Miércoles 4 Noviembre 2026
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Internacional: Ormuz, de arteria energética mundial a corredor fantasma tras seis meses de guerra

El 20% de los hidrocarburos y fertilizantes que se consumían en el mundo cruzaban el estrecho de Ormuz antes de la guerra; seis meses después del inicio de los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Teherán, el tráfico diario ha pasado de unos 130 barcos a menos de 20 y más de 70 buques comerciales han sido atacados, según la Federación Internacional del Transporte.

Estatua de militares iraníes frente al estrecho de Ormuz en guerra y bajo bloqueo marítimo
Una estatua que representa a militares iraníes se alza frente a la costa del estrecho de Ormuz, epicentro de la pugna entre Irán, Estados Unidos e Israel. Seis meses después del inicio de la guerra, el paso sigue militarizado y el tráfico de petroleros continúa bajo grave amenaza. (Foto: Majid Asgaripour / REUTERS)
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Bloqueos cruzados y una vía estratégica bajo fuego

El estrecho de Ormuz se ha convertido en un corredor de alto riesgo donde Irán y Estados Unidos compiten por imponer su control militar. Teherán ha reforzado el bloqueo en la parte más angosta del paso, lanza periódicamente proyectiles y drones acuáticos contra embarcaciones que no se someten a la supervisión de la Guardia Revolucionaria y exige que cada cruce reciba autorización expresa y navegue por sus aguas. Washington ha respondido reimplantando un bloqueo en el Golfo de Omán para interceptar buques con origen o destino en puertos iraníes, mientras el corredor central designado por la Organización Marítima Internacional apenas se usa por el temor a minas iraníes. La aparente tregua abierta tras el memorando de entendimiento de mediados de junio, que llegó a impulsar el tráfico por encima de 60 buques diarios, se deshizo a inicios de julio, cuando Donald Trump declaró roto el alto el fuego tras nuevos ataques iraníes a barcos, devolviendo la zona a un estado de guerra crónica.

La flota fantasma como tabla de salvación y nuevo riesgo

Para mantener el flujo de crudo, las navieras de los países del Golfo y de Europa han recurrido masivamente a tácticas de flota fantasma. Apagan o falsean el transpondedor AIS —práctica prohibida salvo en casos de riesgo extremo— y maniobran por aguas omaníes bajo protección de la Armada estadounidense. La empresa de inteligencia marítima Windward detectó esta semana siete petroleros que entraron o salieron del Golfo Pérsico con el AIS apagado, y la plataforma TankerTrackers.com contabilizó el 25 de agosto al menos 15 transferencias barco a barco en el Golfo de Omán, equivalentes a unos 25 millones de barriles de crudo y derivados. Según Dimitris Maniatis, consejero ejecutivo de la consultora Marisks, “hemos pasado de una crisis aguda a un período de riesgo prolongado” y los estados del Golfo se han vuelto “cada vez más innovadores” utilizando terminales alternativas, oleoductos y buques cisterna de enlace. El propio Maniatis subraya que la industria no considera seguro Ormuz, pero ha aprendido a operar con el riesgo como una constante más del negocio.

Ataques selectivos y un peaje humano creciente

El precio de esta adaptación es alto. El lunes, el petrolero Metro Venetian, de la naviera Metrostar propiedad del armador griego Theodore Angelopoulos, fue alcanzado por un proyectil que dañó la sala de máquinas y obligó a desviar al buque —con más de 700 000 barriles de combustible para aviones a bordo— al puerto emiratí de Fuyaira. La noche del miércoles al jueves, un petrolero kuwaití sufrió el impacto de un presunto dron acuático, que provocó un incendio posteriormente controlado. Desde el inicio de la guerra, más de 70 buques comerciales han sido atacados o alcanzados por fuego cruzado, causando la muerte de 20 marineros, de acuerdo con la Federación Internacional del Transporte, que recuerda que las tripulaciones tienen derecho a negarse a navegar en esta “zona de guerra”. Los sindicatos iraníes añaden al menos 54 marinos, estibadores y pescadores muertos por ataques de Estados Unidos e Israel en la costa de Irán, un balance que exhibe el coste humano de una guerra económica que se libra sobre todo en cubierta.

La lista negra de Irán y la presión sobre las navieras griegas y árabes

En respuesta a las nuevas sanciones del Gobierno de Estados Unidos, Irán anunció el domingo la inclusión de 45 petroleros en una “lista negra” por infringir normas iraníes, según la Autoridad Portuaria del Estrecho del Golfo Pérsico, controlada por la Guardia Revolucionaria. La mayoría pertenece a navieras privadas griegas y a empresas estatales de Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí implicadas en las transferencias barco a barco desde el Golfo Pérsico hacia el Golfo de Omán. El organismo advirtió de que “cualquier buque que participe en transferencias barco a barco con las mencionadas embarcaciones podría ser también añadido a la lista negra”, amenazando con multas, detenciones y confiscaciones. El secretario del Consejo de Seguridad de Irán, Mohsen Rezaí, fue aún más lejos al declarar que, si continúa la “guerra económica”, “ni una gota de petróleo será exportada, ni a través del estrecho de Ormuz, ni desde ningún lugar en el Golfo Pérsico” y que Teherán considerará “acto de guerra” la colaboración de cualquier país con la estrategia de presión de Washington.

Negociaciones con Omán y un futuro incierto para la principal arteria energética

Mientras los misiles y drones siguen marcando el día a día, Irán y Omán ultiman un acuerdo sobre la gestión conjunta del estrecho, previsto en el memorando de junio y en el que también participa Qatar como mediador. Según el Gobierno qatarí, la propuesta pasa por unificar de nuevo las rutas comerciales en un corredor compartido al menos de forma temporal, lo que podría reducir el recurso a tácticas encubiertas y minimizar el riesgo de incidentes. Sin embargo, la posición de Washington es una incógnita después de que Donald Trump amenazara recientemente con “masacrar a bombazos” a Omán por su papel de mediador. En este tablero volátil, el estrecho de Ormuz permanece atrapado entre bloqueos cruzados, operaciones opacas de flota fantasma y una negociación frágil cuyo desenlace marcará el futuro de la principal arteria energética del planeta.