Lunes 21 Septiembre 2026
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Venezuela: Delcy Rodríguez viaja a la ONU para un inédito encuentro con Donald Trump y blindar el giro petrolero con EE UU

Más de 65.000 millones de barriles de petróleo venezolano con acceso privilegiado para Estados Unidos y la retirada de Venezuela de la lista de países que incumplen la lucha contra el narcotráfico son el telón de fondo del viaje de Delcy Rodríguez a Nueva York, donde la presidenta encargada de Venezuela mantendrá un breve encuentro con Donald Trump durante la Asamblea General de Naciones Unidas.

Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, antes de su viaje a la Asamblea General de la ONU en Nueva York
Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, se prepara para viajar a Nueva York para su primera intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas como jefa de Estado y un inédito encuentro con Donald Trump, en plena reconfiguración de la relación bilateral tras la caída de Nicolás Maduro. (Foto: XINHUA vía Europa Press)
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Un “aparte” que consagra la nueva alianza asimétrica

El embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Mike Walsh, confirmó que Delcy Rodríguez viajará la próxima semana a Nueva York para participar en la Asamblea General y que el martes sostendrá con Donald Trump lo que en jerga diplomática se define como un “aparte”, un encuentro breve al margen de la agenda oficial. El gesto simboliza el vuelco radical en una relación que, hasta la detención y destitución de Nicolás Maduro a inicios de 2026 por una operación militar ordenada por Trump, estaba marcada por las sanciones y el enfrentamiento abierto. Hoy, Venezuela funciona de facto como un protectorado político y energético de Washington, sin que se conozcan aún garantías claras de control interno ni contrapesos institucionales frente a los intereses del socio mayoritario.

El precio del acercamiento: 65.000 millones de barriles y legitimidad política

El 28 de agosto, Donald Trump anunció un acuerdo por el que Estados Unidos obtiene acceso privilegiado a más de 65.000 millones de barriles de reservas de petróleo en Venezuela, cerca de una cuarta parte del total del país, según admitió el propio mandatario. Presentado por Trump como “un regalo de Venezuela al pueblo de Estados Unidos” y como un pacto que “no costará un dólar” al erario norteamericano, el entendimiento ha suscitado críticas por la ausencia de información pública sobre las contraprestaciones reales para la economía venezolana y los mecanismos de supervisión democrática. La foto de Rodríguez y Trump en Nueva York funcionará, además, como un potente aval político para la presidenta encargada, que llega a Naciones Unidas tras el derrocamiento del “exdictador ilegítimo y narcotraficante Nicolás Maduro”, según la terminología de Washington, pero sin que haya mediado un proceso electoral competitivo verificado por observadores independientes.

De paria antidrogas a socio “ejemplar” en cuestión de meses

En un nuevo gesto de respaldo a la dirigente chavista, la Casa Blanca difundió esta semana un decreto del Departamento de Estado de Estados Unidos en el que Trump retira a Venezuela del listado de países que incumplen sus compromisos en materia de lucha contra el narcotráfico, alegando “avances positivos” bajo la gestión de Delcy Rodríguez. El presidente ensalzó la “creciente cooperación” para combatir a los carteles, incluyendo la operación militar conjunta que permitió neutralizar al líder del Tren de Aragua, Niño Guerrero. Sin embargo, la misma Administración que hasta hace poco describía al aparato estatal venezolano como cómplice del narco certifica ahora, sin presentar datos verificables desagregados, una rápida transformación. La falta de acceso público a estadísticas independientes sobre incautaciones, procesos judiciales y decomisos dificulta evaluar si el cambio de categoría obedece a mejoras reales o a la conveniencia de consolidar la nueva alianza petrolera y militar.

La tribuna de la ONU, de las denuncias a la autocontención

La última vez que un jefe de Gobierno venezolano habló en la Asamblea General de Naciones Unidas fue en 2018, cuando Nicolás Maduro usó el atril para denunciar el “cerco” de las sanciones estadounidenses y reivindicar la soberanía nacional. Delcy Rodríguez conoce bien esa sala: acudió como canciller en 2016 y regresó ya como vicepresidenta en 2019, cuando llegó a calificar las sanciones de Washington como una forma de “terrorismo de Estado” que operaba a través de bancos y aseguradoras. Seis años después, con un acuerdo energético que otorga a Estados Unidos una porción estratégica de las reservas de crudo venezolanas y con Washington como garante de la continuidad del actual Gobierno, muchas de aquellas acusaciones adquieren un tono irónico. La presidenta encargada se dispone ahora a estrenar el podio de la ONU como jefa de Estado, previsiblemente con un discurso mucho más contenido hacia su nuevo aliado y sin cuestionar el impacto interno de una relación que subordina la política exterior venezolana a las prioridades energéticas de la Casa Blanca.

Un calendario intenso para Trump y un margen estrecho para Caracas

El representante de la Administración de Trump adelantó que, el mismo día de la reunión con Delcy Rodríguez, el presidente estadounidense intervendrá ante la Asamblea General de Naciones Unidas, mantendrá bilaterales con el primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, y con la primera ministra japonesa, y presidirá un encuentro con líderes del golfo Pérsico. En ese contexto, el “aparte” con la dirigente venezolana será tan simbólico como limitado en tiempo. El formato refuerza la impresión de que la agenda la marca Washington: mientras Trump combina en pocas horas energía, seguridad y geopolítica regional, Caracas llega a Nueva York con poco margen de maniobra para renegociar un vínculo cimentado en una intervención militar previa y en un acuerdo petrolero extremadamente ventajoso para Estados Unidos. El siguiente paso, más allá de la foto y de los gestos, será comprobar si el acercamiento se traduce en mejoras tangibles en derechos políticos, transparencia institucional y recuperación económica para la población venezolana, o si queda reducido a un canje de crudo por protección internacional.