Del agradecimiento a Trump al silencio sobre Maduro
En Nueva York, Delcy Rodríguez posó sonriente junto a Donald Trump en el hotel Lotte New York Palace y, al día siguiente, habló ante la Asamblea General de Naciones Unidas sin mencionar ni a Nicolás Maduro ni a Hugo Chávez. Esta omisión contrasta con sus discursos iniciales tras la incursión militar estadounidense del 3 de enero, cuando describió a Maduro y a Cilia Flores como “dos héroes que tenemos como rehenes en los Estados Unidos de América”. De acuerdo con un análisis de la periodista Valentina Gil para el medio *TalCual*, Rodríguez citó a Maduro 86 veces en enero, pero solo 8 en abril, y ya no para denunciar su detención, sino para aludir a decisiones de gobierno pasadas. Según Gil, los videos de esos discursos en el canal de Venezolana de Televisión dejaron posteriormente de estar disponibles, lo que refuerza la percepción de una estrategia deliberada de borrado simbólico.
Un reacomodo interno con viejos rostros y nuevas lealtades
El giro político se expresa también en una amplia reconfiguración del poder. Delcy Rodríguez ha promovido un acuerdo petrolero calificado como inusual con Estados Unidos y ha impulsado cambios de gabinete que desplazan a figuras identificadas con el círculo más cercano de Nicolás Maduro. Alex Saab, quien era ministro de Industria y está señalado en Estados Unidos como presunto testaferro de Maduro, fue apartado de su cargo, detenido en una operación conjunta entre ambos países, deportado en mayo y se declaró culpable del delito de lavado de dinero en territorio estadounidense. A la vez, rostros vinculados a la vicepresidenta interina ganan espacio: Héctor Rodríguez asumió el Ministerio de Educación el 27 de agosto, Daniella Cabello fue nombrada ministra de Turismo y el comunicador Miguel Pérez Pirela, figura afín al chavismo, se consolida en la esfera pública. Para la politóloga Maryhen Jiménez, profesora adjunta de Política en la National University of Ireland Maynooth, se trata de “una nueva coalición que quiere venderse como nueva, pero son los mismos actores”, con purgas dirigidas a quienes no encajan en esta etapa ni en el acercamiento a Washington.
La purga en las instituciones y el silencioso desplazamiento militar
El reordenamiento alcanzó a áreas sensibles del Estado. Vladimir Padrino López, ministro de Defensa durante 12 años, fue removido de esa cartera y trasladado al Ministerio de Agricultura, al tiempo que se renovó por completo la cúpula de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Tarek William Saab dejó el cargo de fiscal general, y Laura Guerra, excuñada de Maduro, abandonó la presidencia del Banco Central de Venezuela. El analista senior de International Crisis Group para la región de los Andes, Phil Gunson, sostiene que “no se percibe intención activa de mantener viva la memoria de Maduro y Cilia Flores” y que, cuando el gobierno se refiere a la relación con Estados Unidos, lo hace “siempre en términos positivos”. Incluso cuando Estados Unidos presentó nuevos cargos por presuntas torturas contra Maduro y Flores, el Ejecutivo venezolano evitó pronunciamientos públicos de respaldo al exmandatario, consolidando su aislamiento político.
El terremoto, el eslogan ‘Venezuela renace’ y el borrado simbólico
Tras los terremotos del 24 de junio, el gobierno intensificó un cambio estético y discursivo bajo el lema “Venezuela renace”. Gigantografías de Nicolás Maduro y Cilia Flores frente a centros comerciales de Caracas fueron retiradas, y en la sede del Palacio de Justicia se sustituyeron las enormes imágenes de Hugo Chávez y de la recreación 3D de Simón Bolívar por nuevas piezas con el eslogan oficial. La académica Irina Troconis, profesora asociada de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Cornell y autora de *The Necromantic State*, interpreta esta estrategia como parte de una maquinaria propagandística que “cambia la fachada o la imagen pública” para proyectar la idea de que “las cosas están cambiando”. El propio cambio de tratamiento oficial de Delcy Rodríguez, de “presidenta encargada” a “presidenta” o “jefa de Estado”, es visto por Troconis como un modo de “borrar del discurso la necesidad de elecciones”, pese a que la mandataria afirmó ante la Asamblea General de Naciones Unidas que “en Venezuela habrá elecciones”, sin detallar calendario ni condiciones.
Resistencias chavistas y utilidad política de Maduro en Washington
Pese a la operación de borrado, persisten resistencias internas. Desde su programa de televisión, Diosdado Cabello, ministro de Interior y Justicia, se refiere a Nicolás Maduro como “presidente”, y dirigentes como Freddy Bernal han denunciado la eliminación de fotos de Maduro y Chávez en instancias oficiales. Figuras históricas del chavismo como Elías Jaua, Iris Varela o Mario Silva critican tanto el acercamiento a Estados Unidos como la invisibilización del exmandatario. El hijo de Maduro, Nicolás Maduro Guerra, combina el respaldo a Delcy Rodríguez con la exigencia de libertad para sus padres al afirmar que saldrán “más temprano que tarde por la diplomacia y por el diálogo”. Para Maryhen Jiménez, Maduro seguirá siendo “una figura importante en la historia venezolana” por haber liderado el proceso de autocratización. Irina Troconis añade que, para Washington, Maduro es “ese único enemigo al que ha logrado capturar” y un “recipiente vacío al que atribuirle toda la culpa del deterioro en Venezuela”, útil para exhibir un aparente triunfo en política exterior. Mientras Delcy Rodríguez evita nombrarlo incluso sentada frente a Trump, el presidente estadounidense le dedica buena parte de su propio discurso, en lo que Troconis describe como un gesto de poder que recuerda quién controla hoy el destino judicial del exmandatario venezolano.