Élite del exilio diseña el “día después” de la revolución
En una mansión con vista a la bahía de Biscayne, la Cámara Nacional de Comercio Cubanoamericana congregó a influyentes apellidos del exilio para discutir cómo intervenir en una eventual transición política en la isla. Según Juan Omar Sixto, “el objetivo es estar en Cuba una vez que caiga el régimen”, combinando envío de ayuda humanitaria con la apertura inmediata de negocios. La organización afirma tener avanzada una propuesta para una Bolsa de Valores cubana y varios comités temáticos, desde infraestructura energética hasta seguridad alimentaria, todos concebidos para un escenario poscomunista que en Miami se percibe cercano pese a la falta de señales claras de ruptura interna en La Habana.
Reformas en La Habana y escepticismo a ambos lados del estrecho
Mientras en la diáspora se traza una hoja de ruta privada, el gobierno de Cuba anunció 176 medidas de liberalización económica que, en palabras de Miguel Díaz-Canel, buscan “promover la defensa del socialismo, apoyar y ampliar la justicia social”. Las reformas permiten, entre otros cambios, contratar y despedir directamente empleados, eliminar el tope al número de trabajadores en empresas privadas y autorizar la propiedad simultánea de múltiples negocios, incluso para cubanoestadounidenses. Sin embargo, asistentes a la reunión de la Cámara Nacional de Comercio Cubanoamericana las consideran insuficientes y sin garantías sólidas para invertir mientras se mantenga el actual sistema político. Juan Omar Sixto sostiene que no pondrá un pie en la isla bajo el gobierno vigente, reforzando la idea de que el capital del exilio solo se movilizará si hay un cambio de poder.
Apagones, petróleo y el alcance real de la presión de Washington
La planificación empresarial ocurre mientras Cuba atraviesa uno de sus momentos más delicados en décadas. El suministro de petróleo a la isla, según se describe, está prácticamente interrumpido desde enero y el país sufrió recientemente su sexto apagón nacional del año. El profesor asociado de Historia de la Universidad de Miami, Mike Bustamante, cuestiona que exista una coyuntura inmediata para el “día después” que se comenta en Florida. A su juicio, pese al “goteo constante de sanciones” impulsadas por el gobierno de Estados Unidos, la presión no se ha traducido en un punto de inflexión político en la isla, aunque sí ha endurecido la vida cotidiana con escasez de alimentos, combustible y medicinas. Reparar la deteriorada red eléctrica, por ejemplo, se estima requeriría entre US$8 000 y US$10 000 millones antes incluso de pensar en relanzar sectores como la agricultura o el turismo.
Tierras expropiadas, memoria de clase y nuevas ambiciones
Una de las piezas centrales en los planes de la diáspora es la cuestión de la propiedad. Juan Omar Sixto relata que su familia perdió cinco inmuebles y una finca en Pinar del Río tras las nacionalizaciones posteriores a 1959. No asegura que pretenda desalojar a actuales ocupantes, pero exige algún tipo de compensación: “Quiero una compensación o indemnización. Aunque me den solo una pequeña parte, la aceptaré. Es justicia moral”, sostiene. El gobierno cubano ha presentado históricamente estas reclamaciones como intento de restaurar una antigua élite terrateniente que se benefició de sistemas de servidumbre y esclavitud abolidos tardíamente en la isla. Desde el exilio, otros actores buscan un reposicionamiento económico. Nicolás Gutiérrez, presidente de la Asociación Nacional de Propietarios de Ingenios Azucareros de Cuba, afirma que “la mayoría de nuestros ingenios azucareros han sido desmantelados, pero recuperaremos esas tierras y las pondremos en producción”, no necesariamente con caña, sino posiblemente en etanol, cogeneración o energías renovables, con el objetivo declarado de pagar salarios “justos” y dinamizar la economía local.
Inversión extranjera, desconfianza interna y una isla al límite
El experto agrícola cubanoestadounidense Hugo Orizondo describe a Cuba como “un agujero negro” informativo, pero insiste en su potencial productivo. Reconoce la desconfianza que generan los inversores externos en torno a las tierras cultivables, aunque defiende que “cuando llegan los inversores, traen consigo dinero y tecnología”, factores que considera imprescindibles para que la isla logre alimentar a su población y reducir la dependencia de importaciones. Mientras tanto, voces oficiales en La Habana no se han pronunciado sobre la Cámara Nacional de Comercio Cubanoamericana, pero sectores revolucionarios suelen rechazar estos foros del exilio como intentos de tutelar el futuro del país desde Miami. La brecha entre los planes trazados en mansiones frente a la bahía y la realidad de los apagones masivos evidencia un choque de tiempos y prioridades: mientras un grupo de empresarios apuesta por un vuelco político que aún no llega, la mayoría de los cubanos dentro de la isla se limita a esperar, con urgencia, que su vida diaria mejore aunque sea un poco.