Viernes 25 Septiembre 2026
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Estados Unidos: La nueva derecha latinoamericana se alinea con Trump en el Escudo de las Américas

Más de 220 personas muertas en ataques militares de Estados Unidos contra barcos presuntamente vinculados al narcotráfico y una coalición de 15 gobiernos alineados con Washington sirvieron de telón de fondo al explícito respaldo que presidentes de la nueva derecha latinoamericana brindaron a Donald Trump en la reunión del Escudo de las Américas celebrada el martes 22 de septiembre de 2026 en Nueva York, en paralelo a la Asamblea General de la ONU.

Donald Trump preside una reunión del Escudo de las Américas con mandatarios latinoamericanos en Nueva York.
Donald Trump encabeza en Nueva York una sesión del Escudo de las Américas junto a presidentes y altos cargos de la nueva derecha latinoamericana, en la que exhibió el alineamiento de varios gobiernos de la región con la estrategia de seguridad y poder militar de Estados Unidos frente al crimen organizado y Venezuela. (Foto: AFP via Getty Images)
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Un bloque de seguridad que se consolida alrededor de Trump

El Escudo de las Américas, creado en marzo como coalición liderada por el Gobierno de Estados Unidos contra el crimen organizado, fue el escenario donde se visualizó la sintonía política entre Trump y varios mandatarios latinoamericanos. La alianza, integrada por Estados Unidos, Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Trinidad y Tobago y, desde esta semana, Chile, aprobó una declaración de “sanciones y otras medidas” contra grupos designados como narcoterroristas por Washington. La presidenta peruana Keiko Fujimori, que se unió recientemente al bloque, aplaudió el liderazgo de Trump durante la reunión, mientras el presidente paraguayo Santiago Peña lo felicitó por lo que consideró un récord de encuentros con mandatarios del hemisferio. El propio Trump presumió ante sus aliados del “gran giro hacia la derecha” en la región y afirmó que “todos a quienes he respaldado ganaron”, citando explícitamente la victoria en Colombia de Abelardo de la Espriella, cuyo vicepresidente, José Manuel Restrepo, acudió al encuentro en Nueva York.

Bombardeos, muertos y cuestionamientos de la ONU

El respaldo de los gobiernos aliados contrastó con las graves acusaciones recogidas por Naciones Unidas sobre la estrategia de seguridad impulsada por Trump. El presidente estadounidense reivindicó ante la Asamblea General el ataque militar ordenado en enero en Venezuela para intentar arrestar a Nicolás Maduro y el posterior control de parte de las reservas petroleras de ese país, justificándolo con la frase “al vencedor le corresponde el botín”. Además, el mandatario destacó los bombardeos del Comando Sur de Estados Unidos contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, operaciones que desde el año pasado han causado más de 220 muertos sin que Washington haya presentado pruebas detalladas de los supuestos vínculos con el crimen organizado. Un informe de Ben Saul, relator especial de la ONU en derechos humanos, sostuvo que esos ataques “violan el derecho internacional” y “plausiblemente constituyen crímenes de lesa humanidad”, y advirtió que el Escudo de las Américas promueve una respuesta fuertemente centrada en la seguridad sin compromisos explícitos con los derechos humanos ni con causas estructurales como la pobreza, la corrupción o la debilidad estatal. Pese a esas críticas, Trump insistió ante sus socios: “si es necesario, usaremos nuestro poderío militar sin igual para salvaguardar los intereses nacionales vitales de EE.UU.”, y ofreció incluso “sacar” organizaciones criminales a petición de los gobiernos latinoamericanos, comentario que fue recibido con risas en la sala.

Una nueva derecha sin reparos ante el poder militar estadounidense

El giro político descrito por Trump se traduce en una nueva derecha regional, más dura que la conservadora tradicional, dispuesta a respaldar abiertamente la proyección militar de Estados Unidos. Mandatarios como la presidenta peruana Keiko Fujimori, el presidente chileno José Antonio Kast y el presidente argentino Javier Milei encarnan esa corriente, que prioriza la “mano dura” ante la delincuencia por encima de salvaguardas en derechos humanos. “La única manera de detener el crimen es siendo duro”, respondió Trump a Fujimori durante la reunión, reforzando esa narrativa. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, presentó al Escudo de las Américas como una plataforma para coordinar a nivel económico y diplomático, de modo que los países “hablen con una sola voz” en temas que los unen. El propio Milei extendió la sintonía más allá de la seguridad: en su discurso ante la Asamblea General defendió la postura de Trump contra regular la inteligencia artificial, al afirmar que esta “puede multiplicar nuestra productividad” y que Occidente debe liderar su desarrollo de acuerdo con “valores fundamentales libertarios”, enfatizando que en este punto “compartimos plenamente la visión del presidente Trump”.

Lula marca la distancia y teme una nueva injerencia

En contraste con la foto de unidad conservadora, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se consolidó como principal voz crítica latinoamericana frente a Washington. Brasil no integra el Escudo de las Américas, a pesar de que la alianza incluyó entre sus objetivos a organizaciones criminales brasileñas como Comando Vermelho y Primer Comando Capital, designadas como terroristas por Estados Unidos en mayo. El Gobierno de Brasil observó con recelo esa decisión al considerar que podría facilitar eventuales intervenciones militares estadounidenses en territorio brasileño. Ante la Asamblea General, Lula advirtió que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie” y denunció el retorno de “la injerencia externa en procesos electorales”, en alusión implícita a la contienda de octubre, en la que el derechista Flávio Bolsonaro, simpatizante de Trump, aspira a la presidencia. A juicio de Lula, la proximidad geográfica con “la mayor potencia militar del mundo” se vuelve especialmente delicada frente a lo que describió como “tentaciones hegemónicas”. Su posición refleja la persistente desconfianza que generan en sectores de la región las intervenciones directas o encubiertas de Estados Unidos, y abre un flanco de disputa sobre hasta dónde la cooperación en seguridad puede derivar en un nuevo ciclo de injerencia militar.

Recursos naturales, geopolítica y el riesgo de un frente a varias bandas

Trump no limitó su mensaje a la lucha contra el narcotráfico. También enfatizó que la “riqueza natural enorme” de los países americanos debe quedar en manos de los pueblos del hemisferio y alertó a sus socios para impedir que “potencias externas hostiles se apoderen de ella”. Con ello, el presidente estadounidense insinuó que el Escudo de las Américas podría evolucionar hacia un instrumento geopolítico más amplio, no solo militar sino también económico y diplomático, orientado a contener la influencia de otros actores globales. Para los gobiernos aliados de la nueva derecha, la promesa de cooperación y respaldo de Washington en seguridad y economía actúa como incentivo político inmediato. Sin embargo, los señalamientos del relator especial Ben Saul y las advertencias de Luiz Inácio Lula da Silva subrayan los riesgos de construir una arquitectura regional apoyada centralmente en el uso expansivo del poder militar de Estados Unidos. El futuro del Escudo de las Américas dependerá de si sus miembros incorporan salvaguardas claras en materia de derechos humanos y límites a la injerencia, o si consolidan un frente que combine la agenda de seguridad de Trump con un alineamiento político más profundo en los próximos ciclos electorales latinoamericanos.