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Domingo, Julio 05, 2020

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Stereo Romance - Internacionales

175 infantes fueron violados entre 1941 y 2019, según un un informe de Los Legionarios de Cristo que acusa a miembros de su congregación de los delitos.

La "gran mayoría", admiten en el informe, fueron niños adolescentes de entre 11 y 16 años.Según el documento, su fundador, el mexicano Marcial Maciel, abusó de 60 menores.

En un comunicado de la Santa Sede de 2010, emitido tras una visita a los legionarios, se describen los comportamientos de Marcial Maciel, fundador de esta congregación, como "auténticos delitos" y dicen que su vida fue "carente de escrúpulos".

"Dicha vida era desconocida por gran parte de los Legionarios, sobre todo por el sistema de relaciones construido por Maciel, que había sabido hábilmente crearse coartadas, ganarse la confianza, familiaridad y silencio de los que lo rodeaban", asegura el comunicado.

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Otro de los sacerdotes acusados es Fernando Martínez, quien, tras ser denunciado públicamente por varias de sus víctimas en México, ha admitido haber cometido abusos. 

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Testimonio de una víctima

Biani López Antúnez ha estado en el ojo de los medios de comunicación tras hacer pública su denuncia, en la que asegura que fue violada desde los 8 hasta los 10 años. Testimonio que respalda con una carta que escribió en ese entonces en la que le contaba a su maestra que el sacerdote y director de la escuela les daba a ella y sus compañeras "besos cada vez más cerca de la boca" y "las cargaba entre las piernas".

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Este es el testimonio Biani López Antúnez ahora de 37 años 

Cuando tenía 8 años mi familia se mudó de Ciudad de México a Cancún. Mis padres me metieron a una escuela de los Legionarios de Cristo, sin poder imaginar los terribles abusos que sufriría a manos del director y sacerdote, Fernando Martínez. Fui alumna fundadora del Instituto Cumbres en Cancún, en 1991. La escuela todavía estaba en construcción cuando comenzamos las clases. Yo tenía 8 años y entré a tercero de primaria. Mis padres habían decidido que nos fuéramos a esa ciudad, que entonces era todavía muy pequeña, para que creciéramos en un entorno más sano y más cerca de la naturaleza. El director de la escuela era el sacerdote Fernando Martínez. Ahora sabemos que Martínez había sido nombrado, a pesar de haber sido ya acusado de abusos sexuales en otros colegios de Ciudad de México y Saltillo, narró López a la BBC Mundo. 

López relata en la entrevista concedida a BBC que el mismo Martínez había reconocido una acusación del 91 e incluso pidió no ser trasladado a Cancún, porque no se sentía "firme" para aceptar esa responsabilidad tras las acusaciones.  Aún así, los legionarios pusieron el colegio a cargo de un depredador sexual, que continuó con su comportamiento criminal a sus anchas. "Martínez fue ganándose nuestra confianza y fue aumentando sus abusos gradualmente"-

Empezó con besos en la mejilla que cada vez nos daba más ceca de la boca, como de forma accidental.Y así, fue subiendo de tono, con abusos mas graves, hasta que llegó a violarnos. Lo hizo en múltiples ocasiones.

Maestra cómplice de abusos

Estaba coludido con una maestra, que sacaba a un grupo de tres niñas de nuestros salones de clases y nos llevaba a la dirección o a la capilla. Allí, cerraban las cortinas, las puertas y nos hacía todo tipo de cosas horribles. 

A veces nos hacía leer la biblia, nos daba hostias o jugaba con los símbolos sagrados para distraernos y confundirnos, y poder abusar de nosotras. Las niñas salíamos llorando y nadie decía nada. A mí me abusó durante dos años, desde que tenía 8 años hasta los 10. Además, me hacía ver cómo abusaba de otras niñas.

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Biani López Antúnez no ha logrado superar que fue violada por un sacerdote de los Legionarios de Cristo por dos años.

Fue algo terrible. Yo era muy pequeña y no entendía lo que estaba pasando. En un principio él era una figura de autoridad total. Era el sacerdote de la escuela, que supuestamente representaba a Dios. Además, era la máxima autoridad de la escuela. ¿Cómo ese señor podría hacer algo malo?, continúa relatando Biani

Yo lloraba mucho. Todas llorábamos. Me acuerdo que me encerraba en el baño de la escuela a llorar y llorar. Regresaba a clases y me acostaba en la banca y seguía llorando. Poco a poco tomé conciencia de estar siendo abusada. No podía con mis emociones y con mi cuerpo.

