Crédito fácil, tipos altos y un país bancarizado a golpes de celular
El retrato financiero de Brasil es paradójico: nunca trabajó tanta gente, pero tampoco hubo tantas familias colgando de un hilo. Según las cifras citadas por el propio Gobierno de Brasil, un tercio de los hogares ya incumplió el pago de alguna cuota y un 12% asume que no podrá saldar lo que debe. La expansión acelerada de la bancarización —60 millones de nuevos clientes en una década, impulsados por el celular— y de las tarjetas de crédito con programas de puntos ha facilitado el acceso al consumo, pero también ha multiplicado la vulnerabilidad de quienes no dominan los instrumentos financieros básicos. En paralelo, el coste de la vida se disparó tras la pandemia y los tipos de interés siguen en niveles muy altos, en el entorno del 13,75% tras varias reducciones, lo que encarece la refinanciación y agrava la carga mensual de las familias de menores ingresos.
Lula promete alivio sin renunciar a la agenda social
Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, llega a las urnas con un discurso que combina autodefensa y nuevas promesas. El presidente reivindica que el desempleo se sitúa en mínimos históricos del 5,3%, que la desigualdad se ha reducido y que la inflación está bajo control, y sostiene, en sus propias palabras, que “dedicar dinero público a educación, salud y lucha contra la pobreza es inversión, no gasto”. Para responder al malestar por el sobreendeudamiento, el Gobierno de Brasil ha lanzado ya tres programas de renegociación de deudas personales y empresariales, con quitas que pueden llegar al 90%. En los primeros dos planes el Ejecutivo actuó como simple mediador entre bancos y deudores; en el más reciente ha dado un paso adicional al anunciar que comprará pasivos antiguos de familias para negociar después directamente con las entidades financieras. A ello se suma un aumento del 15% en la paga mensual de Bolsa Família, previsto para mediados de octubre, entre la primera y la segunda vuelta electoral, y un paquete de medidas que, según el diario Folha de S. Paulo, supera los 200 000 millones de reales —más de 40 millones de dólares— en gasto orientado al electorado.
La ofensiva contra las apuestas online y la disputa con el mercado
La proliferación de deudas está entrelazada con otros fenómenos, como la expansión de las apuestas deportivas y los casinos digitales. El Ejecutivo detectó que un cuarto de los beneficiarios de Bolsa Família apostaba en línea y creó un bloqueo para impedir que ese dinero se destinara al juego. Nueve días antes de las elecciones, Luiz Inácio Lula da Silva fue más lejos y prohibió todas las apuestas online, justificando la medida como una forma de proteger la salud económica y mental de las familias sobreendeudadas. Al mismo tiempo, el Gobierno de Brasil ha intentado contrarrestar el discurso opositor sobre la situación económica con la página El mercado de la mentira, que ofrece datos y vídeos breves para “desenmascarar las mentiras” de sus adversarios. Sin embargo, las élites económicas miran con recelo el aumento del gasto social. Con una deuda pública en torno al 82% del PIB y un déficit fiscal del 9%, los compromisos de nuevos desembolsos incrementan la presión de los sectores que reclaman disciplina fiscal estricta. En un reciente encuentro con 700 empresarios, Lula prometió recortes de gasto, pero dejó claro que no sacrificará la agenda social que considera el pilar de su gobierno.
Flávio Bolsonaro capitaliza el malestar y ofrece un ajuste sin detalles
Del otro lado, Flávio Bolsonaro, de 45 años e hijo del expresidente encarcelado, ha construido su campaña sobre el descontento con el coste de la vida y la sensación de que la mejora económica no llega al bolsillo. El candidato derechista acusa al Gobierno de Brasil de derrochar recursos, responsabiliza a Lula del encarecimiento generalizado y promete un tijeretazo al gasto público si llega al poder. En su plataforma se compromete a bajar impuestos, restaurar el techo fiscal, simplificar la regulación y retomar las privatizaciones, a la vez que asegura que preservará las ayudas a los más vulnerables, sin detallar qué partidas recortaría para cuadrar las cuentas. Las encuestas de Quaest reflejan una contienda abierta: Lula obtendría el 39% en primera vuelta frente al 34% de Flávio Bolsonaro, pero ambos empatarían en un 42% en un eventual balotaje, lo que convierte el voto de las clases populares endeudadas en un botín decisivo. Con ocho de cada diez familias atrapadas en deudas y un tercio ya en mora, la próxima administración —sea del Partido de los Trabajadores o de su rival ultraliberal— heredará un país donde la estabilidad macroeconómica solo será creíble si consigue traducirse en menos números rojos para los hogares.