Un corredor millonario con sello estadounidense
Según el comunicado conjunto difundido tras la firma, el Corredor Andes-Atlántico tiene como objetivo “facilitar la inversión pública y privada en transporte, energía e infraestructura digital” y consolidar a Estados Unidos como “un socio fundamental en infraestructura e inversión para Argentina”. La financiación estará a cargo del Banco de Importaciones y Exportaciones de Estados Unidos y comenzará en 2027, orientada principalmente a la compra de bienes y servicios estadounidenses. El proyecto prioriza la conexión terrestre y portuaria entre el yacimiento de Vaca Muerta, en las provincias de Mendoza y Neuquén, y los puertos comerciales del Atlántico para exportar petróleo y gas licuado. De acuerdo con la información oficial, “las exportaciones de minerales, petróleo y gas aumentarán a través de inversiones estadounidenses e inversiones respaldadas por los EE.UU. en ferrocarriles, vías navegables, puertos, oleoductos e infraestructura de generación y transmisión de energía, construidas sobre una base de tecnología confiable que busca garantizar una eficiencia óptima y máxima ciberseguridad”.
Vaca Muerta, Argentina LNG y la promesa de divisas
El primer gran beneficiario del corredor será Vaca Muerta, operado por la petrolera estatal YPF, que ya cuenta con el proyecto Argentina LNG para producir unas 12 millones de toneladas de gas licuado al año. Ese esquema tiene comprometidas inversiones italianas y de Emiratos Árabes Unidos por cerca de US$21 000 millones, destinadas a plantas de extracción y unidades de licuefacción. Con el nuevo acuerdo, la intención declarada es sumar suministros y tecnología estadounidenses para mejorar la salida de esos volúmenes hacia los mercados globales y reducir riesgos de financiamiento a largo plazo. El presidente de YPF, Horacio Marín, citado por Pablo Quirno, sostiene que el proyecto podría generar hasta US$200 000 millones en exportaciones en dos décadas y atraer hasta US$100 000 millones en inversión. No obstante, un estudio de BBVA Research de agosto advierte que Argentina necesita alrededor de US$20 000 millones adicionales en gasoductos, centros de procesamiento y conexiones logísticas para evitar un “cuello de botella” donde la producción supere ampliamente la capacidad de transporte.
Litio, cobre y la disputa soterrada con China
Más allá del gas y el petróleo, una parte sustancial del Corredor Andes-Atlántico se dirige a los llamados minerales críticos, en particular litio y cobre. El comunicado oficial enmarca esta línea en el Acuerdo Marco de Minerales Críticos EE.UU. -Argentina, que busca “respaldar la minería y el procesamiento de minerales críticos, avanzando en los compromisos para asegurar las cadenas de suministro y promover la diversificación de las cadenas de suministro globales”. Argentina es el tercer país con mayores reservas de litio del mundo y ya tiene varios contratos con empresas chinas, sobre todo en la provincia de Jujuy y el noroeste del país. Consultado sobre si el corredor incluye condicionamientos respecto a inversores chinos, Pablo Quirno respondió: “No, no hay ninguna condicionalidad. La alianza estratégica con Washington no va en detrimento de la relación comercial de Argentina con China”. Sin embargo, analistas citados por BBC News Mundo sostienen que Estados Unidos pretende ganar terreno frente a la presencia de capitales chinos en litio y otros metales clave para la transición energética global, ofreciendo financiamiento, respaldo político y acceso a su mercado como contrapeso.
Aduanas digitales, fibra óptica y el factor político
El acuerdo incluye también un capítulo de “aduanas digitales” que prevé apoyar el uso de “tecnología confiable” y cooperar en la seguridad de plataformas y equipos de inspección aduanera. Para especialistas en telecomunicaciones como el analista Enrique Carrier, el corredor se traduciría en mejoras de la red de fibra óptica y de la infraestructura tecnológica que soporta la exportación de recursos y la gestión fronteriza. Carrier califica el entendimiento como una situación beneficiosa para ambas partes, que le permite a Argentina afrontar parcialmente su déficit crónico de infraestructura, mientras que Estados Unidos asegura rutas seguras de suministro energético y minero. Desde la perspectiva política interna, el acuerdo refuerza al presidente Javier Milei en un año electoral y actúa como señal de respaldo del Gobierno de Estados Unidos a futuros inversionistas, en un país con un historial conflictivo de pagos. Para los próximos años, el desafío será si el ambicioso Corredor Andes-Atlántico logra materializar los montos prometidos, reducir la dependencia de infraestructura obsoleta y equilibrar la creciente competencia entre Washington y Pekín sobre el subsuelo argentino.