Terremotos cercanos en el tiempo, pero distintos en su origen
El primero de los grandes sismos se registró el 24 de junio en el norte de Venezuela, donde dos eventos consecutivos de magnitudes 7,2 y 7,5, separados por apenas 39 segundos, dejaron más de 6 000 muertos según los reportes citados en la cobertura original. Fueron terremotos superficiales, a unos 10 km de profundidad, en el margen entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana. El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 golpeó el occidente de Colombia y causó más de 300 víctimas fatales, con ciudades como Pereira fuertemente afectadas. Diez días después, el 20 de agosto, un sismo de magnitud 7,2 sacudió la región andina de Ayacucho en Perú, donde no se registraron muertos pero sí heridos. A pesar de la secuencia temporal, el geofísico Rafael Abreu, del Centro de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de Estados Unidos, afirma que, “dentro de lo que conocemos y dentro de lo que podemos contestar, no hay una conexión”. A su juicio, si existiera un vínculo entre toda esta actividad sísmica, “no es una conexión que el paradigma de conocimiento científico al momento nos permita verla”.
Placas que se deslizan y placas que se hunden
Las diferencias tectónicas entre los tres escenarios son profundas. En Venezuela, el doblete sísmico ocurrió en un límite donde el movimiento predominante es horizontal entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana. Abreu describe este mecanismo como *strike slip* y lo explica así: “Strike slip es una falla de desplazamiento horizontal. Tú tienes dos bloques de roca. Un bloque es la placa del Caribe. El otro bloque es la placa de Suramérica. Y en este caso las placas se están deslizando una al lado de la otra, cada una en dirección contraria”. En Colombia y Perú, en cambio, los terremotos se originaron en el contacto entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana, donde domina un margen convergente de subducción. Según Abreu, “lo que está ocurriendo en ese contacto es lo que llamamos un proceso que es subducción. La placa oceánica es más densa, más pesada, y al chocar lo que hace es que empieza a hundirse”. Sin embargo, los sismos del 10 y 20 de agosto se produjeron a profundidades de 110 y 99 km, respectivamente, lo que indica que se trataron de eventos intraplaca, ocurridos dentro de la placa de Nazca ya subductada, y no en el roce directo entre ambas placas.
Intraplaca, interplaca y el alcance de los daños
La académica del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción, Ignacia Calisto, subraya que “los terremotos de Venezuela, Colombia y Perú no presentan evidencia de estar conectados entre sí mediante un efecto dominó” y recuerda que “estos eventos ocurren en zonas tectónicamente muy activas, donde existe sismicidad de manera permanente, producto del movimiento de las placas tectónicas”. Calisto puntualiza que los terremotos recientes en Colombia y Perú son intraplaca, al producirse a profundidades cercanas o superiores a 100 km, cuando la placa de Nazca ya se encuentra sumergida en el manto. En sus palabras, “a 100 km, la placa que subducta ya pasó el límite de la corteza continental y se encuentra sumergida en el manto. Como ya no está en contacto directo con la otra placa, no puede generar terremotos de interplaca, que sería como por roce, sino que se fractura 'por dentro'”. Este tipo de sismos, explica, pueden sentirse en áreas muy amplias, pero suelen generar menor intensidad en superficie que un terremoto superficial de la misma magnitud, lo que ayuda a entender por qué el evento de 7,2 en Ayacucho no provocó muertes, a diferencia del doblete venezolano, mucho más somero.
Réplicas, gatillamiento local y la estadística sísmica
Donde sí existe una relación directa entre terremotos es en las réplicas. Para Rafael Abreu, “las réplicas son terremotos más pequeños que ocurren a raíz del terremoto principal”. Calisto complementa que “las réplicas en sí son producto de los sismos mayores, en una especie de reacomodo de la roca que fue fracturada y deslizada, por lo que, tras la ocurrencia de un sismo, sus réplicas son producto de él”. En ocasiones, agrega, un primer gran terremoto puede modificar los esfuerzos en segmentos vecinos, como se observó en la secuencia de Sumatra en 2004, 2005 y 2007, pero se trata de interacciones regionales, no de una cascada continental que vincule directamente a Venezuela, Colombia y Perú. Mientras la atención pública se centraba en estos tres grandes eventos, el 24 de agosto se registraron también sismos de magnitud 5,4 y 4,8 en la provincia de San José, Costa Rica, según la Red Sismológica Nacional, y el 26 de agosto un terremoto de magnitud 5,1 sacudió nuevamente zonas del centro y nororiente de Colombia, incluida Bogotá. Aun así, Abreu recalca que toda esta actividad “está bien dentro del promedio anual de terremotos” y no indica un aumento real de la sismicidad global o sudamericana.
Percepción social, educación sísmica y políticas públicas
Más allá de las placas tectónicas, el fenómeno que sí parece estar conectado es el de la percepción colectiva del riesgo. Abreu reconoce que “hemos tenido tres eventos que han impactado áreas bien pobladas y han generado daños significativos” y que la intensa cobertura crea la impresión de un incremento de terremotos, aumento que, insiste, no existe en los registros. Calisto añade que “después de cada desastre socionatural habrá un aumento del interés en estos temas. Las personas andamos pensando más en ellos, sobre todo en las zonas donde sabemos que un terremoto puede ocurrir”. Para la experta, la respuesta no pasa por buscar vínculos inexistentes entre sismos distantes, sino por fortalecer la educación sísmica y alinear las políticas públicas con las amenazas naturales, reduciendo el riesgo mediante normas de construcción rigurosas, planificación urbana y preparación ciudadana. En una Sudamérica atravesada por la placa de Nazca, la placa Sudamericana y la placa del Caribe, los científicos insisten en que la pregunta no es si habrá nuevos terremotos, sino cómo se prepararán los Estados y las comunidades para enfrentar los que, tarde o temprano, volverán a ocurrir.