Ensayo de fin de curso bajo los escombros
El día de la tragedia era feriado en Venezuela y el Colegio La Merced de Caraballeda estaba cerrado. Aun así, un grupo de alumnas y alumnos decidió no suspender los preparativos del acto de fin de curso y se reunió a ensayar en un área entre el salón de fiestas y la piscina de un edificio residencial en Tanaguarena, también en el estado La Guaira, a unos 150 metros de la casa de María Lourdes Pérez. Su hijo menor, Gonzalo José Márquez Pérez, de 16 años, había escondido el traje de lentejuelas con el que pensaba imitar a Michael Jackson en su graduación de bachillerato y salió de casa para practicar una coreografía "sorpresa" junto a sus compañeras. Mientras tanto, su hermano mayor, Santiago José Márquez Pérez, de 21 años, permanecía en el apartamento familiar. A las 18:04, el primer sismo de magnitud 7,2 sacudió la zona, seguido a las 18:05 por otro de 7,5 que terminó de derribar estructuras ya debilitadas. Mapas de intensidad elaborados posteriormente muestran niveles "severos" en áreas de La Guaira y Caracas. En cuestión de segundos, el edificio donde ensayaban los adolescentes se vino abajo, atrapando al grupo bajo toneladas de concreto.
Rescates a mano limpia y acusaciones de abandono estatal
Según el relato de María Lourdes, la devastación no vino sola: la acompañó una respuesta oficial que ella describe como prácticamente ausente en los primeros días. En su propio edificio, donde estaba Santiago, la madre encontró a su hijo con vida bajo los restos de la vivienda. Durante unas 10 horas, su padre, un compañero de trabajo, amigos y ella misma trabajaron sin descanso con las herramientas que tenían en casa para abrir un túnel entre los escombros, incluso dándole agua con un pitillo para mantenerlo con vida. Bomberos llegaron brevemente, pero, de acuerdo con la versión de la familia, su intervención con martillos llenó de polvo el espacio y el joven no sobrevivió. Extraer el cadáver tomó otras 16 horas, nuevamente sin un dispositivo oficial de rescate constante. "Nadie del Estado vino a colaborar con nosotros" y "¿Sabes quiénes han sido los rescatistas en estos lugares? Nosotros mismos", denuncia la madre, que asegura haber visto cadáveres permaneciendo 10, 12 o 14 horas en la vía, custodiados solo por vecinos, antes de ser llevados al Seguro Social.
Una búsqueda que no termina en Tanaguarena
Tras confirmar la muerte de Santiago, María Lourdes corrió a Tanaguarena, donde sabía que Gonzalo ensayaba con sus amigas del Colegio La Merced de Caraballeda. Cinco niñas lograron salir en los primeros minutos sin heridas físicas graves, pero otras quedaron atrapadas bajo el edificio colapsado. La madre relata que una adolescente pudo salir a las 36 horas por la parte superior de la estructura, y que el cadáver de otra joven del grupo fue hallado entre los restos. Un padre consiguió mantener con vida a su hija, Isabella, durante 10 horas, con el 80% del cuerpo ya liberado gracias a la ayuda de amigos y familiares, antes de que la falta de apoyo profesional repitiera la historia de otros rescates fallidos. María Lourdes afirma que los equipos de búsqueda especializados llegaron a esa área al quinto día, cuando los sobrevivientes potenciales ya llevaban más de 100 horas sepultados. Delegaciones internacionales de México, Colombia y Estados Unidos han trabajado en la zona, pero los propios rescatistas admiten la limitación de sus medios frente a un paisaje de destrucción que se extiende por todos los edificios circundantes, donde cada estructura puede esconder decenas de víctimas.
Millones de toneladas de escombros y decenas de miles de desaparecidos
Las dimensiones físicas de la catástrofe respaldan la sensación de orfandad que expresan los sobrevivientes. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estima de forma preliminar que solo en las áreas más afectadas de La Guaira se han generado unas 1,2 millones de toneladas de escombros. La NASA, a partir de datos satelitales aún no validados en terreno, calcula que es "probable" que 58.870 edificios hayan resultado dañados o destruidos en la región afectada. El gobierno habla de 3.342 muertos y 16.740 heridos y, según la Agencia Venezolana de Noticias, unas 17.345 personas se quedaron sin vivienda, pero otras fuentes mencionan decenas de miles de desaparecidos sin cifras consolidadas. En terreno, esa estadística se traduce en padres que intentan alquilar por su cuenta maquinaria pesada, como la "Jumbo" —un equipo con gancho, taladro y funciones de retroexcavadora— que María Lourdes logró llevar a Tanaguarena para abrir galerías entre los restos del edificio. Rescatistas internacionales le han asegurado que aún perciben calor humano bajo las capas de hormigón, lo que alimenta la esperanza de que todavía haya personas con vida atrapadas más de una semana después.
Trauma acumulado y comunidad desbordada
La tragedia actual golpea a una población que ya había sufrido en 1999 el deslave conocido como tragedia de Vargas, cuando María Lourdes perdió casa, carro, trabajo y negocio, pero conservó a su familia. Ahora asegura haber "perdido todo" porque, además de la destrucción material, murieron sus dos hijos y su madre, de nacionalidad española. La falta de agua, electricidad estable y acceso a internet en la parte este de La Guaira dificulta incluso la coordinación de apoyo y el contacto con el exterior. La hermana mercedaria Neyda Rojas, de la misión que fundó en 1955 el Colegio La Merced de Caraballeda, describe una comunidad educativa devastada, con personal fallecido, niños desaparecidos y una directora que asiste a entierros de alumnos y familias completas mientras otros estudiantes se acercan a decirle: "Maestra, perdí a mi mamá" o "no sé dónde está mi papá". El aeropuerto más cercano fue cerrado por daños graves el mismo día de los terremotos, lo que complicó la llegada de ayuda. Rojas señala que en Caraballeda "todo está destruido" y que el agua sigue siendo uno de los recursos más escasos. En paralelo, sobrevivientes como María Lourdes reclaman la ausencia de apoyo psicológico: consideran que "los psicólogos deberían estar por aquí a montones" ante el dolor acumulado de cientos de familias que todavía buscan a sus seres queridos entre ruinas inestables.