Un duelo sin cuerpo: madres que buscan señales entre ruinas
En la ciudad de Gaza, Majdiya al Madhoun recorre mentalmente una y otra vez el último trayecto que hizo su hijo Ahmed antes de desaparecer en mayo de 2025. El joven, de 21 años y con síndrome de Down, salió de su vivienda parcialmente destruida para ir a una tienda cercana en pleno apogeo de la guerra entre Hamás e Israel. Ese día hubo ataques israelíes en la zona y la madre teme que Ahmed haya muerto, aunque admite que no tiene ninguna confirmación: dice que “Dios mío, no estoy en paz” y que solo podría descansar si su hijo es hallado “vivo o muerto, enterrado bajo los escombros”. Su caso sintetiza el drama de miles de familias que no figuran en ninguna lista oficial, porque el recuento de víctimas del Ministerio de Salud del territorio administrado por Hamás, que la Organización de Naciones Unidas considera fiable, no incluye los cuerpos aún sepultados bajo edificios destruidos.
Cifras que no cierran: muertos, desaparecidos y detenidos
El Ministerio de Salud del territorio administrado por Hamás reporta más de 73 000 fallecidos en casi tres años de guerra, incluidos alrededor de 1 200 después del alto el fuego anunciado en octubre, y medios israelíes han señalado que una fuente de seguridad de ese país considera “exactas” esas cifras. Pero la propia estructura del conteo deja fuera a quienes están bajo los escombros y no han sido recuperados. De ahí que la Cruz Roja registre más de 5 000 solicitudes de localización y la Agencia de Defensa Civil de Gaza hable de más de 8 000 desaparecidos. A principios de agosto de 2026 se celebró un funeral colectivo en la ciudad de Gaza para más de un centenar de personas muertas en un ataque israelí en 2023, cuyos restos solo pudieron ser recuperados e identificados recientemente por falta de excavadoras y pruebas de ADN, lo que ilustra la magnitud de la tarea pendiente.
Detenciones sin rastro y familias a oscuras
La desaparición de personas en Gaza no se explica solo por la destrucción física. El Comité Público Contra la Tortura, con sede en Israel, calcula que las fuerzas israelíes han detenido aproximadamente a 7 000 palestinos de Gaza durante la guerra y que más de 5 000 fueron liberados después sin haber sido acusados formalmente. Según HaMoked, alrededor de 1 300 detenidos procedentes de Gaza seguían en agosto de 2026 en prisiones israelíes sin acusación ni juicio. Las organizaciones denuncian que Israel no siempre notifica a las familias la detención ni el paradero de sus allegados, obligándolas a recurrir a ONGs y abogados para rastrear nombres uno por uno. La abogada israelí Tal Steiner subraya que la prohibición de que la Cruz Roja Internacional visite prisiones y acceda a listados oficiales impone “una gran carga” a quienes intentan localizar a los retenidos y deja a las familias en lo que describe como “una herida abierta” que no cicatriza.
Mahmoud, la foto borrosa y el muro de silencio
La historia de Mahmoud al Drimli, desaparecido en 2024, refleja ese limbo. Su madre, Aida al Drimli, relata que la familia asumió inicialmente que el joven había muerto en un ataque israelí: su padre llegó a revisar cadáveres en hospitales. Pero meses después, una imagen difundida en redes sociales cambió el rumbo de la búsqueda: en ella, dos soldados israelíes posan junto a un palestino con los ojos vendados y las manos atadas. Aida está convencida de que se trata de su hijo “por sus rasgos, por su frente, su boca, su nariz”, aunque reconoce que una sola fotografía no basta para estar segura. Ha solicitado a la Cruz Roja que verifique si Mahmoud está detenido, pero Israel impide el acceso de la organización a sus registros penitenciarios. Tanto la familia Al Drimli como la familia Al Madhoun sostienen que ni ellos ni sus hijos tienen afiliación con Hamás ni con grupos armados, y el Servicio Penitenciario de Israel afirma no tener constancia de haber detenido a ninguno de los dos hombres, mientras que las Fuerzas de Defensa de Israel, que también gestionan centros de detención, no respondieron a las preguntas planteadas sobre sus casos.
Una crisis de derechos humanos sin vigilancia independiente
El bloqueo informativo agrava la dimensión humanitaria del conflicto. Israel no permite el acceso independiente de periodistas internacionales a Gaza, lo que impide contrastar sobre el terreno las versiones oficiales y las denuncias de organizaciones de derechos humanos. La imposibilidad de la Cruz Roja Internacional de visitar prisiones o disponer de listados de personas retenidas convierte cada búsqueda en una carrera individualizada y lenta. Para HaMoked y el Comité Público Contra la Tortura, esta combinación de destrucción masiva, fosas bajo los escombros y opacidad en las detenciones configura una crisis de derechos humanos de largo plazo. Mientras no haya un mecanismo transparente para identificar restos, registrar desaparecidos y notificar detenciones, las familias quedarán atrapadas en un presente suspendido que puede prolongarse por meses o años, y la reconstrucción social de Gaza seguirá incompleta incluso si callan las armas.