Miércoles 23 Septiembre 2026
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Estados Unidos: La visita de Xi Jinping que pone a prueba 14 años de poder absoluto en China

Xi Jinping, de 73 años y con casi 14 años al frente de China, aterrizará este miércoles en Washington DC para su primera visita de Estado a Estados Unidos en 11 años, un regreso que contrasta con el viaje de estudios que realizó hace cuatro décadas al Medio Oeste, cuando era un funcionario de bajo rango y recorría granjas en Iowa alojado en casas de familias locales.

Xi Jinping llega a Washington DC para su primera visita de Estado a Estados Unidos en 11 años
El presidente de China, Xi Jinping, viaja a Washington DC para su primera visita de Estado a Estados Unidos en 11 años, tras casi 14 años al frente del Partido Comunista de China y en medio de una relación marcada por la competencia tecnológica, comercial y militar entre ambas potencias. (Foto: Reuters)
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Del privilegio a la persecución: los años que moldearon al líder

Nacido en 1953 en Pekín como sexto hijo de Xi Zhongxun, un revolucionario comunista que llegó a viceprimer ministro, Xi Jinping creció entre escuelas de élite y beneficios reservados a las familias cercanas al poder. Ese mundo se derrumbó cuando su padre fue acusado de formar parte de una supuesta "facción antipartido" y expulsado del Partido Comunista de China, además de ser enviado a trabajar a una fábrica. Marcado como hijo de un presunto "contrarrevolucionario", Xi fue forzado a integrarse en un programa de reeducación rural durante la Revolución Cultural impulsada por Mao Zedong. Con solo 15 años, lo enviaron a la remota aldea de Liangjiahe, en la provincia de Shaanxi, donde vivió cerca de 7 años en cuevas excavadas en las laderas, realizando trabajos agrícolas, transportando estiércol y cavando zanjas. Años después, describió ese exilio con crudeza: afirmó que en el tren de salida "todos en el tren lloraban. Yo era el único que sonreía. Si no hubiera salido de ahí, habría llorado. Si me hubiera quedado, ni siquiera sé si seguiría vivo". Sobre la dureza de esa etapa llegó a decir que "los vegetales encurtidos se convirtieron en mi comida favorita" y que "incluso hoy los recuerdo con cariño", un relato que Pekín utiliza hoy para construir la imagen de un dirigente resiliente y sacrificado.

Ascenso controlado y consolidación de poder

Tras abandonar Liangjiahe con 22 años, Xi Jinping ingresó en la Universidad de Tsinghua para estudiar ingeniería química, una credencial académica clave en la élite china. Su trayectoria posterior transcurrió lejos de Pekín, en provincias costeras como Fujian y Zhejiang, que despuntaban como laboratorios de la apertura económica de los años ochenta. La rehabilitación política de Xi Zhongxun facilitó su acceso al gobierno central y a las Fuerzas Armadas, donde comenzó a tejer la red de apoyos que luego se convertiría en su círculo de máxima confianza. En 2007, tras un breve paso como máximo dirigente de Shanghái, se incorporó al Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista de China, el núcleo duro de decisión del país. Cinco años más tarde sucedió a Hu Jintao como líder del Partido, y desde entonces ha impulsado una reconfiguración profunda del sistema: eliminó de la Constitución el límite de 2 mandatos presidenciales, abrió la puerta a permanecer en el poder de forma indefinida e introdujo su propia doctrina, el "Pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era", en el canon ideológico oficial.

Relación con Estados Unidos: de las granjas de Iowa a la rivalidad estratégica

Mucho antes de convertirse en el dirigente más poderoso de China en generaciones, Xi Jinping tuvo un primer contacto cordial con Estados Unidos. En un viaje de estudios hace cuatro décadas visitó Iowa, recorrió explotaciones agrícolas y se alojó con una familia local. Los medios estatales chinos han enfatizado repetidamente esa experiencia y su amistad con Terry Branstad, entonces gobernador de Iowa y posteriormente embajador de Washington en China durante la presidencia de Donald Trump, como prueba de sus supuestos vínculos personales con el país. Hoy el escenario es otro: la relación bilateral está atravesada por aranceles recíprocos, controles a la exportación de tecnología avanzada y una rivalidad militar que se extiende desde el mar de China Meridional hasta el estrecho de Taiwán. Lejos de la narrativa de cooperación de décadas anteriores, Xi llega a Washington DC como arquitecto de una estrategia que sitúa a China como competidor sistémico de Estados Unidos y como aspirante a liderar el llamado Sur Global, al tiempo que defiende la Iniciativa de la Franja y la Ruta como herramienta de proyección internacional.

Control interno y alianzas exteriores selectivas

Mientras refuerza la ambición global de Pekín, Xi ha endurecido el control político interno. Bajo su mandato se ha priorizado la seguridad y la estabilidad sobre la apertura, con campañas represivas en Xinjiang, Tíbet y Hong Kong que sus defensores presentan como restauración del orden y sus críticos interpretan como una reducción drástica de las libertades civiles. En paralelo, su política exterior privilegia alianzas estratégicas con líderes afines. Ningún vínculo es tan estrecho como el que mantiene con Vladimir Putin: de acuerdo con los registros oficiales, ambos se han visto en más de 40 ocasiones, y Xi llegó a describir al presidente ruso como su "confidente más cercano". Con India, en cambio, la promesa de cooperación con Narendra Modi se erosionó tras los enfrentamientos fronterizos de 2020, que llevaron las relaciones bilaterales a su peor momento en décadas. La relación con Donald Trump ha sido ambivalente: a pesar de la guerra comercial iniciada durante su primer mandato, el expresidente estadounidense lo ha elogiado en público en varias ocasiones, subrayando su fortaleza política.

Una visita de Estado bajo el signo de la desconfianza

La llegada de Xi Jinping a Washington DC no se produce en un vacío diplomático, sino tras más de una década de consolidación de poder y de redefinición del papel de China. El dirigente que en su juventud dormía en cuevas en Liangjiahe y estudiaba en la Universidad de Tsinghua desembarca ahora como líder sin límites claros de mandato, con una economía que enfrenta retos internos pero conserva un peso decisivo en el comercio mundial, y con una política exterior que combina proyectos como la Iniciativa de la Franja y la Ruta y su participación en foros como la Organización de Cooperación de Shanghái. Para Estados Unidos, la visita supone una oportunidad para gestionar la competencia estratégica y evitar errores de cálculo militares; para Xi, es una vitrina para proyectar a China como potencia indispensable sin ceder en los pilares de su sistema. El desenlace no redefinirá su poder interno, ya consolidado, pero sí puede marcar el tono de la próxima década de relación entre las dos mayores economías del planeta.