Una isla rebautizada en medio del éxodo empresarial
La propuesta de Ali bin Haidar, presidente del grupo empresarial familiar Abdulla Ali bin Haidar Group, consiste en transformar parte de Cayo Santa María, a unos 385 kilómetros de La Habana, en un complejo turístico exclusivo identificado como Trump Island o Isla Trump. El empresario declaró a *The National* que "Cuba es demasiado atractiva como para ignorarla" y que ya ha firmado con el Gobierno cubano una carta con la intención de adquirir terrenos en la zona. Mientras tanto, la isla pierde socios: la minera canadiense Sherritt, las cadenas hoteleras Meliá, Iberostar y Blue Diamond, la naviera Hapag-Lloyd, la aerolínea Iberia y multinacionales como Visa y Mastercard han suspendido o retirado operaciones tras el endurecimiento de sanciones de Estados Unidos desde enero de 2026, lo que ha dejado al país con infraestructuras turísticas subutilizadas y sin acceso a financiación.
El giro del castrismo hacia cualquier capital dispuesto a entrar
El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, reconoció en una entrevista con *The New York Times* que está al tanto del plan para la Isla Trump y no expresó reparos a la posible participación de Donald Trump o su organización. Afirmó que, siempre que se actúe "pacíficamente" y respetando las leyes cubanas, La Habana no ve razones para excluir a ese capital, y subrayó que lo que impide a Trump invertir son las normas estadounidenses. De forma paralela, el viceministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Carlos Luis Jorge Méndez, aseguró a *The National* que Cuba es "un país abierto a la inversión" en sectores que abarcan desde minería y turismo hasta el sector inmobiliario, la banca y las finanzas, e insistió en que las diferencias políticas entre gobiernos no deberían bloquear la participación empresarial de Estados Unidos en la economía cubana.
Turismo hundido y crisis humanitaria por el cerco petrolero
La Oficina Nacional de Estadística e Información registró solo 30.883 visitantes internacionales en los primeros cinco meses de 2026, una cifra mínima para un país que hizo del turismo su principal motor económico tras 1959. El colapso del sistema electroenergético, la escasez de diésel, la falta de alimentos y la presión sobre los hospitales configuran un cuadro descrito desde La Habana como situación humanitaria, agravado por el cerco petrolero decretado por Washington. En este escenario, el Gobierno cubano ha presentado un amplio catálogo de activos para atraer divisas: hoteles inactivos, terminales de cruceros vacías, zonas costeras sin explotar y los 18 aeropuertos y 10 marinas internacionales se ofrecen a inversores extranjeros en condiciones preferentes, según reveló *The National* al acceder a reuniones confidenciales del sector turístico cubano con potenciales socios.
Capital árabe, diáspora y dilemas de soberanía
Además de Ali bin Haidar, el empresario egipcio Ahmed Faisal, conocido en la isla como "el arquitecto", ha mostrado interés en invertir en turismo, aviación, farmacéutica, minería y fertilizantes. El economista Ricardo Torres, exinvestigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana y profesor en la American University de Washington, señaló a *EL PAÍS* que "para salir de este atolladero, Cuba necesita capital, y una parte mayoritaria de este tiene que venir de fuera: de la diáspora, de gobiernos, de instituciones financieras internacionales". Al mismo tiempo, advirtió que "es lamentable" que, ante la urgencia económica, se terminen otorgando ventajas significativas a quienes llegan desde el exterior, mientras el tejido empresarial interno sigue constreñido por trabas regulatorias y falta de garantías. La eventual Isla Trump en Cayo Santa María cristaliza ese dilema: un proyecto que puede aportar empleo y divisas, pero que profundiza la dependencia de socios externos en un país que, asfixiado por las sanciones y los apagones, intenta redefinir los límites de su soberanía económica.