Un esquema legislativo complejo para un gasto histórico
El proyecto fija que los 1,15 billones de dólares tramitados por el procedimiento presupuestario ordinario requieren, en la práctica, 60 votos en el Senado, mientras que los otros 350 000 millones se canalizarían por el mecanismo de conciliación, que solo necesita una mayoría simple de 51 votos. De acuerdo con la información disponible, ninguna de las dos rutas ha concluido y el destino de esos 350 000 millones sigue siendo incierto, lo que deja en suspenso una parte sustantiva del refuerzo previsto para el Pentágono.
Contratistas privados: de socios a columna vertebral del gasto militar
El proyecto Coste de Guerra de la Universidad Brown documenta que entre 2020 y 2024 las empresas privadas recibieron 2,4 billones de dólares en contratos del Pentágono, equivalentes al 54 % del gasto discrecional del Departamento de Guerra de Estados Unidos en ese periodo. En la década de 1990 esa proporción era del 41 %, lo que refleja un salto estructural en la dependencia de contratistas. Cinco gigantes del sector —Lockheed Martin, RTX, Boeing, General Dynamics y Northrop Grumman— concentraron por sí solos 771 000 millones de dólares en contratos, consolidando una arquitectura en la que una fracción limitada de actores corporativos controla buena parte de la cadena de suministro militar.
Más adquisiciones, más I+D y más dependencia tecnológica
Según la Oficina Presupuestaria del Congreso, la propuesta presidencial incrementa en 94 000 millones de dólares la partida de adquisiciones y en otros 75 000 millones la de investigación y desarrollo. Son áreas donde el Departamento de Guerra de Estados Unidos depende de forma intensa de fabricantes privados de aviones, misiles, municiones, buques, drones y sistemas electrónicos. Del tramo de 350 000 millones que se busca aprobar por conciliación, unos 113 000 millones se destinarían a la llamada base industrial de defensa y alrededor de 103 000 millones irían a tecnologías de nueva generación y sistemas autónomos, entre ellas inteligencia artificial y soluciones contra drones, reforzando la externalización de capacidades estratégicas hacia el sector privado.
IA, sistemas autónomos y el giro del poder militar hacia el sector privado
Aunque el proyecto aún no ha sido ratificado por el Congreso de Estados Unidos, su estructura ya delinea tendencias claras: la apuesta del Pentágono por la inteligencia artificial, los sistemas de armamento autónomos y la ampliación del papel de la industria privada. No se trata solo de aumentar el volumen de armas compradas, sino de ceder a compañías privadas una parte creciente del diseño, la producción y el control de capacidades que Washington considera críticas, desde la fabricación masiva de municiones hasta el desarrollo de algoritmos que puedan decidir objetivos en el campo de batalla. El desenlace de la negociación legislativa definirá si este giro se consolida o si el Congreso introduce límites y contrapesos a un presupuesto que, por su tamaño y orientación, reconfigura la relación entre el poder militar, la tecnología de vanguardia y las grandes corporaciones de defensa.