Miércoles 4 Noviembre 2026
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Ucrania: Cómo una red prorrusa en Telegram explota imágenes de militares y violencia sexual para hacer propaganda

Más de 6 500 anuncios que prometen ver violaciones y ejecuciones de prisioneras ucranianas, difundidos por al menos 1 700 canales pequeños en Telegram y consumidos más de 65 millones de veces, forman parte de una red prorrusa que usa imágenes reales de mujeres del ejército ucraniano para captar audiencia y vender propaganda de guerra, según una investigación del Servicio Mundial de la BBC.

Médica georgiana que sirvió en el ejército ucraniano cuya imagen fue usada como cebo en Telegram.
La médica georgiana Keti Leshkasheli, que sirvió como paramédica militar en la Legión Internacional de Ucrania, descubrió que su imagen con uniforme fue reutilizada sin permiso en anuncios falsos de violaciones difundidos por canales prorrusos en Telegram para atraer audiencia y propagar propaganda bélica. (Foto: Keti Leshkasheli)
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Una promesa falsa de violencia sexual convertida en negocio

La investigación del Servicio Mundial de la BBC documenta que estas publicaciones siguen casi siempre el mismo patrón: emplean fotografías auténticas de más de 20 mujeres, muchas de ellas militares ucranianas, las presentan falsamente como secuestradas, violadas o ejecutadas y ofrecen un enlace que supuestamente lleva a las pruebas en video. En realidad, esos enlaces redirigen a canales privados de Telegram saturados de contenido a favor de la guerra y de la narrativa del Kremlin. La investigadora Valentyna Shapovalova sostiene que la campaña “vende la promesa de violencia sexualizada como entretenimiento” para “captar y monetizar” la atención, mientras humilla a los ucranianos y normaliza la violencia sexual contra el enemigo.

Los rostros apropiados: del frente a los canales anónimos

Entre las afectadas se encuentra Keti Leshkasheli, médica georgiana que sirvió como paramédica militar en la Legión Internacional de Ucrania y fue condecorada con la Orden Al Valor por el presidente Volodymyr Zelensky en 2025. Tras regresar del frente, amigos y familiares la alertaron de que en Telegram circulaban mensajes asegurando que había sido capturada y violada. La foto utilizada era una selfie suya, tomada años antes en Avdiivka, en el óblast de Donetsk. “Me enteré de que había aparecido un video en el que se decía que a algunas chicas y a mí nos habían capturado. Había un enlace a un canal de Telegram donde se mostraba cómo nos ‘castigaban’”, relató. “Escribieron todo tipo de cosas horribles sobre mí” y “me da rabia. No puedo hacer nada al respecto”, añadió, tras denunciar sin éxito esas cuentas.

Un engranaje prorruso que se financia con publicidad

Al trazar patrones de texto, frases recurrentes y nombres falsos, el Servicio Mundial de la BBC mapeó una red de canales que se benefician de este tráfico de usuarios. Seis de ellos han superado el millón de suscriptores. Uno de los casos más notorios es Pryamoy Efir Novosti, vinculado a más de 1 000 de los anuncios analizados y que acumula casi 4 millones de seguidores, más que muchos medios estatales rusos. El canal se presenta como un agregador de noticias, cita permanentemente a medios controlados por Moscú y vende espacios publicitarios por un mínimo de 500 000 rublos (unos 6 500 dólares), según respondió a la BBC cuando se le contactó como supuesto anunciante. Otros dos canales, que difunden insultos étnicos y contenido particularmente violento, dijeron cobrar alrededor de 40 000 rublos (540 dólares) por anuncio. Entre sus clientes aparece Alfa-Bank, uno de los bancos privados más grandes de Rusia, sancionado por Reino Unido, la Unión Europea y Estados Unidos, que no respondió a la consulta de la BBC.

Automatización, impunidad y expansión de las cuentas falsas

Aunque de las más de 6 500 publicaciones detectadas ya se han eliminado más de 5 400, la red no se detiene. Siguen apareciendo nuevos anuncios con señales de automatización: textos idénticos, incluso con los mismos errores tipográficos, reproducidos de manera simultánea en múltiples canales. La ucraniana Yuliia Mala declara que “denuncié estas cuentas, las bloqueé, pero hay muchísimas” y que “el número de estas cuentas falsas no deja de crecer”. Otra víctima, Oleksandra, ciudadana rusa que se ofreció como voluntaria para luchar por Ucrania, describe cómo vio sus fotos reutilizadas y su rostro montado digitalmente sobre cuerpos desnudos en 2022, 2023 y 2024, hasta el punto de dejar de reaccionar. Pese a las numerosas quejas, Telegram no respondió a las solicitudes de comentarios de la BBC, y las denuncias formales interpuestas por las afectadas han resultado en gran medida inútiles.

Telegram, campo de batalla informativo en Rusia y Ucrania

La ofensiva digital se desarrolla sobre una plataforma clave: Telegram es la aplicación de mensajería más popular en Rusia y, de acuerdo con una encuesta citada por el Servicio Mundial de la BBC, fue también una de las principales fuentes de noticias para la población ucraniana en 2025. En paralelo al flujo de propaganda, Rusia lanzó el 31 de agosto de 2026 una oleada de drones y misiles balísticos contra Kyiv, que dejó al menos 12 muertos en la ciudad, y el regulador de medios ruso restringió el servicio en febrero de 2026 por incumplir la ley nacional. Sin embargo, el uso de VPN mantiene viva la plataforma entre los usuarios rusos, lo que permite que las narrativas prorrusas y la explotación de imágenes de mujeres sigan circulando y alimentando un ecosistema en el que la violencia sexual es instrumentalizada como anzuelo.

Estigma sobre las víctimas y ausencia de vías efectivas de reparación

El impacto de esta campaña se mide también en el plano emocional y social. Lesia Palahniuk, concejala regional de Chernivtsi, al oeste de Ucrania, se reconoció en mensajes que empleaban su imagen acompañada de lenguaje obsceno en canales rusos de Telegram. A su juicio, esta exposición deja a las mujeres cargando con una vergüenza que no les corresponde. “Para una mujer, ver esas fotos es muy duro”, subrayó, y añadió que “las mujeres necesitan saber que no están solas, que cuentan con apoyo. No hicieron nada malo”. Keti Leshkasheli, que ha presentado quejas reiteradas contra las cuentas que usan su fotografía, resume la sensación de desamparo: “Es prácticamente imposible hacer algo. Quiero que la gente sepa que este tipo de fraude existe y que no caiga en la trampa”. Mientras no haya mecanismos ágiles de retirada de contenidos y sanciones claras contra quienes lucran con estas campañas, la combinación de desinformación, sexismo y propaganda bélica amenaza con consolidarse como una herramienta estable de la guerra informativa en Europa del Este.