*Foto cortesía: La Prensa

Luis Enrique y Carlos Mejía se pronuncian oficialmente a través de un comunicado

Somos artistas, amantes del progreso, del desarrollo social y de una paz digna, sin camisas de fuerza y en total libertad de expresión.

Hace 50 años iniciamos nuestro oficio de cantores, cuando éramos unos jóvenes que, junto a muchos en Nicaragua y América Latina, creíamos que podíamos cambiar el mundo, o por lo menos, contribuir a crear una conciencia en la lucha por la paz, y el sueño de un mundo justo e igualitario.

Somos hijos de Darío y Sandino, orgullosos de una generación que, a cambio de nada, dio su sangre y su vida, para crear las condiciones en la larga lucha contra la dictadura somocista, para hacer posible el sueño de construir una verdadera patria libre.

Tomamos, de la enorme capacidad de sacrificio de nuestro pueblo, la materia prima para escribir nuestras canciones sin imaginar que nuestro canto iba a reverdecer en el corazón de nuestra gente y hacerse clamor colectivo, trinchera, luz, esperanza. Nos sentimos muy orgullosos por esto y por eso, siempre hemos estado del lado de los humildes, los descalzos, los marginados.

Hoy, apenas 40 años después de aquellos años de persecución, tortura y crímenes, especialmente contra los jóvenes, cuando pensábamos que jamás volveríamos a ver el odio nuevamente incubado en el corazón de los que tienen el poder y las armas, desgraciadamente, y muy a pesar de los intentos de buscar el entendimiento, la tolerancia, la justicia y el diálogo, la fuerza brutal de la represión de los Antimotines, apañando a fuerzas de choque de jóvenes paramilitares de la Juventud Sandinista, lanzaron gases, garrotearon, dispararon balas de goma y de plomo contra una manifestación pacífica de jóvenes y población que expresaban su inconformidad contra la recién ley aprobada del INSS, con un saldo de más de sesenta muertos, una cantidad igual o más de heridos, y desparecidos. Todo esto le ha vuelto a recordar a nuestra población, los años más oscuros de la impunidad somocista.

Por eso, no solo no podemos callar ni ser indiferentes. Estamos comprometidos con la sangre de estos jóvenes y el ejemplo que están dando a nuestra sociedad, más allá de posiciones políticas y banderas ideológicas.
Por esta razón, no para ser protagonistas de nada. No para ser aplaudidos ni premiados por nadie. Tampoco para justificar absolutamente nada.
Manifestamos nuestra solidaridad con los jóvenes universitarios y exigimos que sus peticiones sean escuchadas y se cumplan y se haga justicia con la investigación de los crímenes cometidos castigando a los culpables.

No queremos más muertos ni mártires. Necesitamos escuchar la palabra de los jóvenes que siempre han sido los grandes protagonistas de los cambios en el mundo. Nuestro pueblo que pensaba que su juventud era conformista, sin valores y sin horizonte… La generosa sangre de estos jóvenes ha respondido y debe llamarnos a una reflexión profunda para preguntarnos al fin, que país queremos construir y a qué precio.

Por una Nicaragua verdaderamente libre y soberana.

Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy
Managua, Nicaragua, 26 de abril, 2018

*Foto cortesía: La Prensa