Sábado 3 Octubre 2026
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Ucrania: Odesa vive entre el turismo de lujo y los misiles rusos que golpean la ciudad a diario

Ataques con misiles rusos que causaron al menos 13 muertos en tres días cerca del puerto y en el centro histórico de Odesa contrastan con una ciudad donde las playas están llenas, las sirenas suenan entre cuatro y seis veces al día y dos turistas pueden gastar unos US$1.000 en solo tres jornadas.

Turistas observan un barco envuelto en humo cerca de Odesa mientras continúan los ataques rusos.
Turistas en la costa de Odesa observan a distancia un barco tanque envuelto en humo, una escena que resume el choque entre el lujo del principal balneario del sur de Ucrania y los ataques con misiles rusos que se registran a diario en la zona portuaria y sus playas. (Foto: BBC)
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Una burbuja de lujo en primera línea de guerra

Según un reportaje de BBC News Ucrania difundido por BBC Mundo, Odesa se ha transformado en un balneario de precios de lujo pese a estar bajo amenaza constante. El viaje de ida y vuelta en coche desde Kyiv, con la autopista reparada, supone alrededor de US$130 solo en gasolina, incluso con un consumo moderado. Una vez en la ciudad, el gasto se dispara: en tres días, dos personas desembolsaron en torno a US$1.000 sin grandes excesos, en un nivel de consumo definido como de clase media. Solo la cena para dos en un restaurante estándar ronda los US$50 y, aun así, los locales están llenos y requieren reservas con varios días de antelación, lo que evidencia una demanda turística robusta en plena invasión.

Misiles sobre el mar Negro y playas abarrotadas

Ese dinamismo económico convive con un riesgo letal. De acuerdo con el relato recopilado por BBC Mundo, el domingo 19 de julio un ataque con misiles rusos cerca del mayor puerto marítimo de Ucrania dejó 10 personas muertas. El lunes 20, otro bombardeo en la ciudad causó tres fallecidos adicionales y al día siguiente fue alcanzado el centro histórico. Aun así, las playas siguen abarrotadas, en algunos tramos protegidas por rompeolas que frenan minas explosivas, en otros expuestas directamente al mar abierto. Los canales locales llegan a informar en tiempo real que "un misil vuela en dirección a la playa Ibiza", una de las más populares, mientras bañistas de la playa vecina, situada a unos cuatro kilómetros, reaccionan con frases como "ah, bueno, va hacia Ibiza, no hacia nosotros". Aunque existen refugios, muchos veraneantes prefieren quedarse en la arena mirando los misiles en el cielo, asumiendo que el peligro forma parte del paisaje cotidiano.

Identidad ucraniana en una ciudad de raíces rusas

Odesa, con más de un millón de habitantes y un pasado profundamente ligado a la Rusia zarista y a la URSS, se ha convertido también en un frente simbólico. Allí sigue hablándose mayoritariamente ruso en la vida diaria, pero se impulsa el uso del ucraniano y se aplica la Ley de Descolonización de 2023, que ordena retirar monumentos y nombres de calles asociados al pasado imperial de Rusia. Entre las medidas más visibles figura la retirada del monumento a la emperatriz Catalina la Grande y el cambio de denominaciones como la calle Pushkin, rebautizada como calle Italiana, o la calle Catalina, ahora calle Europea. Para muchos habitantes, esta revisión del espacio público es una forma de ruptura política y cultural con el gobierno de Moscú, que durante décadas proyectó sobre Odesa una imagen de ciudad hermana. Esa relectura del pasado se apoya en una historia marcada tanto por el levantamiento obrero de 1905, reprimido a sangre y fuego con un saldo estimado de 1 000 muertos, como por la defensa de 73 días durante la II Guerra Mundial, en la que murieron entre 40 000 y 60 000 soviéticos y que le valió el título de ciudad heroica de la URSS.

Sirenas, apagones y una resistencia que se redefine

Además de los bombardeos, Odesa sufre apagones nocturnos frecuentes y depende del ruido de generadores privados para mantener parte de la actividad en su centro urbano. Pese a ello, la vida cultural no se detiene: músicos callejeros siguen tocando en medio de la oscuridad, interrumpidos a menudo por sirenas antiaéreas o por el estruendo de la defensa antiaérea. En este contexto, el jefe regional Oleh Kiper resume el giro político de la ciudad de habla rusa al afirmar que "el enemigo está haciendo mucho más que nosotros para lograr que una ciudad de habla rusa se vuelva ucraniana" y que los ataques están obligando a la población a preguntarse "quiénes son los rusos y si realmente los necesitamos". Mientras Rusia intenta, en palabras del reportaje, controlar o al menos paralizar el principal puerto de Ucrania, Odesa responde con una mezcla de consumo turístico, renacimiento de productos locales y una redefinición acelerada de su identidad, en la que el futuro de la ciudad se mide tanto en sirenas diarias como en la decisión de seguir llenando sus playas.