambio de régimen no se tradujo en el país estable y próspero que muchos iraquíes esperaban, y a su juicio abrió la puerta a que Irán expandiera su influencia en las instituciones. Douglas Silliman matiza que numerosos ciudadanos le han expresado que valoran el fin de la dictadura de Saddam Hussein y la idea, hoy arraigada, de que la democracia representativa debe guiar a Irak, aunque reconoce que consolidar prácticas democráticas en una sociedad que nunca las tuvo es un proceso de largo aliento. Desde la Universidad Americana de Washington, Yerevan Saeed remarca los avances en pluralismo, especialmente en el Kurdistán iraquí, mientras Hellyer rechaza presentar la intervención como un proyecto exitoso de construcción democrática y centra el legado en la reconfiguración regional y la inserción de redes iraníes en el propio Estado iraquí.

Milicias proiraníes, riesgo de guerra civil y temor al retorno del yihadismo

La retirada no implica una salida total de la influencia de Estados Unidos. Irak sigue dependiendo de las ventas de petróleo en dólares, de la compra de armamento estadounidense y del respaldo diplomático de Washington. Además, en Bagdad se ubica la que Saeed describe como la embajada estadounidense más grande del mundo, mientras que en Erbil se encuentra el consulado estadounidense de mayor tamaño, instalaciones que seguirán necesitando protección. El primer ministro Ali al-Zaidi quiso que las Fuerzas de Movilización Popular, red de milicias mayoritariamente chiitas con fuerte presencia parlamentaria y vínculos con Irán, quedaran bajo control estatal efectivo para el mismo 30 de septiembre, pero estos grupos presionan para extender el plazo hasta 2027. Saeed considera ese objetivo irrealista dado su peso político y financiero, mientras Silliman apunta que la desaparición del enemigo externo estadounidense podría quitarles una bandera de movilización, aunque advierte que antiguos jefes de gobierno iraquíes ya alertaban de que este reordenamiento podría desembocar en choques armados o incluso en una nueva guerra civil.

El precedente de 2011 y el futuro incierto de Irak

El otro gran temor es el resurgimiento de Estado Islámico. Tras la retirada de 2011, el gobierno chiita de Bagdad procedió a detener y apartar a dirigentes sunitas del proceso político, una dinámica que, según Saeed, empujó a sectores de esa comunidad hacia el extremismo y facilitó el auge del grupo yihadista. Hoy, parte de la población sunita vuelve a expresar inquietud por el trato que puede recibir en el nuevo equilibrio interno, lo que alimenta el riesgo de radicalización. Silliman sostiene, sin embargo, que las fuerzas de seguridad iraquíes son mucho más sólidas que hace una década y están mejor preparadas para contener amenazas similares. En paralelo, expertos como Safwan Al-Amin prevén que Irán intente consolidar su poder en Irak tras la salida militar estadounidense y recuerdan que ya hubo un precedente en 2011: la retirada no fue definitiva y Washington terminó regresando en 2014. Por eso, más que un cierre, muchos analistas describen este momento como el final de un capítulo abierto en 2003, mientras el país sigue buscando un equilibrio duradero entre soberanía, seguridad interna y rivalidad entre potencias regionales.