Una caminata de tres días con bebés al borde del colapso
Los hermanos Hassan nacieron prematuros en las montañas de Kahboub, en el suroeste de Yemen, justo cuando se intensificaban los enfrentamientos entre los rebeldes hutíes y las fuerzas gubernamentales. Cuando los hutíes llegaron a su aldea, la familia se vio obligada a huir bajo bombas, misiles y ataques con drones, con los gemelos protegidos apenas por mantas. Su padre, Bajash Ali Sagir Hassan, relató que la travesía hacia la ciudad portuaria de Adén duró tres días a pie, sin transporte disponible: “Fue muy difícil” y, según explicó, solo “una persona amable” accedió a llevarlos al cuarto día, mientras otros se negaron.
Desnutrición aguda grave en un sistema sanitario al límite
Al llegar al hospital al-Sadaqah, los gemelos estaban extremadamente debilitados. El diagnóstico fue contundente: desnutrición aguda grave, una condición que el personal describe como tan letal como cualquier proyectil. Raad era el más enfermo; se le marcaban las costillas y respiraba rápido y de manera superficial. La familia contó que, por el aumento del precio de la leche infantil provocado por la guerra, a veces solo podían ofrecerles agua. Las escenas dentro de la unidad pediátrica muestran un sistema colapsado: de las 22 camas disponibles, solo se admiten 13 pacientes por la falta de financiación internacional, personal y equipamiento, lo que deja a muchos menores sin la atención que necesitan.
El filtro implacable de la pobreza y la guerra
La enfermera supervisora Aisha Ragab, desplazada ella misma por la guerra en 2018, se convirtió en la principal aliada de la familia dentro del hospital. “Me compadezco de ellos, porque yo misma ya he vivido esa situación”, explicó, antes de prometer que “lo solucionaré haciendo que los gemelos compartan cama... para que podamos salvarlos”. Finalmente, logró que Raghad y Raad fueran ingresados en una sola cama, mientras su madre Lina intentaba alimentarlos con leche fortificada. Raad no conseguía retenerla y su madre, con voz baja, se limitó a expresar su esperanza: “Si Dios quiere”. Fuera de la sala, Bajash cuidaba de sus otros tres hijos menores de cinco años, que terminaron durmiendo en la calle por no poder quedarse en el hospital.
UN: el hambre como frente silencioso de la guerra
Para Naciones Unidas, la desnutrición es hoy una crisis dentro de otra crisis. El organismo calcula que este año medio millón de niños yemeníes podrían sufrir desnutrición aguda grave, agravada por el colapso de un alto el fuego informal durante el verano boreal. Desde entonces, los hutíes han avanzado a lo largo de la costa del mar Rojo hasta aislar por completo Taiz, la tercera ciudad más grande del país, dejando a la población civil bajo “grave riesgo” y ante una fuerte escasez de alimentos por el incremento de los precios. Mientras el gobierno reconocido internacionalmente intenta responder con apoyo de ataques aéreos saudíes, familias como la de los Hassan quedan atrapadas entre el fuego y el hambre, sin recursos, sin hogar y con sus hijos dependiendo de un sistema sanitario que apenas puede sostener a los casos más críticos.
Médicos desbordados y niños que vuelven una y otra vez
En los pasillos de paredes rosadas del hospital al-Sadaqah, la doctora Noor Mohammed admite que la falta de equipos y de recursos les cuesta vidas: “Es triste decirlo, pero perdemos pacientes [debido a estas condiciones]”. La médica denuncia la ausencia de respiradores artificiales, botellas de oxígeno y pruebas de laboratorio básicas. Muchos niños dados de alta vuelven días después porque sus familias no pueden pagar una alimentación adecuada, vitaminas ni antibióticos: “A veces, un niño regresa después de una semana o dos días... Todos los niños que están aquí vienen porque sus padres no tienen nada”, subraya. Con el hospital al-Sadaqah atendiendo principalmente a familias sin recursos y dependiendo de financiación externa insuficiente, la historia de Raghad y Raad se convierte en un símbolo del futuro comprometido de toda una generación yemení, marcada por la guerra, el desplazamiento y la malnutrición crónica, a la espera de que la comunidad internacional refuerce la ayuda humanitaria y la protección a los civiles.