Martes 18 Junio 2024
Nacionales

Exiliada logra sacar su línea de labiales bajo la marca Sarah Collections

Llegó a EE.UU como solemos decir “con una mano adelante y otra atrás”. Hoy cuenta con dos negocios y está a punto de abrir el tercero.

 Sarah Salgado es una joven madre exiliada en EE.UU desde hace tres años.
Sarah Salgado es una joven madre exiliada en EE.UU desde hace tres años.

Desde el día uno de las protestas de abril 2018 Sarah Salgado –hoy de 34 años, exiliada en Miami—, sintió el compromiso de luchar por la libertad de Nicaragua. Decidió participar activamente en cada una de las marchas que se organizaron contra la dictadura de Ortega y Murillo, sin imaginar el precio que tendría que pagar: el exilio.

La última de esas marchas fue en su ciudad natal, Sébaco. Allí uno de los policías que reprimió a los protestantes la apuntó directo a la frente con su arma. “Yo solo llevaba un ramo de rosas en las manos”, recuerda, “y a la hija de un hermano exreo político”, que al ver la actitud del policía corrió para ponerla a salvo. “No sé por qué no me disparó, creo que fue un milagro”. 

También cuenta que regó chimbombas azul y blanco por las calles de su ciudad y apoyó a los muchachos que estuvieron en los tranques con ropa, comida y dinero.  “Esos fueron mis delitos, según la dictadura”.

Sarah decide irse al exilio para proteger su vida cuando el asedio en su contra, por parte de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC) y de los paramilitares, arrecia. “Mandaban a mi casa papeles con amenazas escritas. Hasta que un día cumplieron y rafaguearon la casa de mi mamá. Toda mi familia tuvo que emigrar. Ya no estábamos seguros en ninguna parte”. 

Cuando salió del país, Olga Delgadillo y Rosario Tinoco –dos CPC de su comunidad—, la denunciaron a ella y a su hermano por participar en las protestas. “Nos decían tranquistas y delincuentes, pero yo me siento orgullosa de haber participado en las protestas y lo volvería a hacer. No fui ni soy delincuente, los delincuentes son ellos”, enfatiza.

Antes del 2018 la vida de Sarah transcurría de forma tranquila, cómoda. No llevaba una vida de lujos, pero tampoco le hacía falta nada esencial gracias a un pequeño negocio de cosméticos, bisutería, ropa y calzado del que era dueña junto a su mamá y sus hermanas. 

Y es que si algo ha caracterizado la vida de esta joven nicaragüense es su espíritu de superación. 

Al momento de las protestas ella cursaba el segundo año de magisterio en la Escuela Normal de Matagalpa. Antes había estudiado un secretariado ejecutivo en el INTAE y un curso básico de computación. 

También soñaba con poner un negocio de decoración de eventos infantiles, para el que se preparó haciendo varios cursos. Aunque fue duro para ella perder toda su inversión, “nunca voy a arrepentirme de haber participado en las protestas”.

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Uno de los emprendimientos de Sarah es su propia línea de labiales Sarah Collections.

Una dura travesía en el exilio 

Sarah narra esta parte de su vida con voz entrecortada y califica su salida de Nicaragua como “lo más difícil” que le ha tocado vivir. “Llevaba el alma destrozada”. 

Ella, su entonces esposo, sus tres hijos y Dios salieron de madrugada por puntos ciegos del lado de Honduras, con el miedo a flor de piel. No iban acompañados de un coyote.

“Yo trataba de enfocarme en ideas positivas y no dejaba de repetirme que pronto todo sería parte del pasado. Agarraba mi teléfono y hacía fotos y videos jugando con mis hijos, para que el miedo no me paralizara”. 

Al recordar con dolor la soledad que sintió en el camino ya no puede disimular el temblor en sus labios. Hace una pausa en la conversación para secarse la humedad de los ojos y prosigue su relato, pero esta vez hay un resto de amargura al recordar la actitud de su abusador compañero de vida.

“Más que tenerlo como apoyo era como llevar una piedra en el zapato. Todo lo veía mal. Le molestaba que tratara de hacer un poco divertido el viaje para los niños. No paraba de quejarse y de reclamarme el tener que huir como ladrones por haber participado en la lucha por liberar a Nicaragua. Fueron seis meses de viaje muy frustrantes. Terminamos divorciándonos”, describe.

Además corrieron algunos peligros en el trayecto. Al llegar a la frontera entre Guatemala y Honduras casi fueron víctimas de estafadores que les ofrecieron ayuda para pasar y no era cierto. Y en México estuvieron a punto de ser secuestrados por un taxista. “Solo Dios sabe cómo nos salvamos de todo eso”.

Sin embargo, Sarah también reconoce que hubo buenas personas que les ayudaron dándoles trabajo y haciéndoles menos triste su estadía por dónde pasaban. “Esa Navidad, por ejemplo, no tuvimos nada, pero conocí a una hondureña que se portó como una hermana. Iniciamos una bonita amistad”.

“Primero Dios y después el celular¨

“Mi mayor motivación para seguir adelante sola, sin un techo y en un país extraño con tres niños pequeños fue mi familia, principalmente mi mamá”, explica, “ella siempre me recordaba que yo no había hecho nada malo y que no me rindiera”.

Dormir en la calle por más de mes y medio, sin embargo, no fue fácil. Su primer trabajo fue limpiando un restaurante, pero no le pagaban mucho así que pronto lo dejó. Luego trabajó como cajera en un supermercado, pero solo duró dos meses porque su hijo de año y medio enfermó. “Pero nunca dejé de buscar alternativas”.

Perdió varios trabajos, porque en algunas ocasiones no tenía con quién dejar a los niños y en otras por las malas condiciones laborales. Su exesposo la maltrató física y verbalmente antes de separarse y nunca le ha pasado manutención. “A pesar de todo logré ahorrar un poco y todas esas malas experiencias me han llevado donde estoy ahora”.

Dicen que la necesidad es la madre de la creatividad y fue, precisamente, para no dejar a sus hijos solos y no aguantar los malos tratos de algunos empleadores, que se le ocurrieron varias ideas para emprender.

“Comencé vendiendo productos (cosméticos, joyas y lencería) desde casa y luego saqué mi propia línea de labiales bajo la marca Sarah Collections. Espero agregar pronto una línea de carteras y ropa”, comenta entusiasmada. 

Al mismo tiempo dice que hacía horas de Uber y sacó una licencia para vender seguros con lo que se ayudó económicamente por un tiempo. “Pero lo que me impulsó hasta poder comprar mi casa fue la empresa de reparación de crédito”, destaca.

“Conocí a una colombiana, a través de mi arma secreta: el celular. Ella me llevó a los cursos de capacitación que me ayudaron a fundar el negocio, Salgado the Best in Credit Repair and Associates LLG”. Esta es una empresa que se encarga de ayudar a limpiar el crédito de sus clientes y la dirige junto a cuatro asociados más. “Yo siempre digo: Primero Dios y después el celular”, comenta entre risas. 

Sarah sueña con volver un día a Nicaragua, “pero no mientras siga esta dictadura”.

Su próxima meta profesional es convertirse en escritora y para ello ya realizó un curso en la Escuela de Autores de Miami. “Quiero escribir acerca de los abusos que se cometen contra las mujeres, la discriminación y enseñarle al mundo en qué consiste la libertad de la mujer”, finaliza.

“Unos triunfan sin dinero. Unos triunfan sin estudios. Unos triunfan solos. ¿Cuál es tu excusa?”, escribió en una red social hace unos meses.

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