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Dom, 07 Junio

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Lady

Impunidad impera en la muerte de miembros de la diversidad sexual en el país. Lo que sumado a la saña con que fueron asesinados, duplica el drama de sus familias, que en algunos casos se han resignado a esperar castigo divino del que, según dicen, nadie escapa.

La Asociación Nicaragüense de Trans contabiliza 48 crímenes desde el 2011 a la fecha. La mayoría de estos casos suelen quedarse en expedientes sin solución y los pocos que avanzan, se resuelven lento y con un castigo que queda lejos de darles tranquilidad a sus parientes.

“Nosotras como organización hemos venido recepcionando para tener un registro, una base de datos, de los casos de violaciones de derechos humanos, crímenes de odio, agresiones físicas y psicológicas a mujeres transgénero específicamente”, expresó Ludwika Vega, presidenta de Anit.

“Llevamos un registro de 48 casos. Destacan, entre ellos, casos de crímenes de odio no solo en Managua, tenemos dos de Nandaime y tres de Masaya… Cuatro quedaron impunes, la Policía incluso dijo que no hubo evidencia en algunos”, detalló.

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Lady y Rorro (así se hacían llamar) fueron asesinados a finales del año pasado. Sus familiares todavía siguen esperando que haya justicia, pero las autoridades o no muestran interés, o los hechores han sido más ingeniosos que sus técnicas de investigación y los han logrado burlar.

La transgénero Lady, de 22 años, fue asesinada de un disparo en la cabeza y otro en el tórax la noche del 19 de noviembre pasado, de los semáforos de la Kativo, una cuadra al este, sobre la Carretera Norte. Su nombre legal era Noel Antonio Martínez. Era trabajadora sexual y muy querida entre los que la conocieron.

El crimen ya parecía estar resuelto, ya que dos transgénero que acompañaban esa noche a Lady, dijeron a la Policía que el responsable de su muerte era Alenzo Presby Hitler, de 22 años, alias el Negro.  “Después del entierro fui a la Policía y el investigador que lleva el caso me dijo que tenían a dos personas que estaban con él. Y acusaron a ese Negro”, confió Johana del Carmen Martínez, hermana de Lady.

“El día que yo fui me dijeron que le estaban haciendo unas pruebas de parafina, para detectar si había utilizado armas. Después fui a la siguiente semana y me dijeron que las pruebas salieron negativas y que no fue él”, detalló. Lady tenía golpes en el rostro. Aparentemente quiso defenderse de su agresor o agresores, quienes además le robaron una cadena de plata.

A un día de cumplirse cuatro meses del crimen, familiares de la víctima siguen esperando justicia. “Me dicen que no saben nada y que no hay testigos. Y no tienen pruebas y que siguen investigando”, afirmó Johana. A la joven la recuerdan con nostalgia. Siempre mencionan sus buenas acciones y aseguran que no merecía una muerte tan violenta, como tampoco que los autores que le arrebataron su vida estén libres y causando daños a otros. Señalaron que la fallecida ayudaba a sus padres, quienes ya no alquilaban porque les había comprado un terreno. También estaba pagando su propiedad.

Johana no se explica por qué asesinaron a Lady. Afirma que no era problemática y lo único que le gustaba era tomar y frecuentar fiestas. “Mis papás están bastante tristes. Era bien pegado con mi mamá. Era cariñoso, todo con mi mamá. Ella está bastante afectada todavía”, dijo resignada.

A la progenitora de Lady, también le dio mucha tristeza al saber que el autor del crimen sigue libre.

En estos casos, las familias tienen que soportar la forma en que las autoridades policiales los asumen. Aseguran, por ejemplo, que siempre les insinúan que la muerte la tenían merecida por sus opciones sexuales o por la forma en que se ganaban la vida.

“Nosotros queremos justicia. Que agarren a esa persona. Queremos saber por qué hizo eso. ¿Qué le haría mi hermano para que le hiciera una cosa así?”, se preguntó la hermana de la víctima.  “Yo estoy muy afectada. Yo sí quiero que lo agarren, quién fue y por qué hizo semejante cosa”, finalizó Johana.

Algo que llama la atención en relación con casos como el de Lady, es que en el país existe una procuradora de la diversidad sexual, que tiene sus oficinas en la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, pero su actuación es totalmente decorativa desde que este gobierno volvió invisible a sus funcionarios.