Sábado 3 Octubre 2026
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Venezuela: La tutela de Estados Unidos que ata a Delcy Rodríguez y a la oposición a la agenda de Donald Trump

Estados Unidos ha pasado a controlar la venta del crudo venezolano y a marcar la agenda política en Caracas tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2024, impulsando reformas profundas con la colaboración de la presidenta interina Delcy Rodríguez y de una oposición que acepta negociar bajo la tutela de Washington.

Venezolanos sostienen pancartas a favor de Donald Trump en Caracas en medio de la nueva tutela de EE.UU.
Varios ciudadanos se manifiestan en Caracas con pancartas a favor de Donald Trump, reflejando el apoyo de parte de la población venezolana a la creciente tutela política y económica de Estados Unidos sobre el país en plena crisis y negociaciones entre gobierno y oposición. (Foto: Federico PARRA / AFP via Getty Images)
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Un país con la soberanía “suspendida” y el petróleo bajo llave estadounidense

Según el análisis de BBC News Mundo, el Gobierno de Estados Unidos no solo respalda a Delcy Rodríguez como presidenta interina, sino que además asume el control de la venta del petróleo venezolano, principal fuente de ingresos del país. Washington estimula el regreso de petroleras estadounidenses, impulsa cambios en la legislación petrolera y minera para favorecer la inversión privada y administra el levantamiento gradual de sanciones, condicionando el acceso de Venezuela a recursos internacionales y a fondos congelados en el exterior. Para Benigno Alarcón, fundador y exdirector del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, esto configura una intervención: señala que “las decisiones que se toman en Venezuela son controladas por la potencia que interviene en el país” y que el país vive una situación de “soberanía suspendida” hasta que exista un nuevo gobierno electo y funcional. Mientras tanto, la Asamblea Nacional aprueba normas que, según críticos, responden más a los deseos de Washington que a un debate interno transparente, en un contexto en el que no se informa a los venezolanos cuánto se recauda por venta de crudo ni en qué se usan esos recursos.

Trump, Delcy Rodríguez y el plan de tres fases de Marco Rubio

Tras la detención de Nicolás Maduro, el gobierno de Donald Trump sorprendió al respaldar a Delcy Rodríguez como figura encargada de ejecutar los cambios exigidos por Washington. El propio Trump afirmó que Rodríguez “está dispuesta a hacer lo que nosotros creemos que es necesario para hacer a Venezuela grande de nuevo” y que “no tiene otra opción”. De acuerdo con la información difundida por BBC Mundo, desde entonces la presidenta interina ha recibido en Caracas a altos cargos como el secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, y mantiene interlocución directa con el secretario de Estado, Marco Rubio, señalado como el arquitecto de un plan en tres fases: estabilización, recuperación y transición política. Ese esquema combina dos grandes palancas: la militar y la económica. Por un lado, la presencia militar estadounidense se ha vuelto visible en las operaciones humanitarias tras el doble sismo del 24 de junio. Por otro, el acceso a divisas, créditos y levantamiento de sanciones se usa para condicionar el comportamiento del oficialismo. Según Alarcón, el chavismo que hoy acompaña a Rodríguez actúa movido por la supervivencia: se “dobla para no partirse”, temiendo “correr la misma suerte de Maduro”, mientras busca ganar tiempo y posponer cualquier cesión real de poder.

Una oposición dependiente y un diálogo marcado desde Washington

La influencia estadounidense también se extiende a la oposición. De acuerdo con BBC News Mundo, Dinorah Figuera, última presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, regresó del exilio para encabezar el diálogo con el gobierno “por petición del Departamento de Estado”. La primera reunión cara a cara entre delegaciones de gobierno y oposición tuvo lugar en Caracas el jueves 6 de agosto, con Jorge Rodríguez por el oficialismo y Figuera por el bloque opositor, en un proceso que, según los propios actores, está impulsado y vigilado por Washington. El académico Benigno Alarcón recuerda que en 2024 se denunció un fraude electoral que impidió a la oposición asumir la presidencia pese a divulgar actas que mostraban la victoria de Edmundo González. A su juicio, ese episodio demostró que la oposición “por sí sola no puede resolver el problema” en Venezuela. En paralelo, líderes como María Corina Machado reconocen públicamente la ayuda de Donald Trump, mientras casi no se escuchan críticas de alto nivel opositor sobre la pérdida de soberanía. El riesgo, advierte Alarcón, es que el gobierno de Trump priorice sus objetivos económicos y que la transición democrática se quede en promesa si la Casa Blanca pierde capacidad o interés, por ejemplo tras un revés electoral o un impeachment.

Una tutela aceptada: estabilidad a cambio de renunciar a decidir

Para Colette Capriles, profesora universitaria y miembro de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela, el país vive una tutela inédita de Estados Unidos: no hay ocupación armada ni represión directa estadounidense, pero se ejerce una “gestión política y económica” del Estado venezolano que se ha normalizado entre gobierno, oposición y parte de la comunidad internacional. Capriles sostiene que los propios actores locales alimentaron esta situación, desde el llamado gobierno interino de Juan Guaidó en 2019 hasta la negativa de Maduro a negociar con Trump en 2025. Desde su óptica, se ha producido una “renuncia a la soberanía” en sus distintas dimensiones: estatal, política y popular, al punto de que el “único agente verdaderamente efectivo” hoy es el Gobierno de Estados Unidos. Esa lógica también alcanza a la ciudadanía: una encuesta citada por BBC Mundo indica que 51 % de los consultados tiene una opinión favorable de Donald Trump, muy por encima de Delcy Rodríguez y solo por debajo de María Corina Machado. Para muchos, explica Capriles, lo fundamental no es quién gobierne ni bajo qué arreglo institucional, sino recuperar “unos mínimos de bienestar” perdidos durante la prolongada crisis. La gran incógnita es si esta promesa de estabilidad se traducirá en una transición política verificable o en una consolidación de la dependencia, con Venezuela atada a las decisiones que lleguen desde Washington durante los próximos años.