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Periodista Alberto Cano Esteban.

En la Cruz, además de su preciosa sangre, Jesús, nos dejó un regalo singular; a su madre, la Virgen María, como madre de la iglesia y madre nuestra.

Creer o no, es un asunto de cada cual, pero La Virgen, a quien los católicos recurrimos con frecuencia, es madre de todos, como Dios con todo su nuevo pueblo, sin hacer excepciones de "Salvos y Condenados" en su Nueva Viña, ella nos ama y hasta ruega y suplica al Padre que no seamos juzgados conforme nuestros pecados.

Una predestinada, elegida como dice el profeta, desde el vientre de la madre para llevar en su vientre al Salvador del mundo.

Pura desde su Concepción y Asunta al Cielo junto a su hijo, porque la que llevó en su vientre al redentor no podía conocer la corrupción del sepulcro.

Venerada, sin llegar a ser Adorada, o antepuesta a su hijo o al mismo Dios, María, es y seguirá siendo para los católicos, una Madre, en quien podemos confiar siempre, ella nos lleva al Padre y al Hijo, y nos manda obedecer, como dijo en las bodas de canan... Hagan lo que el les dice.

Ella, es el modelo perfecto de obediencia que es finalmente el sentido de toda la palabra revelada, desde el génesis hasta el apocalipsis, amar Dios sobre todas las cosas y nuestro prójimo como a nosotros mismos, y amar, es obedecer, por eso como dijo San Alberto Magno...Jesús es el camino al padre y María, su madre, la que nos abre las puertas del cielo.

Hoy en esta noche de Griteria cuando nuestra madre une a todos sus hijos en Nicaragua, gracias madresita linda por todo lo que me has dado, pues en medio de mi propia Miseria Humana, nada de lo que venga de Dios, ni de usted madre mía merezco.