Tengo recuerdos muy vívidos de ciertos abusos. Me acuerdo muy bien de una vez que me hizo ser testigo de cómo violaba a otra niña más pequeña que yo, en la capilla de la escuela. Ahí me di cuenta de que esa pequeñita estaba sufriendo y que yo tenía que hacer algo por protegerla.

En una ocasión, una maestra de la escuela entró al baño y descubrió a un grupo de niñas que llorábamos. Nos preguntó qué nos pasaba, pero le dijimos que no podíamos contarle. Nos pidió que escribiéramos una carta. Yo la escribí, pero la dirigí a mi maestra, Lorena. Además de los besos, yo pude articular que nos cargaba entre las piernas.

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En nuestra mente infantil era difícil discernir que la maestra Aurora era su cómplice y que ella nos llevaba con él a sabiendas de lo que nos estaba haciendo. Así que le dijimos lo que estaba pasando. Ella nos dijo que lo iba a solucionar, pero que no se lo dijéramos a nuestros papás. Pero fue justo lo que hicimos.

Yo se lo dije a mi mamá y ella habló con otras mamás de las niñas que yo sabía que habían sido abusadas. Ellas hablaron con Eloy Bedia Diez, que era el nuevo director territorial de los Legionarios, era junio de 1993.

Ahora sabemos que en diciembre de 1992, Ana Lucía Salazar, que era un año más pequeña que yo, le había dicho a sus papás que Martínez abusaba de ella repetidamente. A ella la violaba a solas. Cuando hablaron con Martínez les dijo que la niña "había malinterpretado todo".

Acudieron también con Bedia y con el obispo Jorge Bernal, que no hicieron nada. Seguramente pensaron que la denuncia de una sola niña no les iba a causar problemas. Sus padres la sacaron de la escuela y volvieron a vivir en Monterrey. Cuando nosotras cuatro lo acusamos también, Bedia informó a los padres de los alumnos que Martínez ya no estaba en Cancún. Sabemos que lo sacaron del país y se lo llevaron a Salamanca, en España, y lo pusieron en un noviciado, también en contacto con menores.

Bedia escribió recientemente que después de reunirse con nuestras mamás se reunió con todos los padres de familia de la escuela. Lo que no especifica es que a esa segunda reunión no invitó a las madres de las víctimas. Y a ellos les contó una historia diferente. Les dijo que Martínez se tuvo que ir de México por un problema en el corazón y lo iban a operar en Miami.

Con Martínez fuera del país, mis padres ni siquiera pudieron denunciarlo legalmente.

No sabemos cuántas víctimas fueron en nuestro colegio. Pero seguro que su informe se queda muy corto. Solo reconoce a quienes los acusamos públicamente. Y dice que algunas otras acusaciones son falsas. Por ejemplo, Martínez fue acusado de abusos sexuales por primera vez hace 50 años, en 1969. Y estuvo en contacto con niños por muchos años.

Martínez le envió una carta a Ana Lucía pidiéndole perdón

Ana Lucía Salazar, ahora presentadora de radio y televisión en México, fue la primera en denunciar los abusos en el Instituto Cumbres de Cancún.

A raíz de sus denuncias, en noviembre del año pasado, Martínez le envió una carta a Ana Lucía pidiéndole perdón.

"Estoy horrorizado y quiero con este breve mensaje apelar a tu generoso corazón y pedirte de rodillas perdón. Nadie más que Dios y tú pueden darme la paz", dice.

"Sé que mi proceder de aquel entonces no estuvo a la altura de mi condición de sacerdote que debe acercar a las almas a él confiadas a Dios y máxime tratándose, como educador, de una persona con nuevas responsabilidades con las personas a él confiadas. No tengo justificante y lo deploro", continúa.

Ahí también habla de las penas que le han sido impuestas: no tener ningún ministerio sacerdotal público, no vestir sotana y mantener una vida de oración.

Me parece que esos castigos son de risa para alguien que ha abusado sistemática y repetidamente de niños. Un depredador sexual, un pedófilo confeso.

Carta de Fernando Martínez pidiendo perdón a Ana Lucía Salazar.

Foto de la carta Ana Lucía Salazar Proporcionó a BBC Mundo.

Ahora, Martínez tiene 80 años y está recluido en una casa de Roma, cumpliendo un castigo supuestamente duro para él. Pero sus encubridores están manejando la legión.

Biani finaliza la entrevista diciendo: 

"A las víctimas que no han hablado públicamente las entiendo. Cada quien tiene sus tiempos, lo procesa diferente. Yo lo respeto. A lo mejor ellas dentro de unos años quieren hacer su denuncia. O tal vez nunca la quieran hacer. Eso también se respeta. Yo sé que están rotas, porque yo también lo estoy". 

Entrevista e información de Biani a BBC Mundo