Trump habla de “rutina” e insiste en que la guerra de Ucrania no habría comenzado bajo su mandato
En una entrevista con el periodista Glenn Beck, Donald Trump fue directamente confrontado con la pregunta de “¿Podría explicarme por qué nuestro director de la CIA voló en plena noche para reunirse con los rusos?”. El mandatario respondió que el viaje forma parte de “una especie de rutina” entre aparatos de inteligencia y añadió, con tono irónico, que “lamento decepcionar a la gente”, en referencia a las teorías que buscan un componente dramático o conspirativo en la misión de John Ratcliffe. Trump aprovechó además para reiterar uno de sus mensajes políticos más recurrentes sobre la guerra en Ucrania: afirmó que el conflicto “nunca habría comenzado si él hubiese sido presidente en 2022”, vinculando la devastadora confrontación con el cambio de administración en Washington y sugiriendo que, bajo su liderazgo, Moscú y Kiev no habrían llegado al punto de una guerra abierta.
El Kremlin precisa que no hubo encuentro con Putin y subraya el papel de los servicios especiales
Mientras en Estados Unidos se multiplican las conjeturas sobre el propósito del viaje, en Moscú fue el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien se encargó de limitar expectativas. Peskov aseguró que durante la estancia de John Ratcliffe en la capital rusa “no se produjeron reuniones con el presidente de Rusia”, Vladímir Putin, y que “solo puedo decirles que sí hubo contactos a través de los servicios especiales”. Subrayó que, aunque Putin no se reunió con el director de la CIA, “por supuesto, al presidente Putin se le informa de todo sin demora”, dejando claro que el mandatario ruso está al tanto de los intercambios. Para el portavoz, “los contactos en sí mismos entre los servicios especiales son un fenómeno positivo y un proceso positivo” y recordó que estas interacciones suelen mantenerse “incluso en los momentos más difíciles de las relaciones bilaterales”, una referencia directa a la actual “profundísima crisis en la que se encuentran” los vínculos entre Moscú y Washington.
Un canal discreto en plena crisis ruso-estadounidense y con negociaciones en Ucrania congeladas
El viaje de John Ratcliffe tiene lugar en un escenario de fuerte deterioro entre Rusia y Estados Unidos y con las negociaciones entre Rusia y Ucrania “completamente detenidas”, según se menciona en el contenido difundido en redes sociales sobre la llegada del avión militar estadounidense a Moscú. El vuelo fue descrito como el primero de este tipo en cuatro años, un hecho que subraya la excepcionalidad logística de la misión pese a que Trump intente enmarcarla como algo habitual. Desde el Kremlin, Dmitri Peskov fue prudente al afirmar que resulta prematuro evaluar “hasta qué punto estos contactos influirán en la salida” de la profunda crisis bilateral, pero marcó que la continuidad del diálogo entre servicios especiales es vista como un elemento constructivo dentro de una relación por lo demás dominada por tensiones, sanciones y acusaciones cruzadas sobre el conflicto ucraniano.
Antecedentes: diálogo entre Ratcliffe y el SVR para reducir tensiones
La visita a Moscú no surge de la nada. El último contacto conocido públicamente entre John Ratcliffe y altos funcionarios rusos se remonta a marzo de 2025, cuando el director de la CIA sostuvo una llamada telefónica con Serguéi Naryshkin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR, por sus siglas en ruso). En aquel momento, el propio SVR informó que Rusia y Estados Unidos acordaron mantener el diálogo con el objetivo de “promover la estabilidad y la seguridad internacionales, así como reducir las tensiones en las relaciones entre Moscú y Washington”. El viaje de Ratcliffe, por tanto, se inscribe en una línea de contactos discretos que busca preservar canales mínimos de comunicación estratégica, incluso cuando los gobiernos exhiben públicamente posturas duras. Con las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania estancadas y sin anuncios sobre resultados concretos de esta nueva ronda de contactos, la relevancia inmediata de la visita permanece abierta, pero el uso de la inteligencia como vía de comunicación indica que, pese al enfrentamiento político y militar, ambas potencias aún consideran imprescindible mantener algún puente para gestionar riesgos y evitar una escalada incontrolable.