Trump reivindica el petróleo venezolano como botín de guerra
En su intervención pública en Las Vegas, Nevada, Donald Trump sostuvo que “ahora amo a Venezuela” y que a Washington “le va de maravilla” en ese país gracias al petróleo. Afirmó que Estados Unidos está “sacando mucho petróleo de Venezuela” y detalló que “miles de millones de barriles de petróleo salen de Venezuela”, al calificar al país sudamericano como “uno de los lugares más fértiles del mundo para el petróleo”. Según el propio presidente estadounidense, el costo de la operación militar ejecutada en enero habría sido cubierto “muchas, muchas veces” mediante el crudo venezolano, justificando esa apropiación bajo la lógica de que, al vencedor de una guerra, le pertenecen “los despojos”. Estas declaraciones atribuyen a las fuerzas de EE.UU. bombardeos contra la nación bolivariana, con un saldo de más de un centenar de fallecidos y el secuestro de Nicolás Maduro, sin que en el discurso se mencionen datos de verificación independiente ni pronunciamientos de organismos internacionales.
Un discurso de conquista que se extiende a Irán
Al insistir en su visión de la política exterior, Donald Trump definió su enfoque como “a la antigua usanza” y reiteró que “al vencedor le pertenecen los despojos”. En la misma línea, añadió que Estados Unidos está “haciendo lo mismo” en la “encantadora República Islámica de Irán”, sugiriendo que la lógica aplicada al petróleo venezolano también se replicaría en otro escenario estratégico para Washington. El presidente estadounidense presentó la breve “guerra de 48 minutos” como una operación exitosa que abrió la puerta a la explotación de recursos de un país vencido, sin aludir a los posibles efectos humanitarios de los bombardeos, más allá de mencionar “más de un centenar de muertos”. La ausencia de referencias a mecanismos de reparación, supervisión internacional o marcos legales multilaterales contrasta con la contundencia con la que Trump reivindicó la extracción de “miles de millones de barriles” como parte del botín, reforzando un mensaje de fuerza militar y dominio energético que deja en un segundo plano las consecuencias para Venezuela y para el propio orden internacional.