Un monarca reformista que desarmó tradiciones centenarias
Harald V de Noruega construyó su legado sobre dos pilares: la modernización de la monarquía y una imagen de cercanía con la ciudadanía. Nacido el 21 de febrero de 1937 en la finca de Skaugum, cerca de Oslo, vivió el exilio infantil durante la invasión nazi y regresó al país tras la Segunda Guerra Mundial. Se formó en el Balliol College de Oxford entre 1960 y 1962 y se convirtió en príncipe heredero en 1957. Su gran gesto de ruptura llegó con su boda: tras nueve años de resistencia de su padre, el rey Olaf, se casó el 29 de agosto de 1968 con Sonja Haraldsen, hija de un empresario y considerada plebeya. Esa decisión abrió la puerta a que sus hijos eligieran también parejas ajenas a la realeza, cambiando de raíz el modo en que la Casa Real se vinculaba con la sociedad noruega.
Figura unificadora en las mayores crisis de Noruega
Harald V de Noruega accedió al trono el 17 de enero de 1991 tras la muerte de Olaf, después de haber ejercido como regente desde 1990. Según el historiador Ole-Jørgen Schulsrud-Hansen, su reinado impulsó una monarquía más igualitaria y transparente, especialmente en temas de finanzas y salud. Su momento más decisivo llegó en julio de 2011, cuando el neonazi Anders Breivik asesinó a ocho personas con un coche bomba en Oslo y a otras 69 en la isla de Utøya. En discursos televisados posteriores, Harald habló como “padre, abuelo, esposo y rey”, mostró emoción visible y se convirtió en símbolo de duelo nacional. En 2016 volvió a marcar la agenda al defender públicamente la diversidad religiosa, étnica y de orientación sexual, subrayando que los noruegos proceden de países como Afganistán, Pakistán, Polonia, Suecia, Somalia y Siria y que pueden creer en Dios, Alá, el universo o nada. Su activismo ambiental se expresó en su papel como fundador y presidente durante 20 años de la sección noruega del Fondo Mundial para la Naturaleza, mientras que en el deporte llegó a representar al país como regatista en tres Juegos Olímpicos, retirándose de la vela de competición en 2022.
Una Casa Real en la cuerda floja: escándalos, salud y caída de apoyo
Bajo la superficie de la popularidad de Harald V de Noruega, la institución que deja a su hijo Haakon enfrenta una erosión notable. Una encuesta para el diario Aftenposten indica que el apoyo a la monarquía cayó del 72% en 2024 al 54%, un descenso que coincide con una serie de escándalos y problemas de salud. En junio de 2026, Marius Borg Høiby, hijo de la ahora reina Mette-Marit fruto de una relación anterior, fue condenado a cuatro años de prisión por violación por jueces en Oslo, fallo que actualmente está siendo apelado. Paralelamente, documentos difundidos días antes del juicio revelaron el contacto frecuente de Mette-Marit con Jeffrey Epstein, agresor sexual ya fallecido, lo que la llevó a pedir disculpas públicas a Harald y Sonja y a admitir un grave error de juicio. Dos días después de concluido el juicio de su hijo, Mette-Marit se sometió a un trasplante de pulmón, tras años conviviendo con una rara forma de fibrosis pulmonar, dejando al nuevo rey Haakon ante el reto de una sucesión marcada por la fragilidad de la salud de su esposa y el intento de contener el daño reputacional.
El nuevo rey Haakon y el desafío de sostener la legitimidad
A la crisis asociada a Mette-Marit y Marius Borg Høiby se suman otras fuentes de tensión en la familia. La princesa Märtha Louise, hija de Harald de Noruega, renunció en la práctica a sus deberes oficiales tras críticas a sus actividades empresariales, especialmente después de su segundo matrimonio en 2024 con un estadounidense que se autodefine chamán. Analistas de medios noruegos como TV2, Nettavisen y la revista Se og Hør coinciden en que, aunque parte de la opinión pública ve a Harald como demasiado indulgente con las decisiones de sus hijos, la mayoría de las críticas se concentran en la institución y no en su figura. Ese contraste explica que, pese a la caída de apoyo a la monarquía, numerosos noruegos acudieran a depositar flores frente al palacio de Oslo en las horas previas a su muerte. Haakon, que asumió la regencia el 17 de agosto de 2026 cuando su padre fue hospitalizado por anemia hemolítica, hereda un trono rodeado de afecto hacia la figura de su padre pero con una base social más estrecha y desconfiada.
Un “rey del pueblo” ante una monarquía en revisión
Los corresponsales de realeza Tove Taalesen y Caroline Vagle, citados por medios noruegos, describen a Harald V de Noruega como “uno de los nuestros” y como un “rey del pueblo”, una percepción que se reforzó en gestos simbólicos como la invitación a la selección nacional de fútbol de Noruega al palacio tras alcanzar por primera vez los cuartos de final del Mundial. Le sobreviven su esposa, la reina Sonja, con quien estuvo casado casi 58 años; su hija Märtha Louise; su hijo Haakon; y seis nietos. La combinación de un reinado reformista y humano con una institución bajo escrutinio deja al nuevo rey ante una tarea doble: preservar la memoria de un “rey muy querido”, como lo definen historiadores noruegos, y demostrar que la monarquía puede adaptarse a un país cada vez más diverso, crítico y exigente con la transparencia, o asumir el riesgo de ver cómo ese 54% de apoyo sigue descendiendo en los próximos años.