Un comentario extremo en plena campaña y su efecto inmediato
En plena gira para apuntalar a candidatos del Partido Republicano, el presidente enlazó de forma abrupta el llamamiento al voto del 3 de noviembre con la guerra en Irán, que ya supera los siete meses. Allí afirmó que Irán “podría destruir una ciudad” y remató con que se podría “dejar que destruyan Los Ángeles” o “dejar que destruyan San Diego”, insistiendo en que sería un “precio pequeño” por acabar con el régimen iraní. El eco de esa frase viajó con rapidez a California, un bastión bajo control del Partido Demócrata desde 2011 y escenario de varias de las batallas más visibles de estas midterms, desde la gubernatura hasta la Fiscalía General del Estado y varios escaños en la Cámara de Representantes.
California, entre el miedo a Irán y el hartazgo económico
Las palabras del presidente aterrizan sobre una memoria reciente marcada por un informe del Buró Federal de Investigaciones, divulgado en marzo, que advertía que el régimen iraní podría estar valorando ataques con drones en California como represalia por la guerra. Tanto el Gobierno federal como el gobernador Gavin Newsom insistieron entonces en que no había amenaza inminente, pero la idea de ser blanco de un ataque quedó instalada. Al mismo tiempo, la escalada del precio del petróleo por el conflicto ha disparado el costo de la gasolina y otros combustibles: el galón en California se situaba esta semana en 6,37 dólares y llegaba hasta los 9 en algunos puntos, un 46 % más que la media nacional, según AAA. Distintos sondeos citados por los actores políticos muestran que alrededor del 44 % de los consultados considera prioritaria la reducción del costo de vida, mientras que otro 37 % sitúa como objetivo central combatir las políticas de la Administración Trump, un dato que refuerza la vulnerabilidad de los aspirantes republicanos en el Estado.
Hilton, el candidato de Trump que se desinfla en las encuestas
En ese clima, uno de los principales damnificados es Steve Hilton, estratega conservador británico reconvertido en comentarista de Fox News y hoy candidato del Partido Republicano a la gubernatura de California. Hilton cuenta con el respaldo explícito de Donald Trump y con una red de donantes afines al presidente, pero esa cercanía empieza a ser un lastre. Una encuesta del Instituto de Estudios Gubernamentales de la Universidad de California en Berkeley otorga a Xavier Becerra, aspirante del Partido Demócrata, un 58 % de intención de voto frente al 33 % de Hilton, una brecha de 25 puntos que se ha ampliado 7 puntos respecto al sondeo anterior. Incluso un estudio financiado por la propia campaña republicana sitúa al demócrata por delante: 45,7 % para Becerra frente a 40,1 % para Hilton. Para Miguel Tinker Salas, profesor emérito de Historia y Estudios Chicanos del Pomona College, los últimos exabruptos del presidente “dificultan sus campañas” y “les complican el panorama político”, en referencia al conjunto de candidatos conservadores que compiten en un mapa de distritos rediseñado por Gavin Newsom y que ya de por sí hacía cuesta arriba el avance republicano.
Demócratas en ofensiva y la amenaza de un mensaje normalizado
Las reacciones demócratas no tardaron en llegar. Xavier Becerra recordó en la red X que unos 13 000 000 de californianos viven en los condados de Los Ángeles y San Diego y que sus vidas “no son un ‘precio pequeño a pagar’ ni un chiste para Donald Trump”. La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, y el alcalde de San Diego, Todd Gloria, también se alinearon en la condena. Gavin Newsom fue más allá al calificar las palabras del presidente de “peligrosas” y al ordenar al Centro Estatal de Evaluación de Amenazas un seguimiento reforzado, por temor a que actores extranjeros interpretaran la declaración como una invitación a atacar California. Sin embargo, el episodio dejó otra imagen inquietante: parte del público en Nebraska respondió con un prolongado “síííí” y aplausos cuando Trump mencionó la posible destrucción de una ciudad, un gesto que, según Tinker Salas, habla de una “actitud cínica” y de una ciudadanía expuesta a una manipulación informativa que normaliza escenarios de devastación en territorios considerados adversarios políticos.
Una promesa millonaria frente a la pérdida de credibilidad
Pese a este desgaste, el presidente no ha rebajado el tono. En la última convención del Partido Republicano de cara a las midterms llegó a pedir a los votantes que se comportaran como si su propio nombre estuviera en la papeleta y prometió un pago de 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si su partido retiene el control de la Cámara de Representantes. La oferta económica contrasta con la realidad de un electorado californiano que asocia a la Administración Trump tanto con el incremento del costo de vida como con un discurso que trivializa la posibilidad de que Irán ataque su territorio. Con las boletas ya llegando a los buzones en todo el Estado y con California sin elegir a un gobernador republicano desde Arnold Schwarzenegger (2003-2011), las encuestas señalan que el verdadero “precio pequeño” podría ser, para Trump, sacrificar a sus propios candidatos en uno de los Estados más poblados del país a cambio de mantener una retórica de guerra que erosiona su credibilidad y amenaza con consolidar la hegemonía demócrata más allá de estas elecciones.