Miércoles 4 Noviembre 2026
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Venezuela: El testimonio de Nayarit Colmenares, la arquitecta que perdió a su esposo y su mano derecha tras los terremotos de La Guaira

Más de 6 000 personas murieron en los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, pero una de las historias que mejor retrata el costo humano de la tragedia es la de Nayarit Colmenares, arquitecta e ilustradora que sobrevivió dos días bajo los escombros del edificio Palmar Este 1 en Caraballeda, La Guaira, antes de ser rescatada por rescatistas de El Salvador y perder su mano derecha.

Nayarit Colmenares en su vivienda dañada tras el colapso del edificio Palmar Este 1 en La Guaira.
Nayarit Colmenares, arquitecta e ilustradora venezolana, sobrevivió dos días atrapada bajo los escombros del edificio Palmar Este 1 en Caraballeda, La Guaira, tras los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela y la dejaron sin su mano derecha y sin su esposo Henry. (Foto: Cortesía de Nayarit Colmenares)
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Del colapso del edificio a un rescate de siete horas

Nayarit Colmenares y su esposo Henry vivían en el cuarto piso del edificio Palmar Este 1 cuando dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela y provocaron el colapso de la construcción en Caraballeda, una de las zonas más golpeadas de La Guaira. Según el relato de la propia sobreviviente, el derrumbe la dejó atrapada en la oscuridad, rodeada de cemento, pintura y gas, con la mitad derecha del cuerpo aprisionada. Permaneció cerca de dos días sepultada, sin poder ver, conviviendo con el miedo a ahogarse al escuchar el agua corriendo entre los escombros y con un dolor tan intenso que llegó a pensar que tenía el brazo fracturado. En medio de ese encierro descubrió que Henry había muerto cuando, al palpar lo que creyó que era un cojín, reconoció la pierna inmóvil de su esposo y encontró sangre y huesos rotos. La certeza de su muerte, cuenta, le dolió más que cualquier herida física.

El papel de los bomberos salvadoreños y la promesa de no abandonarla

El rescate de Nayarit Colmenares estuvo a cargo de un equipo de bomberos de El Salvador, enviado a Venezuela por el gobierno del presidente Nayib Bukele. De acuerdo con el testimonio de la arquitecta, ella logró hacerse oír golpeando con su mano izquierda un tubo de hierro con un trozo de cerámica, hasta que escuchó desde el exterior la instrucción de "sigue tocando, repica, repica". Los rescatistas trabajaron aproximadamente siete horas para abrir un hueco entre los restos del edificio, permitir la entrada de luz y liberar a la venezolana, que había quedado confinada en el baño de un apartamento vecino. Uno de ellos se introdujo de cabeza entre los escombros, mientras el resto lo sostenía desde los pies. Según Colmenares, cuando por fin pudieron hablarle, se identificaron como bomberos salvadoreños y le hicieron una promesa decisiva para su ánimo: le aseguraron que "de aquí no nos vamos a ir hasta que te saquemos", una frase que ella recuerda como uno de los momentos de mayor alivio en medio del desastre.

De La Guaira a Caracas: amputación, duelo y síndrome de miembro fantasma

Tras recibir los primeros auxilios en un hospital de La Guaira, Nayarit Colmenares fue trasladada a una clínica privada en Caracas, donde sus gastos médicos fueron asumidos por el gobierno salvadoreño. Los especialistas evaluaron inicialmente su pie, pero con los días detectaron que el tejido de su mano derecha se había puesto gris y que las bacterias se multiplicaban pese a la administración de antibióticos. Ante el riesgo de que la infección alcanzara el torrente sanguíneo, los médicos le plantearon la amputación como única opción segura, explicándole "con todo el dolor del alma" que esa era la recomendación en casos como el suyo. Colmenares, que se definía como una persona altamente habilidosa con las manos para dibujar, tejer y hacer manualidades, asumió que su identidad estaba ligada a esa extremidad. Sin embargo, al preguntarse qué le habría recomendado Henry, decidió priorizar su vida y aceptó la cirugía. Más tarde, desenvolvería un intenso duelo que resume en una frase: asegura que "haber perdido a mi esposo me duele más que haber perdido mi mano derecha", y que ahora su familia es, simbólicamente, su nueva "mano derecha".

Una prótesis mioeléctrica y la reconstrucción desde la mano izquierda

Después de la amputación, Nayarit Colmenares comenzó a experimentar el síndrome del miembro fantasma, con sensaciones de palpitaciones, hormigueos, corrientes internas y cambios de tensión o temperatura en una mano que ya no está. Bajo supervisión de un fisiatra, entrena su mano izquierda para recuperar precisión: vuelve a dibujar, a manejar el pincel y a realizar ejercicios finos que compensen la pérdida funcional. Su equipo médico reordenó músculos, nervios y vasos durante la operación para facilitar la futura adaptación a una prótesis. Con apoyo de su familia, su hermana en Francia abrió una campaña en GoFundMe con una meta de 100 000 euros (unos US$116 000) para adquirir una prótesis mioeléctrica avanzada, un dispositivo biónico capaz de captar impulsos eléctricos de los músculos y que, según esperan, le permitiría regresar a su trabajo creativo con mayor autonomía. Mientras tanto, Colmenares reconstruye su vida practicando una nueva firma con la izquierda y registrando verbalmente, incluso con ayuda de herramientas digitales, las sensaciones que le produce el miembro ausente.

Vacío de datos oficiales y una cifra de amputaciones aún desconocida

A casi dos meses de los terremotos, las autoridades venezolanas reconocen que los sismos dejaron más de 6 000 muertos, pero hasta ahora no han ofrecido cifras sobre la cantidad de personas amputadas como consecuencia directa de las lesiones sufridas en la catástrofe. El caso de Nayarit Colmenares, atendida entre un hospital público de La Guaira y una clínica privada de Caracas, ilustra tanto el rol de cooperación del gobierno salvadoreño como la ausencia de información sistemática sobre las secuelas físicas de la tragedia. Su lucha por acceder a una prótesis mioeléctrica de alta tecnología, financiada mediante donaciones, expone las limitaciones de la atención a largo plazo para sobrevivientes con discapacidad. En los próximos meses, el avance de su rehabilitación y la respuesta a su campaña internacional de recaudación serán un termómetro de hasta qué punto la solidaridad ciudadana y la ayuda externa pueden suplir las lagunas que dejan los datos oficiales y los sistemas de salud en emergencias de gran escala.