Sábado 18 Mayo 2024
Nacionales

El Guardabarranco, la bella ave que nació para ser libre y que se suicida si es enjaulada

En abril, los rayos del sol impactan con mayor dureza en el campo, anunciando a los agricultores que deben preparar sus tierras en espera de las primeras lluvias del invierno que se establece a partir de mayo. Hay esperanza en los días con olor a tierra mojada y el espeso polvo y calor dará tregua en todo el país.

En este mes, el ave Guardabarranco, trabaja de manera laboriosa construyendo con su pico una pequeña cueva redonda, sobre los barrancos de piedra pómez, para tener un espacio donde incubar sus dos huevos que revientan del cascarón en mayo, junto a las flores amarillas y rojas de sacuanjoche.

Mientras la hembra anida en los farallones que se encuentran en caminos rurales de los bosques secos del pacifico de Nicaragua, el macho permanece fuera de la morada entonando su canto, para alertar a su pareja de cualquier peligro como el de una serpiente que intente penetrar en la cueva que alcanza cerca de dos metros de profundidad, donde se pondrán los huevos y nacerán los pichones.

Cuando la hembra logra salir de su pequeña caverna en busca de insectos, como escarabajos, mariposas y frutas, el macho entra a calentar los huevos, para asegurar el futuro de esta especie que aún no perfila en la listas de aves en peligro de extinción, pero tiene como su mayor amenaza, el hombre, que destruye cada día el bosque donde reposa y encuentra su alimentación.

Un ave que no resiste el cautiverio

En el camino que conduce a la comunidad de Palo Quemado y La Zopilota del municipio de Diriá, del departamento de Granada, predominan los barrancos de piedra pómez, que se convierten en el lugar perfecto, donde nuestra ave nacional construye con su fino pico la gruta que la protege de la lluvia y el sol.

Algunos de estos peñascos son de tierra negra, no alcanzan grandes alturas y se encuentran a la vista y alcance de las personas que transitan por estos caminos, quienes observan el arduo trabajo de estos “mineros de la naturaleza” que edifican un lugar seguro para incubar sus huevos.

Elmón Alemán, un campesino oriundo de la comunidad de Palo Quemado recuerda en sus más de 70 años de vida, que esta ave siempre se ha mantenido en estas tierras, y muchos lugareños admirados por sus bellos colores han fracasado en su intento de pretender domesticarla.

“Recuerdo que en nuestra niñez deseábamos tener esta ave en nuestras casas por sus bellos colores, pero al momento de excavar en su cueva, para sacar sus pichones, eran poco el tiempo que podían sobrevivir en cautiverio, porque es difícil mantener su alimento a base de insectos y frutas. Además están hechas para andar libres en el campo”, remarca Alemán.

Este septuagenario enfatiza que hace más de cincuenta años, la población de su comunidad era escasa y por lo tanto, los caminos eran menos transitados. Eso volvía visibles a los guardabarrancos, pero en la actualidad se espantan con facilidad y verlos es más difícil. Los ruidos de las motos, los autos y la gente hablando los espanta, “ya no se ven como los abriles de antes”, asegura.

El jurista costarricense Jaime Robleto, destaca en uno de sus artículos, que si a esta ave se le aprisiona, se estrella contra la jaula hasta morir, porque nació para la libertad, y por ella vive y crece.

Una danza de amor antes de aparearse

La ornitóloga Salvadora Morales, es una estudiosa del comportamiento del Guardabarranco, y en sus observaciones, asegura que esta ave inicia su época reproductiva durante el mes de abril, pero desde marzo comienzan a cortejar a la hembra. El macho recoge hojas de colores, mariposas y frutas, para poder dárselos a la hembra y así conquistarla. El gesto está catalogado como una danza, un bello espectáculo de la naturaleza.

“En el mes de abril se puede escuchar su canto, aunque no es muy bonito, sin embargo, uno de los nombres comunes del Guardabarranco que recibe en Costa Rica es el: Torogoz porque su canto, suena como ¡torogoz! ¡torogoz! ¡torogoz! cuando busca conquistar a su pareja, durante este periodo que caminan en comunidad para protegerse”, explica Morales.

Esta ave que mide aproximadamente 35 centímetros, se posa en ramas, para detectar los insectos en vuelos, y algunas veces escarban el suelo como lo hace la gallina para encontrar otros tipos de insectos que le ayuda a alcanzar un peso entre 60 y 65 gramos. Según los expertos, con una buena alimentación, pueden llegar a vivir hasta más de ocho años.

Nuestra Ave Nacional proclamada con ese galardón en 1971 se encuentra en muchos departamentos del pacífico de Nicaragua, especialmente en Granada, Masaya, Carazo y Rivas. Sus vuelos no son muy largos, por lo cual permanecen en su hábitat cercano a los bosques secos.

“Esta ave busca los barrancos de piedra pómez, porque es una tierra suave, para construir con su fino pico su casa, y de ahí adopta el nombre de Guardabarranco, porque se guarda en estos peñascos”, enfatiza Morales.

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