Miércoles 4 Noviembre 2026
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Nepal: rescate “milagroso” de dos obreros tras 9 días atrapados desnuda la magnitud de la tragedia en Trishuli 3A

Dos trabajadores identificados como Sanjaya Shah y Kabir Maharjan fueron rescatados con vida de un túnel de la central hidroeléctrica Trishuli 3A, en Nepal, tras pasar 9 días atrapados por una avalancha en la frontera con Tíbet. El rescate se logró en un contexto devastador: la agencia de gestión de desastres de Nepal reporta 1 287 cuerpos recuperados y estima que 5 083 personas siguen desaparecidas en todo el país.

Rescatistas trabajan entre escombros en el túnel de la central hidroeléctrica Trishuli 3A en Nepal
Rescatistas con chalecos de alta visibilidad y cascos de colores trabajan entre rocas y barro en el acceso sepultado del túnel de la central hidroeléctrica Trishuli 3A, donde dos obreros fueron hallados con vida tras 9 días atrapados por la avalancha en la frontera entre Nepal y Tíbet. (Foto: Narendra Shrestha/EPA)
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Un rescate extremo en un paisaje borrado por el lodo

Los dos obreros fueron evacuados en helicóptero a un hospital en Katmandú con heridas en manos y piernas, que las autoridades vinculan a los esfuerzos por arrastrarse dentro del túnel. Un tercer cuerpo fue hallado en la misma estructura, pero, según Suresh Raut, subgerente de la Autoridad de Electricidad de Nepal, “el cuerpo encontrado en el interior del túnel está hinchado y no ha podido ser identificado” y, a su juicio, la víctima habría muerto atrapada por la inundación al intentar escapar. Al menos otras 39 personas siguen dentro del túnel, de acuerdo con los equipos de emergencia, y se teme que más de 150 trabajadores continúen atrapados en otras instalaciones hidroeléctricas de Nepal golpeadas por la misma crecida repentina.

Buscar primero la puerta del túnel, luego a los sobrevivientes

La violencia de la inundación fue tal que borró del mapa la entrada original a la central. Arnold Dix, presidente de la Asociación Internacional de Túneles y Espacios Subterráneos y asesor de la operación, afirma que “nunca había participado en una operación de rescate en la que hubiera que buscar la entrada de un túnel que antes estaba en la superficie y que ahora se encuentra enterrada”. Con antiguos mapas topográficos, imágenes satelitales, grabaciones aéreas y referencias como postes eléctricos, el equipo trianguló el punto de acceso antes de excavar. Una vez localizada la boca del túnel, se enfrentaron a una galería completamente bloqueada por barro y rocas de tamaño similar a automóviles, obligando al uso de explosivos controlados, algo que Dix reconoce que “normalmente nunca” se hace por el riesgo de matar a atrapados y a rescatistas.

Ingeniería de emergencia y riesgo de agua por ambos extremos

La operación combinó excavadoras, bombas y un delicado manejo de cargas explosivas a cargo del ejército nepalí, al que Dix atribuyó “un trabajo maravilloso” al evitar la desestabilización del túnel. Los rescatistas abrieron zanjas hacia el río para drenar el agua acumulada y luego excavaron un paso mínimo, “un túnel diminuto del tamaño de una persona”, aprovechando el techo original de la galería para reducir el peligro de nuevos colapsos. A pesar del avance —unos 60 metros desde la entrada, según Dix—, el equipo aún debe abrir alrededor de 150 metros más hasta la central ubicada en el interior de la montaña. El experto advierte que “más adelante, incluso ahora, podríamos encontrarnos con agua que ahogaría a las personas que excavan túneles” y que también existe “el riesgo de otra inundación fuera, así que el agua podría venir por detrás”, lo que expone a los rescatistas a la amenaza de agua desde ambos extremos.

La “zona Ricitos de Oro” y la carrera por hallar más vidas

El hallazgo de Shah y Maharjan ocurrió de madrugada, cuando los equipos creyeron oír voces al otro lado de los escombros. Según reportes locales, los rescatistas gritaron “no te preocupes, estamos aquí para rescatarte” y desde el interior llegó una débil respuesta: “vale”. Para Dix, el resultado es “como una sucesión de milagros” que renueva la confianza en una estrategia inédita y orienta la excavación hacia lo que denomina la “zona de Ricitos de Oro”, una planta superior de la central donde podría haber un espacio todavía habitable. Esa área, describe, sería “más amigable con la vida” si el lodo y las rocas no la alcanzaron, lo que daría margen a localizar más sobrevivientes antes de que se agote el tiempo.

Familias al límite y un Estado que promete no detener el rescate

Mientras la ingeniería de emergencia se despliega bajo la montaña, el drama humano se concentra en Katmandú. Hirashova, esposa de Kabir Maharjan, contó al servicio nepalí de la BBC que se enteró del rescate por redes sociales: “vi las fotos en Facebook. Me alegré muchísimo. Lo están llevando al hospital del ejército en Katmandú. Me dirijo al hospital”. Relató que “durante 10 días no pudimos comer ni beber adecuadamente. Estábamos muy asustados. Ahora todos estamos felices. Incluso estamos llorando”. Desde el gobierno, el ministro de Comunicaciones de Nepal, Bikram Timilsina, aseguró que “estamos a la espera de que se rescate a más personas” y expresó en una publicación que envía “un agradecimiento sincero a todos los que trabajaron incansablemente, día y noche, para rescatar con vida a dos personas” y que “se están realizando esfuerzos y oraciones para rescatar a más sobrevivientes”. Con miles de muertos y desaparecidos y decenas de trabajadores aún bajo tierra, las autoridades enfrentan ahora el reto de sostener operaciones de alto riesgo durante días, quizá semanas, mientras intentan transformar esta “sucesión de milagros” puntuales en una política de rescate sistemática en todo el corredor hidroeléctrico del Himalaya nepalí.