Un flujo récord y un sistema de refugio saturado
El aumento de llegadas ha tensionado la capacidad institucional. De acuerdo con la Comisión de Refugiados (Core) del país, en la primera mitad de 2025 se registró un promedio mensual de 1 300 solicitudes de refugio, y hasta finales de junio se acumulaban 30 715 expedientes sin resolución. La vicecanciller y presidenta de la Comisión de Refugiados (Core) del país, Valeria Csukasi, atribuye este atasco a un desajuste estructural entre el volumen de solicitudes y la capacidad operativa para tramitarlas. El dato más contundente: el 89% de esas peticiones corresponde a ciudadanos cubanos, lo que convierte a esta comunidad en el principal grupo demandante de protección en Uruguay.
De Guyana a Rivera: la travesía y el negocio de los coyotes
La ruta que siguió Liudmila Medina refleja el giro geográfico de la migración cubana. Tras frustrarse su plan de llegar a Estados Unidos, la familia voló a Guyana, el único país de Sudamérica que no exige visado a cubanos, y desde allí cruzó el estado de Roraima en Brasil para finalmente ingresar a Uruguay por la frontera de Santana do Livramento-Rivera. Un análisis conjunto de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indicó que entre enero y octubre de 2025 más de 11 000 cubanos usaron ese paso, con una media de 30 personas al día pasando por el control migratorio conjunto. Estas rutas son articuladas por redes de contrabando de migrantes que, según ese estudio, cobran entre US$1 200 y US$10 000 por persona y han sido asociadas a episodios de agresiones físicas y detención ilegal, pese a que muchos migrantes difunden audios elogiando a quienes coordinan los trayectos.
Un oasis relativo: políticas abiertas, servicios públicos y altos costos de vida
Para muchos cubanos, Uruguay representa un punto de llegada más seguro que las rutas hacia Norteamérica. El país, con 3,4 millones de habitantes, mantiene una tradición de apertura migratoria y un sistema de salud y educación públicos gratuitos, además de ayudas sociales para familias de bajos recursos, incluidas personas extranjeras con residencia. Madelyn del Río, presidenta de la ONG Manos Cubanas, estima que hoy viven en el país unos 60 000 cubanos, frente a los 11 826 registrados en el censo de 2023, y considera a Uruguay un "oasis" frente a la crisis humanitaria de la isla. Sin embargo, el costo de vida es elevado, el acceso a vivienda es complejo y muchas personas quedan atrapadas en trabajos precarios mientras esperan definiciones migratorias.
Residencias, limbo legal y la batalla en el Parlamento
Las cifras de la Oficina de Migración de Uruguay muestran que los cubanos son también el principal grupo beneficiado con residencias permanentes: obtuvieron 6 185 en 2023, más de un tercio del total, y otras 4 665 entre enero y julio de 2025. Pero miles continúan en un limbo, sin respuesta a sus solicitudes de refugio o con rechazos que les dificultan acceder a créditos, garantías de alquiler o procesos de reunificación familiar. En el pasado, el Gobierno de Uruguay regularizó a ciertos colectivos por decreto, dejando fuera a quienes llegaron después. La diputada de origen cubano Leydis Aguilera, del Partido Nacional, impulsó un proyecto de ley para otorgar residencia permanente a quienes demuestren arraigo en el país. A su juicio, la inmigración regular es una oportunidad estratégica para un Uruguay que enfrenta envejecimiento demográfico, ya que la mayoría de estos migrantes llega en plena edad laboral y aporta más en contribuciones que lo que recibe en ayudas sociales.
Integración cotidiana y desafíos de convivencia
En las calles de Montevideo y en localidades pequeñas como Santa Rosa, los cubanos ya forman parte del paisaje social y económico. Trabajan como repartidores, personal de limpieza, profesionales de la salud, comerciantes o empleados rurales, y su presencia dinamiza el comercio local, según reconocen autoridades municipales. Historias como las de la empresaria de manicura Carmen Díaz o de la propia Liudmila Medina ilustran tanto las oportunidades como las frustraciones del proceso de integración: del acceso a subsidios de vivienda y atención sanitaria en hospitales públicos al peso de decisiones dolorosas, como abandonar profesiones en Cuba o renunciar a nuevas migraciones hacia Europa. El siguiente reto para Uruguay será transformar este aumento sostenido en un proceso de integración ordenado, con resoluciones migratorias más ágiles y políticas que consoliden a esta nueva comunidad como parte estable de su tejido social.